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La
heroína suplanta a la cocaína
San
Roque, Colombia. Colombia y México se han convertido en los
abastecedores dominantes de heroína a Estados Unidos, suplantando
a Asia, como parte de una tendencia que los expertos y las autoridades
temen pueda contrarrestar los éxitos respaldados por Estados
Unidos en una campaña contra las drogas enfocada fundamentalmente
a la cocaína.
Aquí,
en las exuberantes, casi imposibles de penetrar selvas montañosas
de la provincia de Tolima, los guerrilleros de Colombia vigilan
cerca de lodosos senderos que llevan a las granjas de opio que,
según los expertos, producen hasta 80 por ciento de la heroína
que llega a las calles de las ciudades de Estados Unidos.
Desde Maine hasta California, las autoridades policiacas informan
de una epidemia en pequeña escala de consumo y un índice
cada vez mayor de sobredosis causadas por una forma potente, pero
barata, de heroína. Si bien el consumo total de heroína
en Estados Unidos no se ha elevado en forma significativa, la droga
parece estar atrayendo a usuarios nuevos de clase media, más
que nada porque puede ser fumada o inhalada, en lugar de inyectada.
Después de expander gradual pero constantemente su mercado
en años recientes, la heroína colombiana blanca ahora
domina al este del Mississippi; la heroína morena mexicana
prevalece en el oeste. Ese patrón es la señal de una
alianza entre los narcotraficantes mexicanos y colombianos, dice
un funcionario estadounidense.
Las pruebas de este desplazamiento de la coca a la amapola de opio
pueden encontrarse a la largo de América Latina, que todavía
produce una fracción de la heroína que se elabora
en todo el mundo -en su mayor parte en países como Afganistán,
Myanmar y Pakistán-, pero cuya producción llega en
su mayor parte a usuarios estadounidenses, dicen las autoridades.
Nuevos campos de opio han sido descubiertos en Perú, que
hasta hace poco había logrado grandes progresos en la lucha
contra la coca. Cultivos de amapola también han sido detectados
a lo largo de la frontera venezolana, según funcionarios
del gobierno de Colombia.
Este cambio, temen expertos y autoridades estadounidenses, puede
presentar un nuevo reto a los esfuerzos agresivos, financiados por
Estados Unidos, para combatir el tráfico ilegal de drogas
mediante aspersiones áreas de yerbicidas. La heroína
puede proporcionar una nueva e importante fuente de financiamiento
para los guerrilleros y grupos paramilitares que dependen del dinero
de las drogas para librar su guerra.
A diferencia de la coca, la planta mediante la cual se elabora la
cocaína, la amapola de opio se puede cultivar en las alturas
de las montañas cubiertas de niebla, y en parcelas mucho
más pequeñas y diseminadas, dicen.
Cuando los aviones que lanzan yerbicidas llegan a estas parcelas,
dicen los funcionarios, los traficantes o los guerrilleros abren
fuego contra ellos. Los traficantes de opio en México han
derribado tres helicópteros del ejército este año
en el estado de Guerrero.Viven de la amapola
Aquí, en el agreste sur de Colombia, una parcela de un acre
pertenece a Fernay Lugo, un hombre muy delgado y ágil, que
trabaja, navaja en mano, en hacer cortes para abrir los capullos
de las amapolas y obtener el líquido viscoso blanco que se
refinará hasta convertirse en heroína.
Explica cómo -día tras día, poco a poco, laborando
en montañas de más de 2,000 metros de altura- él
trata de acumular unas cuantas libras, lo suficiente para venderlas
y obtener el tipo de utilidades que nunca podría lograr mediante
el cultivo del café.
No se pregunta nunca quiénes son sus compradores, los misteriosos
hombres que lo encuentran en algún camino distante, o quién
es el cliente que consume finalmente su producto. "Cuando cosechamos
y vendemos, ni siquiera pensamos a dónde va a dar",
dice Lugo, de 29 años, padre de dos niñas.
Aunque algunas granjas aquí, incluyendo la de Lugo, han sido
objeto de los vuelos de los aviones fumigadores, él muestra
muy poca preocupación por ello.
Los cielos rara vez están limpios en el territorio del sur
de Tolima, donde la cubierta que ofrecen las nubes bajas frecuentemente
es tan densa que los aviones fumigadores no pueden hacer su tarea.
Además, los granjeros generalmente dispersan sus parcelas
de opio, dice Lugo, para hacer que sean más difíciles
de identificar desde satélites y aviones de reconocimiento.
En esta región, algunos de los progresos más grandes
en la eliminación de las parcelas de amapolas se han logrado
no mediante la fumigación área, sino con programas
gubernamentales que pagan a los granjeros para que erradiquen sus
cosechas de amapolas y opten por otros cultivos legales.
No obstante, no es difícil encontrar las flores de brillante
color lavanda y rojo de las plantas maduras de opio, que son un
contraste marcado contra los tonos verde oscuro de las cosechas
legales que también cultivan los campesinos.
Blanca Ruby Pérez, de 39 años, dice que ella y su
familia viven de la amapola, que puede ser cosechada dos veces al
año y aporta más dinero que el maíz, los frijoles
y la lechuga que también cultiva.
"Es mucho más fácil de cultivar que las otras
cosechas", dice, mientras camina cuidadosamente entre las pequeñas
hojas verdes. "Mire, no utilizamos fertilizante, y vea lo bonitas
que son".Crece el consumo
Una vez que es procesada para convertirse en heroína y contrabandeada
a Estados Unidos, sus efectos son cualquier cosa menos bonitos,
dicen los agentes de la ley. "La heroína, tanto la mexicana
como la colombiana, es mucho mejor, en términos de pureza"
que en años anteriores.
Al mejorar la pureza y bajar el costo, el consumo lógicamente
ha aumentado. El número de usuarios habituales en Estados
Unidos se elevó a cerca de un millón el año
pasado, de 600,000 que eran hace una década, según
el Departamento Estadounidense Antinarcóticos (DEA). En el
estado de Nueva York, por ejemplo, 32,000 personas fueron admitidas
a los centros de tratamiento autorizados por el gobierno para combatir
la adicción a la heroína tan sólo en el año
pasado, en comparación con 29,000 en 1997. La Encuesta Nacional
del Gobierno en Hogares sobre Abuso de Drogas también reveló
que el número de jóvenes de entre 18 y 25 años
que habían consumido heroína en el mes previo al sondeo
se elevó de 26,000 en el año 2000, a 67,000 en el
2001, lo cual, según los expertos, revela que más
individuos jóvenes encuentran atractiva la nueva y más
potente heroína.
Muchos nuevos usuarios de heroína están haciéndose
presentes en lugares inesperados, y no sólo en "los
picaderos" en las zonas urbanas pobres donde los adictos encontraban
su dosis en el pasado.
En Portland, Maine, una ciudad de 64,000 habitantes, el número
de personas que murió por sobredosis se elevó a 28
el año pasado, en su mayor parte consumidores de heroína,
dijeron agentes policiacos. En 2001, 16 murieron.
La policía de Portland dice que la heroína ahora es
fácil de encontrar, y que el precio de las bolsas con una
dosis se ha reducido a sólo 15 dólares. En un tiempo
se vendían por lo menos a 35 dólares, y hasta en 50
dólares a finales de los años '90.
"Es nuestra máxima prioridad, en lo que se refiere
a investigaciones sobre drogas", dice el detective sargento
Scott Pelletier, quien supervisa a la unidad antinarcóticos
de la policía de Portland.
"Está en todas partes", dice Pelletier. "Estamos
empezando a ver, desde el año pasado, lo que llamamos heroína
cruda, en la que la gente compra por gramo, en lugar de una sola
dosis".
Los crecientes decomisos de heroína colombiana en Centroamérica
indican la nueva importancia de esos países como corredores
en el conducto de drogas hacia el norte, en el que los narcotraficantes
utilizan todo método disponible para mover su mercancía,
desde introducirlo en diversas partes de autos hasta empapar el
polvo en el forro de las chaquetas o tragarlo dentro de condones.
Los encargados de trasportar la heroína colombiana generalmente
viajan de aeropuertos centroamericanos hasta México. Desde
allí, cruzan la frontera hacia Estados Unidos en auto o a
pie con la heroína mexicana o colombiana, casi siempre con
cargas de menos de 10 kilogramos. Esa cantidad de droga, sin embargo,
puede valer hasta 1.5 millones de dólares al mayoreo.
La heroína también puede ser llevada a Estados Unidos
por aire o por mar por el Caribe y el Golfo de México. El
trasporte y las ventas no siempre son controladas por poderosos
barones de las drogas y pandillas establecidas de narcotraficantes,
sino por redes más pequeñas descritas por un funcionario
como "operaciones de mamá y papá que son más
difíciles de penetrar".
Los funcionarios de la ley dicen que en el noreste de Estados Unidos,
una red colombiana que durante años distribuyó cocaína
ahora está más concentrada en la venta de heroína,
que es más fácil de contrabandear y proporciona mucho
mayores utilidades.
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