| |

Breve análisis
Rusia en su nueva diplomacia
El
arte diplomático de Putin parece consistir en sembrar dudas
acerca de cuáles son sus intenciones en las relaciones internacionales.
Las relaciones internacionales atraviesan un proceso de análisis
integral por parte de las cancillerías. Afloran nuevas motivaciones
detrás de las estrategias diplomáticas de determinados
países. Elementos de carácter cultural, económico
y de seguridad determinan las estrategias diplomáticas actuales.
En el caso de Rusia, el instinto político de Vladimir Putin
le ha permitido manejarse con cierta habilidad, tanto en el plano
interno como externo. A través de su actuación en
el plano internacional, vemos cómo se esfuerza por no dejar
en el olvido lo que fue la superpotencia de la ex URSS. Su aspiración
para figurar entre los líderes mundiales lo lleva a actuar
en forma astuta y hasta despiadada cuando se le presentan escollos
indeseables. Desde que ascendió al poder en el 2000 ha logrado
delinear una política exterior con estilo propio, orientando
las relaciones internacionales de Rusia hacia el Occidente, lo cual
no ha dejado de causar cierta oposición por parte del Ejército
ruso.
Demarcándose de la postura tradicional de Rusia con respecto
a la OTAN, el presidente Putin aceptó la ampliación
de la organización, pese a que implicó colocar al
antiguo enemigo de la ex Unión Soviética cerca de
sus actuales fronteras. Permitió, asimismo, la instalación
de tropas norteamericanas en Asia Central, al interior del territorio
ruso. Estas fueron enviadas a Georgia -antigua República
soviética, cuya independencia los rusos adversaron fuertemente-.
No obstante, los sectores más recalcitrantes en cuanto al
tema de seguridad no terminan de aceptar el hecho de que la ampliación
de la OTAN se extiende hasta territorios que formaron parte del
Pacto de Varsovia.
En el momento en que EE.UU. le declaran la guerra a Iraq, las cosas
se tornan un tanto difíciles para Putin frente a su amigo
George Bush.
Hábilmente, Putin optó por apoyar la postura del presidente
francés Jacques Chirac, planteando incluso la posibilidad
de un veto en el seno del Consejo de Seguridad. Para Rusia, el unilateralismo
de EE.UU. no deja de constituir cierta amenaza. Sin embargo, a Rusia
no le conviene dejar interrumpido su diálogo diplomático
con la principal potencia militar mundial. Por cuanto, se entiende
que Putin aceptó la invitación que le hiciera el presidente
Bush a su rancho de Texas.
Los nuevos canales de la diplomacia rusa han culminado en estos
días en una visita de Estado ante su majestad Isabel de Inglaterra.
La visita de un jefe de Estado ruso a Gran Bretaña no había
sucedido desde 1874.
El presidente Putin lleva años resistiéndose a diversas
presiones para que abandone sus contratos de suministro de petróleo
con Irán, país considerado por EE.UU. como integrante
del Eje del mal.
El arte diplomático de Putin parece consistir en sembrar
dudas acerca de cuáles son sus verdaderas intenciones en
las relaciones internacionales. Sería erróneo pensar
que Irán representa un real interés para Rusia únicamente
en términos económicos. Las exportaciones de sustancias
nucleares son importantes para Putin, ya que le permiten a Rusia
gozar de cierta autonomía y lo convierten en país
estratégico en el mundo, en el abastecimiento de gas y petróleo.
Mediante la producción de petróleo para fines nucleares
y su transferencia de conocimiento tecnológico, Rusia es
de hecho un país estratégico en el equilibrio de la
seguridad mundial.
Irán es, además, un socio regional de talla, aliado
en contra de los talibanes en Afganistán y férreo
opositor de los musulmanes suniita, que promueven el movimiento
fundamentalista en el Cáucaso.
Las manifestaciones de acercamiento hacia EE.UU. y cierta dificultad
para dialogar con la nueva Europa, no dejan de dificultar una comprensión
clara del rumbo hacia el cual Rusia desea orientar sus relaciones
diplomáticas. EE.UU. sigue siendo el único interlocutor
válido en el mundo para Rusia. Por tanto, la reciente presencia
de Putin en la Casa Blanca no debe sorprender. En cuanto a lo que
la Unión Europea decida acerca de una capacidad de defensa
única o bien con respecto de Irán, no parece tener
mayor impacto para la estrategia diplomática rusa.
Ante la dificultad de entender cuáles son las verdaderas
motivaciones diplomáticas por parte del presidente Putin,
tanto EE.UU. como la Unión Europea parecen resignarse a hacerlo
partícipe de los encuentros mundiales, aunque no lo consideren
un socio fiable. Se le reconoce haber puesto orden en los asuntos
políticos y económicos de Rusia, después de
la salida de Yeltsin.
No obstante movida por diversos intereses, la comunidad internacional
sigue presenciando los terribles abusos a los derechos humanos en
Chechenia. Ante el temor de un veto ruso en el Consejo de Seguridad,
EE.UU. ha optado por dejar hacer, dejar pasar.
Francia y Gran Bretaña, países que han tenido posturas
muy diferentes en cuanto a la guerra en Iraq, han buscado diversos
medios diplomáticos para acercarse a Putin. Es el dirigente
de un país grande, pero débil en términos militares
y económicos, no obstante está a la cabeza del país
que puede convertirse en el principal productor y distribuidor de
armas de destrucción masiva. Ante semejante amenaza, EE.UU.
y UE saben que hay que aprender a convivir con las nuevas estrategias
diplomáticas de Rusia.
* Columnista de El Diario de Hoy.
|
|