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Comentario de la semana
Patriota, caballero
Que
tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil.
-Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor.
San Josemaría Escrivá
Camino, 1, carácter
Washington D.C., 1990.
Terrible era la situación para nuestro país, desde
el punto de vista político, en la capital de Estados Unidos.
La ofensiva hasta el tope de noviembre de 1989, a cinco
meses de iniciado el nuevo gobierno, dejó como único
resultado dentro del establishment estadounidense la
muerte de los sacerdotes jesuitas. El incipiente proceso de paz
había sido descarrilado.
Ése era el contexto en el cual tuve la dicha de conocer a
Archie Baldocchi.
Formaba él parte de un selecto grupo de amigos del presidente
Alfredo Cristiani, todos de cuarenta y pico años de edad,
que se habían dado a la tarea de recolectar fondos para reforzar
a la entonces débil misión diplomática de El
Salvador en Washington D.C.
No era Archie el más protagónico.
Sin embargo, recuerdo, a pesar de la inexperiencia y la falta de
sofisticación que tenía -era tan sólo un junior
y ellos la elite empresarial-, las intervenciones de Archie en las
mesas de trabajo: precisas y certeras.
Una década menor que ellos, de todos he recibido trato cordial
desde aquellos tiempos. Pero desde un primer instante me impactó
la sencillez y la humildad de la cual hizo siempre gala Archie Baldocchi.
Y digo siempre, porque durante los 13 años transcurridos
desde entonces, el correr del tiempo no hizo más que solidificar
las iniciales percepciones. Lo digo por la calidez de la relación
que, aunque a distancia, mantuvo siempre conmigo. Lo digo por lo
que han expresado sus amigos cercanos, también quienes trabajaban
con él y lo que han manifestado quienes le brindaron dirección
espiritual.
El país entero está de duelo.
La última conversación que tuve con él fue
el 25 de diciembre, a las once de la mañana. Al salir de
una sesión de ejercicio lo encontré en una solitaria
-ese día- plaza comercial. Por estar presente ya la enfermedad,
platicamos sobre el tratamiento que iniciaría. Éste
lo iba a mantener fuera del país por un par de meses, pero
volvería -como en efecto hizo- cuando ARENA lo requiriera,
iba a estar de regreso justo antes de las elecciones. Le dije que
lo íbamos a encomendar.
En el seno del Señor
Durante la homilía del lunes, previa a su funeral, contó
el sacerdote que la noche antes de partir hacia Estados Unidos,
le dijo Archie: Padre, siento que Dios me pone la barda más
alta cada día. Pero, inmediatamente después,
le manifestó estar ya listo para hacer lo que fuera su voluntad.
Tremendo temple mostró Archie Baldocchi por la forma como
sobrellevó su enfermedad. Lo hizo con su habitual sencillez
y con muchísima dignidad. Siendo el cáncer una enfermedad
brutal, quienes por designio divino hemos sobrevivido a ella sentimos
en nuestras almas la necesidad de ayudar a todo ser humano que la
contraiga. La solidaridad y la oración se vuelven inmediatas.
No queriendo ser malinterpretado, le puse a Archie una discreta
llamada, luego que renunciara a la presidencia del COENA. El contacto
visual que tuvimos, precisamente en el lugar donde se pronunció
la mencionada homilía, confirmó en mí que recibió
el mensaje que intenté transmitirle.
Tuve la dicha de seguirlo observando a distancia, casi domingo a
domingo, y vaya coraje el que mostró. Era evidente que estaba
desprendido y que había paz, mucha paz en él. Además
de patriota y auténtico caballero, era todo un tipazo Archie.
Cristiana resignación para su familia, amigos personales,
ejecutivos y trabajadores de sus empresas y propiedades agrícolas.
Él se encuentra ya con bien en la vida eterna, que es la
que realmente vale.
El Salvador entero debe saber que fue tremendamente útil
su vida. -Dejó poso. -Y que no nos quepa duda de que desde
el seno del Señor buscará continuar impulsando a nuestro
querido país.
¡Que descanses en paz, campeón!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de
Hoy.
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