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Breve análisis
Rusia en su nueva diplomacia

Carmen María Gallardo de Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El arte diplomático de Putin parece consistir en sembrar dudas acerca de cuáles son sus intenciones en las relaciones internacionales.

Las relaciones internacionales atraviesan un proceso de análisis integral por parte de las cancillerías. Afloran nuevas motivaciones detrás de las estrategias diplomáticas de determinados países. Elementos de carácter cultural, económico y de seguridad determinan las estrategias diplomáticas actuales.

En el caso de Rusia, el instinto político de Vladimir Putin le ha permitido manejarse con cierta habilidad, tanto en el plano interno como externo. A través de su actuación en el plano internacional, vemos cómo se esfuerza por no dejar en el olvido lo que fue la superpotencia de la ex URSS. Su aspiración para figurar entre los líderes mundiales lo lleva a actuar en forma astuta y hasta despiadada cuando se le presentan escollos indeseables. Desde que ascendió al poder en el 2000 ha logrado delinear una política exterior con estilo propio, orientando las relaciones internacionales de Rusia hacia el Occidente, lo cual no ha dejado de causar cierta oposición por parte del Ejército ruso.

Demarcándose de la postura tradicional de Rusia con respecto a la OTAN, el presidente Putin aceptó la ampliación de la organización, pese a que implicó colocar al antiguo enemigo de la ex Unión Soviética cerca de sus actuales fronteras. Permitió, asimismo, la instalación de tropas norteamericanas en Asia Central, al interior del territorio ruso. Estas fueron enviadas a Georgia -antigua República soviética, cuya independencia los rusos adversaron fuertemente-. No obstante, los sectores más recalcitrantes en cuanto al tema de seguridad no terminan de aceptar el hecho de que la ampliación de la OTAN se extiende hasta territorios que formaron parte del Pacto de Varsovia.

En el momento en que EE.UU. le declaran la guerra a Iraq, las cosas se tornan un tanto difíciles para Putin frente a su amigo George Bush.
Hábilmente, Putin optó por apoyar la postura del presidente francés Jacques Chirac, planteando incluso la posibilidad de un veto en el seno del Consejo de Seguridad. Para Rusia, el unilateralismo de EE.UU. no deja de constituir cierta amenaza. Sin embargo, a Rusia no le conviene dejar interrumpido su diálogo diplomático con la principal potencia militar mundial. Por cuanto, se entiende que Putin aceptó la invitación que le hiciera el presidente Bush a su rancho de Texas.

Los nuevos canales de la diplomacia rusa han culminado en estos días en una visita de Estado ante su majestad Isabel de Inglaterra. La visita de un jefe de Estado ruso a Gran Bretaña no había sucedido desde 1874.

El presidente Putin lleva años resistiéndose a diversas presiones para que abandone sus contratos de suministro de petróleo con Irán, país considerado por EE.UU. como integrante del “Eje del mal”.

El arte diplomático de Putin parece consistir en sembrar dudas acerca de cuáles son sus verdaderas intenciones en las relaciones internacionales. Sería erróneo pensar que Irán representa un real interés para Rusia únicamente en términos económicos. Las exportaciones de sustancias nucleares son importantes para Putin, ya que le permiten a Rusia gozar de cierta autonomía y lo convierten en país estratégico en el mundo, en el abastecimiento de gas y petróleo.

Mediante la producción de petróleo para fines nucleares y su transferencia de conocimiento tecnológico, Rusia es de hecho un país estratégico en el equilibrio de la seguridad mundial.
Irán es, además, un socio regional de talla, aliado en contra de los talibanes en Afganistán y férreo opositor de los musulmanes suniita, que promueven el movimiento fundamentalista en el Cáucaso.

Las manifestaciones de acercamiento hacia EE.UU. y cierta dificultad para dialogar con la nueva Europa, no dejan de dificultar una comprensión clara del rumbo hacia el cual Rusia desea orientar sus relaciones diplomáticas. EE.UU. sigue siendo el único interlocutor válido en el mundo para Rusia. Por tanto, la reciente presencia de Putin en la Casa Blanca no debe sorprender. En cuanto a lo que la Unión Europea decida acerca de una capacidad de defensa única o bien con respecto de Irán, no parece tener mayor impacto para la estrategia diplomática rusa.

Ante la dificultad de entender cuáles son las verdaderas motivaciones diplomáticas por parte del presidente Putin, tanto EE.UU. como la Unión Europea parecen resignarse a hacerlo partícipe de los encuentros mundiales, aunque no lo consideren un socio fiable. Se le reconoce haber puesto orden en los asuntos políticos y económicos de Rusia, después de la salida de Yeltsin.
No obstante movida por diversos intereses, la comunidad internacional sigue presenciando los terribles abusos a los derechos humanos en Chechenia. Ante el temor de un veto ruso en el Consejo de Seguridad, EE.UU. ha optado por “dejar hacer, dejar pasar”.

Francia y Gran Bretaña, países que han tenido posturas muy diferentes en cuanto a la guerra en Iraq, han buscado diversos medios diplomáticos para acercarse a Putin. Es el dirigente de un país grande, pero débil en términos militares y económicos, no obstante está a la cabeza del país que puede convertirse en el principal productor y distribuidor de armas de destrucción masiva. Ante semejante amenaza, EE.UU. y UE saben que hay que aprender a convivir con las nuevas estrategias diplomáticas de Rusia.

* Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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