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EE.UU.
no aceptó un intento chapín de retroceder
La noche negra de Guatemala
Relato
de los acontecimientos sucedidos en Tegucigalpa, durante la quinta
ronda, que llevaron a que Centroamérica enfrente dividida
la negociación del TLC con Estados Unidos.
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| Si bien Guatemala quedó bien con
Estados Unidos, el resto de países de Centroamérica
lamentó su traición en Tegucigalpa. Foto:
EDH |
La noche del jueves 19 de junio, el bar del Hotel Clarión,
en Tegucigalpa, se atestó de empresarios guatemaltecos que
comenzaron a beber ron e intercambiar sarcasmos sobre su gobierno
de izquierda y la casi segura invasión de Estados
Unidos en su mercado.
Entre las bromas, alguien dijo: Día 3: Desembarcan
Infantes de Marina en Escuintla. No pueden avanzar ya que en las
casetas de la autopista se aceptan palomas, pero ellos llevan dólares.
Se detienen esperando nuevas órdenes.
Las inmediatas carcajadas sirvieron de catarsis. La jornada de ese
día fue larga y aún no había terminado. La
noche amenazaba con darles la peor noticia que hubiesen tenido de
su propio gobierno. La invasión real se acercaba.
El hotel estaba celosamente custodiado por civiles armados. En la
novena planta, la más vigilada de todas, Regina Vargo, delegada
de Washington, estaba reunida con los negociadores de Guatemala,
El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Últimos intentos
Una noche antes, el miércoles, los empresarios guatemaltecos
rentaron una habitación a la que llamaron en clave baticueva,
para sesionar en privado con Salomón Cohen, el negociador
oficial de su país.
Los calificativos hacia el funcionario, manejados allí dentro,
se elevaron desde la categoría de falto de credibilidad,
hasta la de infiel. Ninguno de los que salieron de la
baticueva negó lo que ocurrió.
Hasta el martes esperaban contar con Cohen, para evitar la invasión
de productos estadounidenses.
Pero no fue así. El funcionario ofreció a los Estados
Unidos eliminar obstáculos para la entrada de mercancía
de ese país, en la mayor parte del mercado guatemalteco,
pese a las enormes bajas que la decisión causaría
a nivel local y regional.
Los gobiernos vecinos agotaron las medidas diplomáticas para
hacer retroceder a Guatemala. No lo consiguieron.
No sólo estaban a punto de perder el comercio con Guatemala,
sino que vieron amenazada la producción de la zona. Si los
bienes estadounidenses entran libres de aranceles en Guatemala,
es muy probable que compitan en el resto de la zona, pero en forma
ilegal, triangulados.
Alarma general
Esa noche, la amenaza se hizo evidente. Entre los empresarios que
conversaban, tomaban y fumaban en el bar, había muchos potenciales
afectados en espera de ir a la guillotina, por decreto. Esperaban
que su negociador oficial les comunicara las últimas noticias.
Arriba, en la reunión con Regina Vargo, El Salvador, Honduras,
Nicaragua y Costa Rica fueron sorprendidos nuevamente por Cohen,
de Guatemala.
El negociador solicitó a Estados Unidos un plazo para modificar
su propuesta, supuestamente para atender el llamado de sus vecinos,
pero Vargo no aceptó.
Entonces, el bloque de países llamado C.A.4 del Sur,
entendió el mensaje. Asestó el tiro de gracia a Guatemala
para dejarlo solo. Preguntaron a los Estados Unidos si estaban dispuestos
a dejar que el gobierno guatemalteco saque de su oferta de liberación
arancelaria los bienes sensibles para el C.A.4, pero Vargo denegó
la petición. Era obvio.
Con dos puertas cerradas, Cohen aclaró que quería
negociar con sus vecinos, no con los Estados Unidos, pero el bloque
ya le había advertido que era tarde para retroceder.
15
por ciento
de sus productos son los que podrá colocar Guatemala
en las canastas B, C y D con desgravaciones
de cinco, diez y más años.
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39
por ciento
es el total de desgravación arancelaria que el C.A.
4 del Sur ofrece en las mismas canastas, lo que les
da oportunidad de negociar.
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2
posiciones
son las que conocerá EE.UU. de Centroamérica
de ahora en adelante. Por un lado la de Guatemala, y por otro,
la del C.A 4 del Sur.
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Comienza el bombardeo
Esa noche, prácticamente, el mercado guatemalteco quedó
en manos de los Estados Unidos, porque el gobierno de ese país
no pudo modificar su oferta.
Vargo tenía lo que quería de Guatemala: el 78% de
su mercado, sin aranceles, pocos bienes protegidos y leves porcentajes
de productos a desgravarse en un plazo de cinco y diez años.
Pan comido.
Con el negociador guatemalteco cabizbajo, Vargo no dudó en
aceptar que le hubiese gustado que el bloque del C.A.4 del
Sur le hubiera presentado la misma oferta de mercado, pero
en vista de que no fue así, estaba dispuesta a negociar por
una buena porción del mismo. La versión fue confirmada
por un negociador.
Los empresarios guatemaltecos se paseaban en el bar y miraban el
reloj, a cada instante. El negociador de Guatemala acababa de quedarse
sin más municiones para defenderse, y sin aliados.
El bloque C.A.4 del Sur no iba a aceptar un miembro
que además de haberlos dividido ante la contraparte, se había
quedado sin armas para negociar. Sólo contaba
con el escaso 15% de sus productos en las canastas B, C y
D, que significan desgravaciones arancelarias de cinco, diez
y más años, respectivamente.
En cambio, el bloque superaba el armamento con el 39%
de sus productos en las mismas canastas mencionadas, margen suficiente
para intercambiar con los Estados Unidos los bienes que le interesa
vender sin pagar aranceles, y la mercancía que necesita proteger
de las desgravaciones, en plazos mayores de diez años.
Los cuatro países tendrán sus costos, la Unión
Aduanera se replantea y se sacrificarán muchos sectores productivos,
pero la decisión está tomada.
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La decisión tomada por Guatemala
no sólo le abre la posibilidad al C.A.4 del Sur
de negociar productos que su antiguo aliado ya no puede hacer,
sino que podrá aplicar salvaguardias para protegerse
de invasiones estadounidenses.
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