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La
nota del día
No hay fórmula mágica para curar
la pobreza
Planes para caerle encima a los bienes ajenos abundan, como se vio
durante la década perdida con los repartos de tierras y la
estatización de los bancos.
Le viene diciendo que la amenaza sobre el sistema económico
del país la constituye la pobreza y no los partidos radicales
de izquierda, tesis que olvida la experiencia de naciones como Nicaragua
y Cuba, donde la llegada al poder de los comunistas fue el inicio
de grandes opresiones y general penuria.
Lo que se plantea es que la pobreza existente en nuestra tierra
es consecuencia del bienestar y el desarrollo de determinados sectores,
que deben cuanto antes corregir la situación actual, a menos
que se resignen a ser arrastrados por una avalancha de indignación
y violencia. Inclusive una agrupación fantasma puso fecha
al gobierno para resolver la problemática nacional.
La tesis implica que, al repartir lo que a unos les sobra,
se va a mejorar la condición del resto. Y planes para caerle
encima a los bienes ajenos abundan, como se vio durante la década
perdida con los repartos de tierras y la estatización de
los bancos. Por medio siglo antes, la izquierda, incluyendo los
comunistas, enarboló la bandera de la reforma agraria
y las nacionalizaciones, asegurando que los males del país
eran resultado de las injustas estructuras en la tenencia
de la tierra. Y cuando accedieron al poder por obra y desgracia
del ex presidente Carter, de Estados Unidos, procedieron a confiscar
lo que pudieron. De haber sido cierta la teoría, los salvadoreños
estaríamos en la gloria y no habría pobreza en las
zonas rurales.
Pero las cosas no sucedieron así. En pocos meses, los intentos
por equilibrar el ingreso y repartir el bienestar hicieron
pobres a los ricos y miserables a los pobres. Organizaciones agrarias
altamente productivas que generaban gran cantidad de empleo y bienestar
fueron aniquiladas. Allí están los ejemplos de la
hacienda La Carrera, de la isla del Espíritu
Santo y de las grandes haciendas azucareras de Chalatenango,
donde ahora no se pasa de sembrar maíz.
Ese fracaso se ha olvidado y de nuevo se quiere hacer creer al conglomerado
que hay maravillosas fórmulas para sacar de su condición
a los pobres, pero que la derecha y el gobierno rehúsan
aplicarlas. Por su parte, tanto el FMLN como otros partidos menos
radicales de izquierda hacen propuestas y elaboran planes para lograr
en un instante el milagro. Lo que no se dice, sin embargo, es en
dónde han tenido éxito esas fórmulas y qué
pueblos han salido de la pobreza gracias a ellas.
Ninguna empresa la tiene fácil
En esto surge una pregunta a la que los inspirados y oficiosos reformadores
nunca dan respuesta: ¿Qué tiene que ver una empresa
de servicios o manufacturera en San Salvador con las pobrezas de
una comunidad de Usulután, o la pobreza en general? O pasando
al ciudadano que trabaja, ¿piensa acaso que él tiene
la culpa de los problemas que otros sufren, especialmente las personas
que por falta de ganas o por no ser responsables pasan dificultades
o no tienen empleo?
No se olvide que todas las empresas tienen recursos limitados, enfrentan
altos niveles de competencia, pagan intereses por el capital que
usan, se ven forzadas a invertir e innovar de manera permanente
y se tienen que cubrir por imprevistos y bajas en la economía.
En la actualidad, muchísimas empresas apenas sobreviven,
y un número de ellas ha cerrado. ¿Es que les queda
capital inactivo para repartir a familias y comunidades
pobres? ¿Y quiénes harán los repartos?
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