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Reconociendo méritos
¡Misión cumplida, don Archie!
Archie
se ha inmortalizado en el corazón de los salvadoreños
por hacer las cosas bien cada día, con alegría, en
su lugar de trabajo
Qué difícil es intentar llenar con palabras una hoja
en blanco, concretar tantos sentimientos sobre alguien que se ha
ido, cuando ese alguien es Archie Baldocchi.
Todas las muertes conmueven, todas las ausencias lastiman y nos
hacen reflexionar sobre nuestra propia existencia. Pero cuando la
muerte caprichosamente se lleva en forma prematura un ser humano
tan especial como lo fue Archie Baldocchi, el remezón es
más agudo, más profundo e intenso.
Algunos podrán medir el éxito de sus vidas por sus
logros económicos, por sus triunfos, por sus metas profesionales
cumplidas. Pero al evaluar la existencia de Archie, comprendemos
que el éxito terrenal está más allá
de los beneficios personales y materiales. Su corazón sencillo
le permitió priorizar siempre lo que en verdad era importante
para él: los demás.
Nos enseñó que la solidaridad es más que una
palabra o un sentimiento, es desgastarse por el prójimo,
son hechos concretos, con frutos palpables. Aprendimos de él
que los mejores dividendos y los más altos intereses se ganan
al invertir en el que no tiene nada, al entregarse hasta que duela,
como buen cristiano.
Hay quien es inmortal por inventar algo,
otro lo será por un discurso en el momento apropiado,
alguien quizás por ganar una guerra o lograr la paz.
Archie se ha inmortalizado en el corazón de los salvadoreños
por hacer las cosas bien cada día, con alegría, en
su lugar de trabajo,
entregado a los otros:
a su familia, a sus amigos, a sus empleados y a su país.
Lo recordaremos por su natural franqueza, su trato amable, su valentía
al asumir los retos, su hablar pausado y su ejemplo de humildad.
Teniéndolo todo, no se apegó nunca a nada, lo que
le permitió pilotear su último vuelo con equipaje
ligero y seguro de llegar a su destino final.
Lo observamos estoicamente en sus últimos meses, entregarse,
como siempre a su patria, luchando por sus ideales hasta el límite,
regalándonos hasta la última gota de vida a los salvadoreños.
Y aun viendo venir el final, no dejó de pensar en sus hermanos
más necesitados y dejó todo preparado para que su
muerte le llevara consuelo a los beneficiados de la Fundación
Esperanza, al dar instrucciones de no publicar esquelas ni mandar
flores a su funeral.
Momentos como estos son propicios para agradecer a su familia por
haber compartido con todos nosotros y por todos estos años
al hijo, esposo y padre. Era de ellos y nos lo prestaron para que
todos los salvadoreños tuviéramos algo de él.
Al tratar de llenar con palabras el vacío que hay en El Salvador
por esta ausencia, me permito prestar los versos del poeta contemporáneo
Jaime Sabines:
Morir es retirarse, hacerse a un lado,
Ocultarse un momento, estarse quieto,
Pasar el aire de una orilla a nado
Y estar en todas partes en secreto.
Archie que vivió y se desvivió por los demás,
ahora se hace a un lado y se queda en todas partes, como siempre,
en secreto: iluminando con su ejemplo a los que lo conocimos y aprendimos
a vivir y a morir con él. Que Dios lo bendiga, don Archie,
desde su rincón mágico le decimos: ¡Misión
cumplida!
*Médico Pediatra y columnista
de El Diario de Hoy.
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