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Tema para meditar
Se fueron
Lo
que casi todos por naturaleza deseamos es ser longevos y finalizar
nuestra vida como me cuentan le sucedió a mi abuelo paterno,
que falleció a los ciento cuatro años de la forma
en que creo casi todos deseamos morir, acostarse una noche tranquilo
y no volverse a levantar.
La primera vez que visité Frankfurt fui a un museo de ciencias
y ahí observé una máquina contadora que me
impactó muchísimo y que siempre que sucede algo relacionado
con el fallecimiento de personas, sin quererlo, de nuevo me viene
a la mente. Eran tres grandes contadores luminosos de nueve cifras,
que cambiaban el número cada segundo: uno crecía cada
segundo en cinco unidades, el otro restaba tres y el tercero mostraba
la diferencia. Se referían al número de habitantes
que vivimos en la tierra, según las estadísticas de
aquel momento, cuando la relación de crecimiento de los habitantes
de la tierra era de dos personas por segundo.
En estos momentos, este ratio es diferente por los efectos del crecimiento
exponencial de la población en los países subdesarrollados
y el decrecimiento, también exponencial de nacimientos, en
los países desarrollados. Por ejemplo, en esos años
eran bien vistas en España las familias numerosas e incluso
había un premio anual para los que batían los récord
de 15 ó 18 hijos por familia. Ahora, sin embargo, en España,
la natalidad ha bajado a un promedio de un niño por familia.
Pues bien
Lo positivo que se me ocurrió cuando estaba
frente a los contadores fue pensar cuál sería el número
que marcaba ese contador en el momento en que yo nací, pero
de inmediato me vino también al pensamiento sobre cuál
será el número de habitantes en la Tierra en el momento
en que yo muera.
La verdad es que, independientemente de que a la muerte siempre
le he tenido miedo, a partir de este momento ya no tanto, pues entendí
que como habitante de la Tierra, sencillamente cada uno de nosotros
es uno más que en un momento hizo que el número creciera
y en su momento hará que ese número decrezca
Años más tarde vi la película Forrest
Gump, en la que hay una escena en que la madre, muy enferma,
lo llama para explicarle lo que pronto sucederá, y él
le pregunta a ella qué puede hacer él. Según
recuerdo, ella le contesta que sólo esperar y que no hay
que preocuparse, pues la muerte es una fase del proceso de la vida
y que todos, así como en un determinado momento nacemos,
también hay en la vida de cada uno un momento en que ésta
llega a su final. Así, pues, la muerte es un fenómeno
natural que como tal debemos entender y aceptar.
La muerte llega o nos sorprende por diferentes razones: accidentes,
conflictos bélicos, agresiones de otros seres humanos, enfermedades
y también por el efecto de la propia naturaleza en las personas
que viven muchos años, que una buena mañana después
de haberse acostado tranquilos, cumplidos los noventa y cinco o
incluso más de cien años, amanecen sin vida.
Esta semana El Salvador está de duelo, y la conversación
inevitable con casi todas las personas con que he hablado ha sido
el fallecimiento del Sr. Archie Baldocchi o de don Archie, como
lo llamaba la gente que le conoció y le trató de cerca.
Los periódicos, la radio y la televisión nos han explicado
sobre su desarrollo profesional, los cargos importantes que desempeñó
y otras preocupaciones en relación con fundaciones y obras
para la promoción y ayuda a la protección del medio
ambiente, la reforestación y otros temas de interés
para la sociedad y el país.
Yo sólo tuve la oportunidad de conversar con él en
su oficina durante media hora hace un par de años, con motivo
de una presentación sobre un tema muy puntual y profesional,
y la impresión que me quedó en el recuerdo fue la
de un hombre impecablemente vestido, puntual, muy educado, que al
escuchar atentamente me permitió explicarle punto por punto
cada una de las cuestiones que preguntó. Y terminada nuestra
reunión, amablemente nos despedimos. Seguramente, es la impresión
que tienen todas las personas que por alguna razón se relacionaron
con él
Pero también en esta semana se han ido otras personas que
eran parientes de los lectores, amigos o amigos de las personas
que conocemos. A ellos también, independientemente de la
dimensión de lo que hicieron por su familia, su trabajo,
su empresa o lo que aportaron al país, es importante tenerlas
en el pensamiento y desearles un buen camino en lo que sigue como
parte del proceso de la vida después de la muerte.
El fallecimiento, la muerte, nos vendrá a cada uno en su
momento, lo que no sabemos, y yo creo que es mejor así, es
exactamente en el segundo que vendrá.
Lo que casi todos por naturaleza deseamos es ser longevos y finalizar
nuestra vida como me cuentan le sucedió a mi abuelo paterno,
que falleció a los ciento cuatro años de la forma
en que creo casi todos deseamos morir, acostarse una noche tranquilo,
sin dolor ni sufrimiento y no volverse a levantar.
La muerte, así lo entiendo yo, no nos debe causar miedo,
sino quizás preocupación de que las cosas que estamos
haciendo y que son buenas haya alguien que las continúe.
¿Cuándo será ese momento para usted y para
mí?, nadie lo sabe. Lo mejor es que cuide su salud y no deje
de empezar nuevos proyectos por su edad o su estado de salud, de
la que si en estos momento está mal, tiene que procurar recuperarse
pronto.
Cuídese, cuide su salud y cuide la salud de su familia.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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