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La nota del día
Roberto Palomo: calzando al descalzo

Simultáneamente con la producción en serie de los zapatos inició la industrialización del país, la actualización de su vida y una mayor apertura al mundo.

Cincuenta años cumple de fundada ADOC, la marca de zapatos más prestigiosa de Centro-América y una de las empresas emblemáticas de El Salvador. Literalmente, ADOC cumplió con la visión de su fundador: calzar al descalzo, proteger los pies de la gente del calor de los suelos, de la suciedad, de duras y ásperas superficies.
 
El hombre calzado trabaja con más eficiencia, se mueve casi sin preocupación, se libera de tener que cuidarse de pisar inmundicias, herirse, golpearse. El zapato es un peldaño decisivo en el ascenso del hombre a niveles superiores de vida y, especialmente, de cultura.

Hace medio siglo, cuando ADOC inició su brillante y fructífera andadura, la mayoría de salvadoreños iba descalza; se veían descalzos en nuestras ciudades y era lo usual en pueblos y cantones. El campesino trabajaba descalzo, y los escolares —cuando había escuelas en sus lugares de origen— iban con pie desnudo por veredas y guayabales a educarse un poco.

Por esos años se pasó de caites de cuero, que tenían su precio, a caites elaborados con trozos de llanta, más baratos y sin duda duraderos. Debía ser obvio, y lo fue para nuestro admirado amigo Roberto, que el país estaba a la espera de una fábrica que produjera buenos zapatos a bajo costo, y que también se pudieran comprar en toda la República.

Pero ya había otra fábrica, “La Calzadora”, que producía alpargatas, el calzado de lona con suela de lazo, que además recibió una bendición del gobierno de entonces: el monopolio para fabricar las botas del Ejército. Con la plaza parcialmente ocupada, inició sus operaciones ADOC.

El éxito de ADOC sobre su rival, que pronto desapareció, se hizo en buena lid. Ganó ADOC por partir de una mejor idea, estar mejor administrada, ser superiores sus modelos y ofrecer buenas calidades a precios muy accesibles. Además, lo que es un importante hecho, diseñó una bota, la “Siete Leguas”, de cuero volteado, casi impermeable y suela flexible pero en extremo resistente, que llenó a la perfección las necesidades del hombre de trabajo. Transportistas, obreros, campesinos y agricultores, estudiantes y toda clase de personas compraban la bota por su durabilidad y su comodidad. Asimismo, el simple diseño iba con toda actividad; se usaba, se ensuciaba, servía para pasar sobre lodazales y, al final del día, se limpiaba sin dificultad.

Somos más grandes y menos pobres

Cuenta Roberto que en un principio, ADOC fabricaba zapatos para hombre casi sólo en tamaños seis y siete. Hoy en día, los tamaños llegan hasta once, y el promedio es nueve. Se compran zapatos más grandes porque los salvadoreños son más grandes que antes. Son más grandes porque están mejor alimentados y son más sanos. Este hecho de por sí desmiente de manera contundente la perversa calumnia contra nuestro sistema republicano y democrático, vil propaganda que pretende que somos cada vez más pobres y más enfermos.

Simultáneamente con la producción en serie de los zapatos inició la industrialización del país, la actualización de su vida y una mayor apertura al mundo. En estos cincuenta años hemos progresado muchísimo, y hemos progresado pese a la demagogia de los gobiernos, los desastres naturales, el ataque comunista, la demencia de los ochenta y la actual crisis internacional. Progresamos gracias a los creadores y al trabajo duro de los buenos salvadoreños.

 

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