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Orientaciones
familiares
Cómo detectar el abuso sexual
En la anterior columna mencionamos algunos de los síntomas
emocionales que acompañan a un abuso sexual infantil.
A esas características conviene que añadamos otras
que van más allá de las expresiones emocionales pero
que sumadas a ellas pueden ofrecer una mejor referencia para detectar
este tipo de problema.
El descubrimiento de moretes, heridas o mordidas en diferentes partes
del cuerpo puede ser una señal indicadora del abuso que una
criatura puede estar sufriendo. Esta sospecha se refuerza cuando
también se descubre enrojecimiento, laceraciones o incluso
sangrado en los genitales. Otros síntomas son trastornos
del sueño, insomnio, pesadillas recurrentes e incontinencia
urinaria.
No en todos los casos de abuso sexual infantil pueden descubrirse
señales físicas. El abuso sexual no es solamente la
violación propiamente dicha. Algunos abusadores se limitan
a cierto tipo de caricias o juegos sexuales buco-genitales que,
normalmente, no dejan huellas en el cuerpo de los menores. En estos
casos es un poco más difícil descubrir el problema.
Pero si se observa atentamente a cambios que pueden producirse en
la conducta, ellos pueden llegar a convertirse en una buena señal
de alerta.
En algunas ocasiones puede producirse una fuga del hogar sin aparente
explicación. Esta conducta, obviamente, obedece a un deseo
de escapar. Pero, en otros casos, ocurre lo contrario. No pudiendo
el niño o la niña expresar su situación y queriendo
que la misma se vuelva obvia, puede recurrir a exponerse deliberadamente
a abusos.
La criatura abusada busca el contacto íntimo con otros. Algunas
veces con el abusador inicial. Esto lo hace no porque le agrade,
como normalmente interpreta el abusador, sino porque espera que
de esa manera la situación se descubra y pueda así
lograr una afirmación de su persona.
En todo esto el niño sufre intensamente, pues, se somete
a situaciones contrarias a su voluntad con la esperanza de poder
así librarse de las mismas.
El desarrollo de conductas de seducción o promiscuidad son
dolorosamente adoptadas con el fin de probarse a sí mismos
que tienen valor para los demás y que son queridos.
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