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La
nota del día
El socialismo arruinó la tierra
Superar la dramática situación de pobreza que
acongoja a más de la mitad de la población salvadoreña
significa poner a la agricultura en la atención de los gobernantes.
El irresponsable experimento neoliberal en el campo significa que
miles de manzanas de las mejores tierras del país estén
abandonadas La Carta del FMLN.
Nadie, hasta la publicación de la Carta del
FMLN, ignoraba que el desastre de la agricultura y el abandono en
que se encuentran miles de manzanas de las mejores tierras
del país se debe a la reforma agraria impuesta por
Napoleón Duarte en 1980, como en menor grado a la agresión
armada de los mismos comunistas durante la Década de los
Años Ochenta. Mucho antes de que ARENA asumiera el poder
en 1989, las tierras habían caído en el abandono por
la incapacidad de los jornaleros y campesinos a quienes se entregaron,
de trabajarlas con eficiencia.
Como falsear la verdad no cuesta nada, ahora los comunistas culpan
al sistema neoliberal, al gobierno, a ARENA y a las
empresas del país, de cuanto mal sufren los salvadoreños,
se trate de terremotos, guerras en el Medio Oriente, el colapso
de los precios del café y la crisis económica mundial.
Pero hay que hacer memoria. La imposición de cooperativas
agrarias por Napoleón Duarte en 1980 esquema
comunista que Lenín implantó por primera vez
es la principal causa de que en El Salvador miles de manzanas
de las mejores tierras del país estén abandonadas.
La pobreza del agro y del campesino se deriva precisamente de que
la agricultura no funciona en su totalidad bajo un sistema de economía
de mercado, o liberal. No funciona desde que el régimen duartista
robó a punta de pistola las propiedades más productivas
del país, sus instalaciones, equipos y maquinaria, cosechas,
casas y enseres personales de los propietarios, vehículos
y aviones, hatos ganaderos y dinero, joyas y valores que encontraron.
El desastre actual se debe a la rapiña comunitarista, no
al neoliberalismo.
Reviértase la reforma de la locura
Los cabecillas efemelenistas harán bien en visitar las tierras
cooperativizadas y comparar su triste y ruinoso estado
actual con lo que eran cuando las trabajaban sus dueños,
antes de las reformas socializantes.
Los escribidores de la parrafada que citamos al principio de esta
nota olvidan que la brutal colectivización de la agricultura
en Rusia, China continental y cuanta nación ha caído
en el comunismo, provocó las grandes hambrunas del Siglo
XX. Cerca de treinta millones de campesinos rusos y kulaks (los
pequeños propietarios) murieron a causa de las colectivizaciones;
por el contrario, donde rige un sistema económico liberal,
de mercado, la regla es la abundancia y el establecimiento de agroindustrias,
lo que a su vez eleva el nivel de vida del poblador rural.
Volvamos de nuevo al tema de las tierras en abandono
de que hablan los comunistas salvadoreños. El ejemplo más
palpable es el de la hacienda La Carrera, en una época la
mayor productora de algodón en El Salvador, que ahora está
en buena parte abandonada mientras en el resto se siembran milpas.
Y lo mismo ocurre en haciendas como Tierra Blanca, la isla del Espíritu
Santo, las propiedades del oriente de la República, y las
haciendas de Chalatenango: en el desastre por las reformas de un
loco.
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