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Opinando
El debut de Natalia
No
debemos quedarnos de brazos cruzados ante los cientos de Natalias
que ocultan su infancia tras una gruesa capa de maquillaje y las
tenues luces que se vuelven cómplices del anonimato en los
burdeles.
La oscuridad y la inmundicia que reinaban en el lupanar le provocaron
una oleada de asco y miedo. Por más que intentaba cubrirse
con disimulo la nariz, no podía evitar el repugnante tufo
a orines, cerveza descompuesta y vómito; tampoco su espíritu
lograba aquietarse ante la presencia de los demonios de perdición
que pululaban en aquel antro.
El cuartucho al que la condujo la mujer mandona no era mejor, cuatro
sucias y descascaradas paredes, tapizadas de leyendas y dibujos
obscenos, apenas visibles bajo la mortecina luz del foco rojo; un
catre desvencijado y chillón, harto de cargar con tanta lujuria,
y una mesita de noche que compartían el rollo de papel higiénico
y un huacal metálico, lleno hasta la mitad con agua asquerosa.
El hombre que entró después sin saludar y lanzando
un escupitajo en el piso estaba viejo, borracho y con el aliento
rancio. Trastabillando se bajó el pantalón y, sin
misericordia, se hundió en su cuerpo, que de esta forma salvaje
y con el dolor que acompañó al hilillo de sangre que
brotó entre sus piernas, conoció lo que en las telenovelas
llamaban hacer el amor.
Natalia era sólo una niña de apenas 13 años,
una debutante en el humillante y descorazonado mundo de la prostitución
infantil.
Si alguien piensa que esto no ocurre tan a menudo, se sorprenderá
al saber que casi la mitad de nuestros menores son abusados sexualmente.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reporta
que de los 200 millones de niños, niñas y adolescentes
que viven en América Latina y el Caribe, cerca de 100 millones
padecen algún grado de pobreza, y más de 20 millones
son trabajadores, una situación que los convierte en sujetos
fáciles de la explotación sexual.
El Ministerio de Salud de nuestro país ha confirmado que
hay centenares de menores con sida. La mayoría tiene entre
15 y 19 años, por que pudieron ser contagiados entre los
9 y 14 años. Casi todos quedaron infectados como resultado
de abusos sexuales.
Una investigación de Rocío Rodríguez García,
Turismo sexual en México y Centroamérica,
publicado por Casa Alianza, asegura que en Internet hay una
cantidad importante de páginas que promueven el turismo sexual
en México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y
Costa Rica.
Fue necesario que salieran a la luz pública los escándalos
de un pornoabogado y un empresario suicida para que nuestra sociedad
se fijara, momentáneamente, en el inmenso comercio sexual
que se da en nuestras narices y que tiene en los menores un blanco
predilecto.
Desde entonces, las autoridades han realizado medio centenar de
allanamientos a centros de tolerancia, de los que han rescatado
a unos 80 menores en situación de explotación sexual.
Pero como dice el abogado Kirio Waldo Salgado, la persecución
se da sólo en los estratos inferiores. No se va a lugares
muy conocidos, donde acuden los poderosos.
También se ha emprendido una campaña no oficial de
moralización, sacando de la calle a las prostitutas y homosexuales,
quienes ahora temen por una escalada de violencia en su contra,
que en el pasado cobró la vida de varios trabajadores del
sexo.
Se trata, en todo caso, de medidas que no van a la raíz del
problema: la pobreza, la desintegración familiar, la falta
de espiritualidad, la corrupción, el machismo, el afán
de lucrarse a cualquier costo.
No debemos quedarnos de brazos cruzados ante los cientos de Natalias
que siguen ocultando su infancia tras una gruesa capa de maquillaje
y las tenues luces que se vuelven cómplices del anonimato
en los burdeles, obligadas a sacrificar su inocencia a causa de
la pobreza o por los explotadores que han hallado en el comercio
sexual una verdadera mina de oro.
Esperemos que cada quien aporte la porción que le corresponde
en la construcción de una sociedad más íntegra.
Como funcionarios, políticos, autoridades y, sobre todo,
individuos, tenemos la obligación de evaluar y fortalecer
nuestros valores, de educar a nuestros hijos bajo una sana moral,
abandonando el espíritu de condenación y tendiendo
la mano al necesitado.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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