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Tema para meditar
Se fueron…

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Lo que casi todos por naturaleza deseamos es ser longevos y finalizar nuestra vida como me cuentan le sucedió a mi abuelo paterno, que falleció a los ciento cuatro años de la forma en que creo casi todos deseamos morir, acostarse una noche tranquilo y no volverse a levantar.

La primera vez que visité Frankfurt fui a un museo de ciencias y ahí observé una máquina contadora que me impactó muchísimo y que siempre que sucede algo relacionado con el fallecimiento de personas, sin quererlo, de nuevo me viene a la mente. Eran tres grandes contadores luminosos de nueve cifras, que cambiaban el número cada segundo: uno crecía cada segundo en cinco unidades, el otro restaba tres y el tercero mostraba la diferencia. Se referían al número de habitantes que vivimos en la tierra, según las estadísticas de aquel momento, cuando la relación de crecimiento de los habitantes de la tierra era de dos personas por segundo.

En estos momentos, este ratio es diferente por los efectos del crecimiento exponencial de la población en los países subdesarrollados y el decrecimiento, también exponencial de nacimientos, en los países desarrollados. Por ejemplo, en esos años eran bien vistas en España las familias numerosas e incluso había un premio anual para los que batían los récord de 15 ó 18 hijos por familia. Ahora, sin embargo, en España, la natalidad ha bajado a un promedio de un niño por familia.

Pues bien… Lo positivo que se me ocurrió cuando estaba frente a los contadores fue pensar cuál sería el número que marcaba ese contador en el momento en que yo nací, pero de inmediato me vino también al pensamiento sobre cuál será el número de habitantes en la Tierra en el momento en que yo muera.

La verdad es que, independientemente de que a la muerte siempre le he tenido miedo, a partir de este momento ya no tanto, pues entendí que como habitante de la Tierra, sencillamente cada uno de nosotros es uno más que en un momento hizo que el número creciera y en su momento hará que ese número decrezca…

Años más tarde vi la película “Forrest Gump”, en la que hay una escena en que la madre, muy enferma, lo llama para explicarle lo que pronto sucederá, y él le pregunta a ella qué puede hacer él. Según recuerdo, ella le contesta que sólo esperar y que no hay que preocuparse, pues la muerte es una fase del proceso de la vida y que todos, así como en un determinado momento nacemos, también hay en la vida de cada uno un momento en que ésta llega a su final. Así, pues, la muerte es un fenómeno natural que como tal debemos entender y aceptar.

La muerte llega o nos sorprende por diferentes razones: accidentes, conflictos bélicos, agresiones de otros seres humanos, enfermedades y también por el efecto de la propia naturaleza en las personas que viven muchos años, que una buena mañana después de haberse acostado tranquilos, cumplidos los noventa y cinco o incluso más de cien años, amanecen sin vida.

Esta semana El Salvador está de duelo, y la conversación inevitable con casi todas las personas con que he hablado ha sido el fallecimiento del Sr. Archie Baldocchi o de don Archie, como lo llamaba la gente que le conoció y le trató de cerca. Los periódicos, la radio y la televisión nos han explicado sobre su desarrollo profesional, los cargos importantes que desempeñó y otras preocupaciones en relación con fundaciones y obras para la promoción y ayuda a la protección del medio ambiente, la reforestación y otros temas de interés para la sociedad y el país.

Yo sólo tuve la oportunidad de conversar con él en su oficina durante media hora hace un par de años, con motivo de una presentación sobre un tema muy puntual y profesional, y la impresión que me quedó en el recuerdo fue la de un hombre impecablemente vestido, puntual, muy educado, que al escuchar atentamente me permitió explicarle punto por punto cada una de las cuestiones que preguntó. Y terminada nuestra reunión, amablemente nos despedimos. Seguramente, es la impresión que tienen todas las personas que por alguna razón se relacionaron con él…

Pero también en esta semana se han ido otras personas que eran parientes de los lectores, amigos o amigos de las personas que conocemos. A ellos también, independientemente de la dimensión de lo que hicieron por su familia, su trabajo, su empresa o lo que aportaron al país, es importante tenerlas en el pensamiento y desearles un buen camino en lo que sigue como parte del proceso de la vida después de la muerte.

El fallecimiento, la muerte, nos vendrá a cada uno en su momento, lo que no sabemos, y yo creo que es mejor así, es exactamente en el segundo que vendrá.
Lo que casi todos por naturaleza deseamos es ser longevos y finalizar nuestra vida como me cuentan le sucedió a mi abuelo paterno, que falleció a los ciento cuatro años de la forma en que creo casi todos deseamos morir, acostarse una noche tranquilo, sin dolor ni sufrimiento y no volverse a levantar.

La muerte, así lo entiendo yo, no nos debe causar miedo, sino quizás preocupación de que las cosas que estamos haciendo y que son buenas haya alguien que las continúe. ¿Cuándo será ese momento para usted y para mí?, nadie lo sabe. Lo mejor es que cuide su salud y no deje de empezar nuevos proyectos por su edad o su estado de salud, de la que si en estos momento está mal, tiene que procurar recuperarse pronto.
Cuídese, cuide su salud y cuide la salud de su familia.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

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