| |

Palabras
La educación del dolor
El
que detiene el castigo, a su hijo aborrece: mas el que lo ama, madruga
a castigarlo. Proverbios 13-24.
Hace algunos años leí en una revista médica
un caso clínico muy extraño: los médicos trataban
de curar a un niño que desde nacimiento no manifestaba sensibilidad
al dolor, en otras palabras, no sentía el dolor.
Cualquiera se hubiera podido decir: ¡Feliz ese niño
que no conoce ni conocerá el dolor! Pero, ¿era esa
alguna ventaja? Lo contradictorio es que los médicos trataban
de curarlo, afanados en hacerle sentir el dolor de cualquier
manera.
Según ellos, esa insensibilidad al dolor, innata en aquella
criatura, era un riesgo mortal. Al no sentir el dolor, el niño
no podía detectar ningún síntoma de enfermedad
en su cuerpo. Como es sabido, todo dolor es una alarma, una señal,
una voz de alerta del organismo de que algo no anda
bien. Así, al escuchar un dolor vamos al médico,
para prevenir alguna dolencia o curarla.
La insensibilidad de aquel niño lo ponía en arriesgo
de morir de un momento a otro...
Día a Día
La incertidumbre generada por la eliminación del dólar,
si llega al gobierno el FMLN, empujaría de inmediato los intereses
hacia arriba, mientras los precios de bienes y servicios marcharían
a la cola. Quienes ahora pagan un cinco, ocho o diez por ciento por
casas, automóviles o bienes diversos, tendrán que pagar
más, o perderán sus bienes al no poder continuar sirviendo
la deuda. Por otra parte, la construcción de nuevas viviendas
se paralizaría, aparejado a la reducción del movimiento
comercial. Eso, a su vez, obligaría a reducir la plantilla
laboral, con el consiguiente desempleo.
Mientras desciende con creciente velocidad la economía privada,
ocurre lo inverso con la burocracia. Cada nuevo funcionario contrata
parientes, compinches y correligionarios inflando las planillas, como
ahora en las municipalidades bajo control efemelenista. Pero los ingresos
del gobierno se van reduciendo, lo que pone presión sobre la
autoridad monetaria. La solución desesperada es imprimir dinero;
una vez que comienzan a hacerlo, nada detiene el alud. |
|