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Bush debe retomar el tema migratorio

Sergio Muñoz Bata*
El Diario de Hoy
sergio.munoz@latimes.com

Las acciones concretas de funcionarios de 39 estados para regularizar la vida de los indocumentados obligan a Bush a reiniciar pláticas para un acuerdo migratorio.

Las acciones concretas de funcionarios de 39 estados para regularizar la vida de los indocumentados obligan a Bush a reiniciar pláticas para un acuerdo migratorio En rigor, ya en agosto de 2001, Colin Powell se esforzaba por reducir las expectativas de los mexicanos de poder negociar un acuerdo migratorio comprensivo entre los dos países.

Después del 11 de septiembre, el fracaso fue más explícito. La administración de George W. Bush no estaba dispuesta a gastar el capital político necesario para promover el acuerdo con México.

Hoy, Bush debería reconsiderar sus opciones. Treinta y nueve estados de la unión americana le han mostrado el camino que debe seguir; han aprobado legislaciones que afectan de manera directa la vida de millones de indocumentados que viven en Estados Unidos y usurpado, de cierta manera, las atribuciones del gobierno federal.

Convencidos de los beneficios y los costos que acarrea la inmigración, con o sin documentos, las autoridades locales se esfuerzan por encontrar maneras poco ortodoxas de facilitar un poco la vida de los trabajadores indocumentados y sus familiares.

El cambio obedece a varias causas. En primer lugar, al aumento desproporcionado de inmigrantes ilegales en la última década. También a la necesidad que tienen las ciudades de adaptarse a sus nuevas circunstancias. Obedece, asimismo, a una estrategia del gobierno mexicano de impulsar, a través de su extensa red de consulados, pequeñas medidas que favorecen a sus connacionales.

La promoción de la matrícula consular mexicana como una forma de identificación válida es un ejemplo.

Lograr que los niños indocumentados que habían cursado la escuela secundaria en una escuela pública vayan a una universidad pública, pagando cuotas reservadas a los residentes del Estado, como sucedió en California, es otro ejemplo. La lucha por conseguir que los indocumentados obtengan su licencia de conducir es otro más.

En su conjunto, las acciones locales han propiciado una visión más práctica de la realidad, que se traduce en presión al gobierno federal para que enfrente sus obligaciones de manera responsable y pague lo que le corresponde por educación, salud y demás servicios sociales a los indocumentados y sus familias.

Ésta, sin embargo, no es la única razón por la que Bush debería replantearse la necesidad de retomar el tema de la inmigración. Al interior de la comunidad latina hay la percepción de que el Presidente la ha abandonado.
Para contrarrestarla, y aspirar al voto latino en la elección de 2004, el consejero electoral de Bush, Karl Rove, ha promovido la nominación del juez Alberto González a la Suprema Corte de la nación.

Si sucediera que William Rehnquist decide retirarse el año próximo, para Bush no habría mejor candidato que su amigo y colega texano González. Una selección que sería muy bien vista en la comunidad latina. El problema, sin embargo, es doble. Primero, Rehnquist tendría que renunciar y, luego, Bush tendría que batallar intensamente con el ala derecha de su partido que objeta la nominación de González con el fervor de los cruzados. González es una voz moderada que desafina en el concierto de la extrema derecha. Si la opción de colocar a González en la Corte Suprema no es viable, Bush tendría que ofrecerle a la comunidad otro paquete de peso y nada pesa más en la comunidad que la inmigración.

El gran problema son los números. En el año 2000, siete millones de personas residían en Estados Unidos sin visa legal. Son, en su inmensa mayoría, mexicanos, pero también ha crecido la inmigración ilegal de El Salvador, Guatemala, Honduras y China. El número de indocumentados colombianos, ecuatorianos y brasileños se ha triplicado en esta década.

La tercera pinza de la presión a Bush para que retome el tema migratorio debería venir del liderazgo latinoamericano. Dadas las actuales circunstancias locales, un esfuerzo conjunto de los líderes de la región pidiéndole a Bush solucionar el problema de la inmigración ilegal, resultaría excelente para los inmigrantes, para Estados Unidos que necesita mano de obra barata y para los países expulsores de inmigrantes que necesitan de la válvula de escape de la migración y han hecho de las remesas de sus inmigrantes su principal fuente de riqueza.

*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.

 

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