| |

Tomando la palabra
La inteligencia emocional y las elecciones de 2004
En
el pasado abundaban los candidatos porque se pensaba que ser Presidente
era un premio. Quizás ahora se comienza a ver más
como una responsabilidad. Los resultados han empujado a que la clase
media aumente su poder en ARENA y a que este partido realice una
redefinición programática sobre los temas sociales.
Algunos han puesto en duda que la llegada de un gobierno del FMLN
constituya un problema para el país y no comparten que esto
tendría graves consecuencias.
El argumento es que, en el fondo, lo que no se quiere es aceptar
la alternancia democrática. Efectivamente, hay grupos de
la derecha que se traumatizan frente a la alternancia, porque a
excepción del gobierno de Duarte, la oposición nunca
ha gobernado realmente el país. En sentido estricto, ambas
cosas, la incapacidad del FMLN y el trauma de sectores de la derecha,
son reales y están interconectadas.
La primera prueba de responsabilidad y habilidad política
que debió mostrar el FMLN era la de construirse credibilidad
democrática entre sus adversarios, no para caerles bien,
sino para no darles argumentos en su contra.
El discurso y las acciones del Frente durante estos diez años,
a pesar de sus éxitos electorales, son suficientes para generar
miedo. El Frente simplemente está cosechando lo que ha sembrado.
La expulsión de sectores moderados de sus filas, su apoyo
persistente a la violencia de calle, sus relaciones internacionales
con grupos, partidos o gobiernos en estado de rebeldía, sus
planteamientos de revertir medidas económicas ya establecidas
y muchas otras cosas, hacen casi imposible que el Frente, cualquiera
que sea su candidato y cualquiera que sea el ajuste que realice
a su proyecto, reduzca la desconfianza. No hay necesidad de inventarse
nada, sus dirigentes lo han dicho todo y no hace años, sino
hace pocos días.
Sin embargo, todavía se puede pensar que ya en el gobierno
sentará cabeza y aprenderá que no es lo mismo criticar
y ofrecer que cumplir. Hay cuatro sólidas razones para pensar
que el Frente sería un problema: el miedo que generan sus
propuestas, la ignorancia notable con que sus dirigentes hablan
de algunos temas, la intolerancia con que maneja sus relaciones
y la imparable conflictividad interna en que se mantiene. Es decir
que no se trata de si es comunista o no, sino de de que aun en la
variable más benigna, su gobierno no llegaría ni a
mediocre, y la inestabilidad sería la norma.
Elegir al FMLN sería como instalar un pleito en el gobierno.
Un pleito hacia fuera con sus opositores, por los miedos, las ignorancias
y las intolerancias, y hacia adentro, por sus eternos conflictos.
Paradójicamente, los más asustados con la idea de
un gobierno del FMLN son los que más tienen, pero los que
más sufrirían son los que menos tienen, porque la
inestabilidad castiga, sobre todo, a las clases medias y a los más
pobres. Sin embargo, la posibilidad de que llegue al gobierno es
real y, si ocurre, habrá que aceptarla y lidiar con ella.
En términos de evolución, esto implicaría que
entraríamos un ciclo de ilusión-decepción,
para que todos entendamos, por la vía del castigo, cuál
es la diferencia entre la política responsable y el populismo
ideológico.
Lo más seguro es que después de ese desastre a la
oposición le tomaría muchos años llegar al
gobierno.
En términos históricos, al menos, sería una
decisión democrática que sólo duraría
cinco años. En el pasado, sin que nos preguntaran, tuvimos
60 años de gobiernos militares. Es importante entender esto
para tener claridad de que aun en la peor variable no caminaríamos
hacia atrás. Cerrar nuestro ciclo político democrático
es tan vital como manejar bien la economía y, en lo primero,
es la gente la que tiene la última palabra. Ya no estamos
en los tiempos en que un grupo iluminado le encargaba a un coronel
conjurar el peligro.
Lo anterior describe el peor escenario, pero no es cierto que estemos
frente a algo inevitable. Hay sólidos indicadores de oportunidad
y esperanza en medio de las señales de riesgo. Las elecciones
de marzo acabaron con la fragmentación del sistema de partidos
políticos, reduciendo a cinco las fuerzas principales.
En el pasado abundaban los candidatos porque se pensaba que ser
Presidente era un premio. Quizás ahora se comienza a ver
más como una responsabilidad. Los resultados han empujado
a que la clase media aumente su poder en ARENA y a que este partido
realice una redefinición programática sobre los temas
sociales. Al Frente lo están llevando a un desenlace sobre
su permanente debate entre real política e ideología
y a las fuerzas de centro las están obligando a buscar identidad,
a unificarse y a separarse de los polos.
A pesar de todos los progresos logrados en esto años, a nuestra
democracia le falta madurez; es prisionera de una polarización
negativa, tiene problemas de gobernabilidad, y el temor a cambios
radicales bloquea la alternancia.
Tenemos un partido que lo veta todo, otro que cobra por no vetar,
partidos de centro sin fuerza y una derecha que ha jugado a polarizar
con el menos elegible para seguir siendo la única elegible.
Es decir que la tarea principal para madurar nuestra democracia
no es todos contra el FMLN ni todos contra ARENA, sino construir
una polaridad positiva y constructiva.
La tarea de los partidos políticos no es llegar al gobierno
con cualquier alianza o cualquier programa. En el caso del centro,
esto implica no pretender sólo cambiarle color o cara a los
mismos miedos que genera el FMLN.
En el caso de ARENA, significa no asumir por miedo lo que el país
necesita por rentabilidad. El éxito de un partido no es llegar
una vez al gobierno para no volver a gobernar nunca, o gobernar
tres períodos para que luego se acabe el partido. Lo fundamental
es que la democracia tenga fuerzas que siempre sean una opción
de gobierno, porque eso es lo que trae estabilidad duradera.
En nuestro caso, estabilidad duradera sería que ARENA tome
en serio la agenda social y que el centro sustituya al PCN como
fuerza de gobernabilidad y al FMLN como fuerza alternativa. Esto
sólo es posible si las fuerzas de centro evitan la tentación
del oportunismo, y ARENA termina de consolidar su transformación
como derecha moderada.
Convertir al FMLN y al PCN en fuerzas minoritarias reduciría
la corrupción, daría más poder a los votantes,
mejoraría la calidad intelectual de las propuestas, convertiría
la negociación en el instrumento fundamental de la política
y abriría las puertas a una alternancia sin traumas. Nuestra
agenda de problemas cambiaría, y la efectividad para resolverlos
mejoraría. Esto sí beneficiaría mucho a los
más pobres y las clases medias. La oportunidad está
a la vista, todo depende de la inteligencia emocional de nuestros
votantes y de nuestros políticos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
|
|