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El desorden migueleño

San Miguel. Aceras ocupadas por negocios, calles obstruidas por talleres, escándalos y desorden. las ordenanzas que regulan estos abusos, son ignoradas por los infractores.

Rosa Fuentes
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Muchos comerciantes ocupan calles y aceras para instalar mercadería. La municipalidad se esfuerza por controlar estos abusos. Foto EDH

Basta. Las quejas por el desorden en las calles migueleñas aumentan. Hay peatones que reclaman el derecho a caminar tranquilos por las aceras, conductores que exigen que el paso no sea obstruido por negocios particulares.

Ya las quejas alcanzan colonias periféricas. Anteriormente eran sólo por ventas ambulantes en las calles, pero San Miguel amenaza con convertirse en un embudo.

La alcaldía trata de ordenar la situación, no obstante se topa con la indiferencia de los propietarios de algunos negocios. “Pasa en todas partes”, “Hacen escándalo por poca cosa”, “Hay que ganarse la vida”, son algunas respuestas de las personas a quienes se les exige liberar calles y aceras.

Al otro lado de la moneda están los ciudadanos que reclaman orden y tranquilidad. Al centro, entre ambos, la alcaldía que debe tomar medidas que satisfagan a unos y otros.

Espiral

El desorden sale ya del centro de San Miguel que en algunos puntos es obstaculizado por las ventas ambulantes o el uso de las aceras por negocios establecidos. Hoy, muchos de los problemas son originados por distintos servicios ofrecidos a automotores.

Hay al menos seis servicios de lavado de autos en las dos principales vías de la ciudad, la avenida Roosevelt y la carretera Ruta Militar. Fueron autorizados por la alcaldía, pero a condición de instalar tuberías para aguas lluvias o negras. Además, no deben obstruir el libre paso de peatones. La indiferencia a la segunda condición, es casi completa.

Esto no es lo único. Otras zonas populosas como la colonia Kury, se han convertido en zona para el funcionamiento de talleres de reparación de llantas y automotores.

Dichos negocios ocupan aceras y calles. “No se aguanta”, dijo desesperada una ama de casa al reclamar la suciedad, la dificultad para desplazarse y las vulgaridades que deben soportar los pobladores.

En otras zonas de la ciudad, los problemas son por cantinas y otros centros de tolerancia, muchas veces situados cerca de templos o instituciones educativas.

Voceros del Cuerpo de Agentes Metropolitanos estiman que al menos el sesenta por ciento de estos negocios funcionan sin permiso y en zonas prohibidas.

 

 

 

 

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