Turismo
 
Inicio del Sitio Miércoles 25 de junio
 

 

en elsalvador.com
en la web
en guanaquin.com

CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
SUSCRIPCIONES
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


..OTROS SITIOS
 
 

Tomando la palabra
La inteligencia emocional y las elecciones de 2004

Joaquín Villalobos*
Oxford, Inglaterra.
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En el pasado abundaban los candidatos porque se pensaba que ser Presidente era un premio. Quizás ahora se comienza a ver más como una responsabilidad. Los resultados han empujado a que la clase media aumente su poder en ARENA y a que este partido realice una redefinición programática sobre los temas sociales.

Algunos han puesto en duda que la llegada de un gobierno del FMLN constituya un problema para el país y no comparten que esto tendría graves consecuencias.

El argumento es que, en el fondo, lo que no se quiere es aceptar la alternancia democrática. Efectivamente, hay grupos de la derecha que se traumatizan frente a la alternancia, porque a excepción del gobierno de Duarte, la oposición nunca ha gobernado realmente el país. En sentido estricto, ambas cosas, la incapacidad del FMLN y el trauma de sectores de la derecha, son reales y están interconectadas.

La primera prueba de responsabilidad y habilidad política que debió mostrar el FMLN era la de construirse credibilidad democrática entre sus adversarios, no para caerles bien, sino para no darles argumentos en su contra.

El discurso y las acciones del Frente durante estos diez años, a pesar de sus éxitos electorales, son suficientes para generar miedo. El Frente simplemente está cosechando lo que ha sembrado.

La expulsión de sectores moderados de sus filas, su apoyo persistente a la violencia de calle, sus relaciones internacionales con grupos, partidos o gobiernos en estado de rebeldía, sus planteamientos de revertir medidas económicas ya establecidas y muchas otras cosas, hacen casi imposible que el Frente, cualquiera que sea su candidato y cualquiera que sea el ajuste que realice a su proyecto, reduzca la desconfianza. No hay necesidad de inventarse nada, sus dirigentes lo han dicho todo y no hace años, sino hace pocos días.

Sin embargo, todavía se puede pensar que ya en el gobierno sentará cabeza y aprenderá que no es lo mismo criticar y ofrecer que cumplir. Hay cuatro sólidas razones para pensar que el Frente sería un problema: el miedo que generan sus propuestas, la ignorancia notable con que sus dirigentes hablan de algunos temas, la intolerancia con que maneja sus relaciones y la imparable conflictividad interna en que se mantiene. Es decir que no se trata de si es comunista o no, sino de de que aun en la variable más benigna, su gobierno no llegaría ni a mediocre, y la inestabilidad sería la norma.

Elegir al FMLN sería como instalar un pleito en el gobierno. Un pleito hacia fuera con sus opositores, por los miedos, las ignorancias y las intolerancias, y hacia adentro, por sus eternos conflictos. Paradójicamente, los más asustados con la idea de un gobierno del FMLN son los que más tienen, pero los que más sufrirían son los que menos tienen, porque la inestabilidad castiga, sobre todo, a las clases medias y a los más pobres. Sin embargo, la posibilidad de que llegue al gobierno es real y, si ocurre, habrá que aceptarla y lidiar con ella.

En términos de evolución, esto implicaría que entraríamos un ciclo de ilusión-decepción, para que todos entendamos, por la vía del castigo, cuál es la diferencia entre la política responsable y el populismo ideológico.

Lo más seguro es que después de ese desastre a la oposición le tomaría muchos años llegar al gobierno.

En términos históricos, al menos, sería una decisión democrática que sólo duraría cinco años. En el pasado, sin que nos preguntaran, tuvimos 60 años de gobiernos militares. Es importante entender esto para tener claridad de que aun en la peor variable no caminaríamos hacia atrás. Cerrar nuestro ciclo político democrático es tan vital como manejar bien la economía y, en lo primero, es la gente la que tiene la última palabra. Ya no estamos en los tiempos en que un grupo iluminado le encargaba a un coronel conjurar el peligro.

Lo anterior describe el peor escenario, pero no es cierto que estemos frente a algo inevitable. Hay sólidos indicadores de oportunidad y esperanza en medio de las señales de riesgo. Las elecciones de marzo acabaron con la fragmentación del sistema de partidos políticos, reduciendo a cinco las fuerzas principales.

En el pasado abundaban los candidatos porque se pensaba que ser Presidente era un premio. Quizás ahora se comienza a ver más como una responsabilidad. Los resultados han empujado a que la clase media aumente su poder en ARENA y a que este partido realice una redefinición programática sobre los temas sociales. Al Frente lo están llevando a un desenlace sobre su permanente debate entre real política e ideología y a las fuerzas de centro las están obligando a buscar identidad, a unificarse y a separarse de los polos.

A pesar de todos los progresos logrados en esto años, a nuestra democracia le falta madurez; es prisionera de una polarización negativa, tiene problemas de gobernabilidad, y el temor a cambios radicales bloquea la alternancia.

Tenemos un partido que lo veta todo, otro que cobra por no vetar, partidos de centro sin fuerza y una derecha que ha jugado a polarizar con el menos elegible para seguir siendo la única elegible. Es decir que la tarea principal para madurar nuestra democracia no es todos contra el FMLN ni todos contra ARENA, sino construir una polaridad positiva y constructiva.

La tarea de los partidos políticos no es llegar al gobierno con cualquier alianza o cualquier programa. En el caso del centro, esto implica no pretender sólo cambiarle color o cara a los mismos miedos que genera el FMLN.
En el caso de ARENA, significa no asumir por miedo lo que el país necesita por rentabilidad. El éxito de un partido no es llegar una vez al gobierno para no volver a gobernar nunca, o gobernar tres períodos para que luego se acabe el partido. Lo fundamental es que la democracia tenga fuerzas que siempre sean una opción de gobierno, porque eso es lo que trae estabilidad duradera.

En nuestro caso, estabilidad duradera sería que ARENA tome en serio la agenda social y que el centro sustituya al PCN como fuerza de gobernabilidad y al FMLN como fuerza alternativa. Esto sólo es posible si las fuerzas de centro evitan la tentación del oportunismo, y ARENA termina de consolidar su transformación como derecha moderada.

Convertir al FMLN y al PCN en fuerzas minoritarias reduciría la corrupción, daría más poder a los votantes, mejoraría la calidad intelectual de las propuestas, convertiría la negociación en el instrumento fundamental de la política y abriría las puertas a una alternancia sin traumas. Nuestra agenda de problemas cambiaría, y la efectividad para resolverlos mejoraría. Esto sí beneficiaría mucho a los más pobres y las clases medias. La oportunidad está a la vista, todo depende de la inteligencia emocional de nuestros votantes y de nuestros políticos.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal