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La heroína suplanta a la cocaína

San Roque, Colombia. Colombia y México se han convertido en los abastecedores dominantes de heroína a Estados Unidos, suplantando a Asia, como parte de una tendencia que los expertos y las autoridades temen pueda contrarrestar los éxitos respaldados por Estados Unidos en una campaña contra las drogas enfocada fundamentalmente a la cocaína.

JUAN FORERO y TIM WEINER
The New York Times
Internacionales
internacional@elsalvador.com 

Aquí, en las exuberantes, casi imposibles de penetrar selvas montañosas de la provincia de Tolima, los guerrilleros de Colombia vigilan cerca de lodosos senderos que llevan a las granjas de opio que, según los expertos, producen hasta 80 por ciento de la heroína que llega a las calles de las ciudades de Estados Unidos.

Desde Maine hasta California, las autoridades policiacas informan de una epidemia en pequeña escala de consumo y un índice cada vez mayor de sobredosis causadas por una forma potente, pero barata, de heroína. Si bien el consumo total de heroína en Estados Unidos no se ha elevado en forma significativa, la droga parece estar atrayendo a usuarios nuevos de clase media, más que nada porque puede ser fumada o inhalada, en lugar de inyectada.

Después de expander gradual pero constantemente su mercado en años recientes, la heroína colombiana blanca ahora domina al este del Mississippi; la heroína morena mexicana prevalece en el oeste. Ese patrón es la señal de una alianza entre los narcotraficantes mexicanos y colombianos, dice un funcionario estadounidense.

Las pruebas de este desplazamiento de la coca a la amapola de opio pueden encontrarse a la largo de América Latina, que todavía produce una fracción de la heroína que se elabora en todo el mundo -en su mayor parte en países como Afganistán, Myanmar y Pakistán-, pero cuya producción llega en su mayor parte a usuarios estadounidenses, dicen las autoridades.

Nuevos campos de opio han sido descubiertos en Perú, que hasta hace poco había logrado grandes progresos en la lucha contra la coca. Cultivos de amapola también han sido detectados a lo largo de la frontera venezolana, según funcionarios del gobierno de Colombia.

Este cambio, temen expertos y autoridades estadounidenses, puede presentar un nuevo reto a los esfuerzos agresivos, financiados por Estados Unidos, para combatir el tráfico ilegal de drogas mediante aspersiones áreas de yerbicidas. La heroína puede proporcionar una nueva e importante fuente de financiamiento para los guerrilleros y grupos paramilitares que dependen del dinero de las drogas para librar su guerra.

A diferencia de la coca, la planta mediante la cual se elabora la cocaína, la amapola de opio se puede cultivar en las alturas de las montañas cubiertas de niebla, y en parcelas mucho más pequeñas y diseminadas, dicen.
Cuando los aviones que lanzan yerbicidas llegan a estas parcelas, dicen los funcionarios, los traficantes o los guerrilleros abren fuego contra ellos. Los traficantes de opio en México han derribado tres helicópteros del ejército este año en el estado de Guerrero.Viven de la amapola

Aquí, en el agreste sur de Colombia, una parcela de un acre pertenece a Fernay Lugo, un hombre muy delgado y ágil, que trabaja, navaja en mano, en hacer cortes para abrir los capullos de las amapolas y obtener el líquido viscoso blanco que se refinará hasta convertirse en heroína.

Explica cómo -día tras día, poco a poco, laborando en montañas de más de 2,000 metros de altura- él trata de acumular unas cuantas libras, lo suficiente para venderlas y obtener el tipo de utilidades que nunca podría lograr mediante el cultivo del café.

No se pregunta nunca quiénes son sus compradores, los misteriosos hombres que lo encuentran en algún camino distante, o quién es el cliente que consume finalmente su producto. "Cuando cosechamos y vendemos, ni siquiera pensamos a dónde va a dar", dice Lugo, de 29 años, padre de dos niñas.

Aunque algunas granjas aquí, incluyendo la de Lugo, han sido objeto de los vuelos de los aviones fumigadores, él muestra muy poca preocupación por ello.

Los cielos rara vez están limpios en el territorio del sur de Tolima, donde la cubierta que ofrecen las nubes bajas frecuentemente es tan densa que los aviones fumigadores no pueden hacer su tarea. Además, los granjeros generalmente dispersan sus parcelas de opio, dice Lugo, para hacer que sean más difíciles de identificar desde satélites y aviones de reconocimiento.

En esta región, algunos de los progresos más grandes en la eliminación de las parcelas de amapolas se han logrado no mediante la fumigación área, sino con programas gubernamentales que pagan a los granjeros para que erradiquen sus cosechas de amapolas y opten por otros cultivos legales.

No obstante, no es difícil encontrar las flores de brillante color lavanda y rojo de las plantas maduras de opio, que son un contraste marcado contra los tonos verde oscuro de las cosechas legales que también cultivan los campesinos.

Blanca Ruby Pérez, de 39 años, dice que ella y su familia viven de la amapola, que puede ser cosechada dos veces al año y aporta más dinero que el maíz, los frijoles y la lechuga que también cultiva.

"Es mucho más fácil de cultivar que las otras cosechas", dice, mientras camina cuidadosamente entre las pequeñas hojas verdes. "Mire, no utilizamos fertilizante, y vea lo bonitas que son".Crece el consumo
Una vez que es procesada para convertirse en heroína y contrabandeada a Estados Unidos, sus efectos son cualquier cosa menos bonitos, dicen los agentes de la ley. "La heroína, tanto la mexicana como la colombiana, es mucho mejor, en términos de pureza" que en años anteriores.

Al mejorar la pureza y bajar el costo, el consumo lógicamente ha aumentado. El número de usuarios habituales en Estados Unidos se elevó a cerca de un millón el año pasado, de 600,000 que eran hace una década, según el Departamento Estadounidense Antinarcóticos (DEA). En el estado de Nueva York, por ejemplo, 32,000 personas fueron admitidas a los centros de tratamiento autorizados por el gobierno para combatir la adicción a la heroína tan sólo en el año pasado, en comparación con 29,000 en 1997. La Encuesta Nacional del Gobierno en Hogares sobre Abuso de Drogas también reveló que el número de jóvenes de entre 18 y 25 años que habían consumido heroína en el mes previo al sondeo se elevó de 26,000 en el año 2000, a 67,000 en el 2001, lo cual, según los expertos, revela que más individuos jóvenes encuentran atractiva la nueva y más potente heroína.

Muchos nuevos usuarios de heroína están haciéndose presentes en lugares inesperados, y no sólo en "los picaderos" en las zonas urbanas pobres donde los adictos encontraban su dosis en el pasado.

En Portland, Maine, una ciudad de 64,000 habitantes, el número de personas que murió por sobredosis se elevó a 28 el año pasado, en su mayor parte consumidores de heroína, dijeron agentes policiacos. En 2001, 16 murieron.
La policía de Portland dice que la heroína ahora es fácil de encontrar, y que el precio de las bolsas con una dosis se ha reducido a sólo 15 dólares. En un tiempo se vendían por lo menos a 35 dólares, y hasta en 50 dólares a finales de los años '90.

"Es nuestra máxima prioridad, en lo que se refiere a investigaciones sobre drogas", dice el detective sargento Scott Pelletier, quien supervisa a la unidad antinarcóticos de la policía de Portland.

"Está en todas partes", dice Pelletier. "Estamos empezando a ver, desde el año pasado, lo que llamamos heroína cruda, en la que la gente compra por gramo, en lugar de una sola dosis".

Los crecientes decomisos de heroína colombiana en Centroamérica indican la nueva importancia de esos países como corredores en el conducto de drogas hacia el norte, en el que los narcotraficantes utilizan todo método disponible para mover su mercancía, desde introducirlo en diversas partes de autos hasta empapar el polvo en el forro de las chaquetas o tragarlo dentro de condones.

Los encargados de trasportar la heroína colombiana generalmente viajan de aeropuertos centroamericanos hasta México. Desde allí, cruzan la frontera hacia Estados Unidos en auto o a pie con la heroína mexicana o colombiana, casi siempre con cargas de menos de 10 kilogramos. Esa cantidad de droga, sin embargo, puede valer hasta 1.5 millones de dólares al mayoreo.

La heroína también puede ser llevada a Estados Unidos por aire o por mar por el Caribe y el Golfo de México. El trasporte y las ventas no siempre son controladas por poderosos barones de las drogas y pandillas establecidas de narcotraficantes, sino por redes más pequeñas descritas por un funcionario como "operaciones de mamá y papá que son más difíciles de penetrar".

Los funcionarios de la ley dicen que en el noreste de Estados Unidos, una red colombiana que durante años distribuyó cocaína ahora está más concentrada en la venta de heroína, que es más fácil de contrabandear y proporciona mucho mayores utilidades.

 

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