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Comentando
Bush debe retomar el tema migratorio
Las
acciones concretas de funcionarios de 39 estados para regularizar
la vida de los indocumentados obligan a Bush a reiniciar pláticas
para un acuerdo migratorio.
Las acciones concretas de funcionarios de 39 estados para regularizar
la vida de los indocumentados obligan a Bush a reiniciar pláticas
para un acuerdo migratorio En rigor, ya en agosto de 2001, Colin
Powell se esforzaba por reducir las expectativas de los mexicanos
de poder negociar un acuerdo migratorio comprensivo entre los dos
países.
Después del 11 de septiembre, el fracaso fue más explícito.
La administración de George W. Bush no estaba dispuesta a
gastar el capital político necesario para promover el acuerdo
con México.
Hoy, Bush debería reconsiderar sus opciones. Treinta y nueve
estados de la unión americana le han mostrado el camino que
debe seguir; han aprobado legislaciones que afectan de manera directa
la vida de millones de indocumentados que viven en Estados Unidos
y usurpado, de cierta manera, las atribuciones del gobierno federal.
Convencidos de los beneficios y los costos que acarrea la inmigración,
con o sin documentos, las autoridades locales se esfuerzan por encontrar
maneras poco ortodoxas de facilitar un poco la vida de los trabajadores
indocumentados y sus familiares.
El cambio obedece a varias causas. En primer lugar, al aumento desproporcionado
de inmigrantes ilegales en la última década. También
a la necesidad que tienen las ciudades de adaptarse a sus nuevas
circunstancias. Obedece, asimismo, a una estrategia del gobierno
mexicano de impulsar, a través de su extensa red de consulados,
pequeñas medidas que favorecen a sus connacionales.
La promoción de la matrícula consular mexicana como
una forma de identificación válida es un ejemplo.
Lograr que los niños indocumentados que habían cursado
la escuela secundaria en una escuela pública vayan a una
universidad pública, pagando cuotas reservadas a los residentes
del Estado, como sucedió en California, es otro ejemplo.
La lucha por conseguir que los indocumentados obtengan su licencia
de conducir es otro más.
En su conjunto, las acciones locales han propiciado una visión
más práctica de la realidad, que se traduce en presión
al gobierno federal para que enfrente sus obligaciones de manera
responsable y pague lo que le corresponde por educación,
salud y demás servicios sociales a los indocumentados y sus
familias.
Ésta, sin embargo, no es la única razón por
la que Bush debería replantearse la necesidad de retomar
el tema de la inmigración. Al interior de la comunidad latina
hay la percepción de que el Presidente la ha abandonado.
Para contrarrestarla, y aspirar al voto latino en la elección
de 2004, el consejero electoral de Bush, Karl Rove, ha promovido
la nominación del juez Alberto González a la Suprema
Corte de la nación.
Si sucediera que William Rehnquist decide retirarse el año
próximo, para Bush no habría mejor candidato que su
amigo y colega texano González. Una selección que
sería muy bien vista en la comunidad latina. El problema,
sin embargo, es doble. Primero, Rehnquist tendría que renunciar
y, luego, Bush tendría que batallar intensamente con el ala
derecha de su partido que objeta la nominación de González
con el fervor de los cruzados. González es una voz moderada
que desafina en el concierto de la extrema derecha. Si la opción
de colocar a González en la Corte Suprema no es viable, Bush
tendría que ofrecerle a la comunidad otro paquete de peso
y nada pesa más en la comunidad que la inmigración.
El gran problema son los números. En el año 2000,
siete millones de personas residían en Estados Unidos sin
visa legal. Son, en su inmensa mayoría, mexicanos, pero también
ha crecido la inmigración ilegal de El Salvador, Guatemala,
Honduras y China. El número de indocumentados colombianos,
ecuatorianos y brasileños se ha triplicado en esta década.
La tercera pinza de la presión a Bush para que retome el
tema migratorio debería venir del liderazgo latinoamericano.
Dadas las actuales circunstancias locales, un esfuerzo conjunto
de los líderes de la región pidiéndole a Bush
solucionar el problema de la inmigración ilegal, resultaría
excelente para los inmigrantes, para Estados Unidos que necesita
mano de obra barata y para los países expulsores de inmigrantes
que necesitan de la válvula de escape de la migración
y han hecho de las remesas de sus inmigrantes su principal fuente
de riqueza.
*Miembro del consejo editorial de
Los Angeles Times.
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