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Sobre el Universo y Dios
Hablan ateos y creyentes
Pasteur
fue siempre un católico practicante! y, además, dijo
que un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve
a él
Es frecuente en el mundo actual la gente que lleva su admiración
por la Ciencia hasta el punto de creer que sólo allí
se encierra toda la sabiduría y certeza posibles. Algunos,
además, elevan su admiración hasta la idolatría,
pensando que el avance de ella supone siempre un descrédito
y derrota de la religión.
Eso equivale a anclar su mentalidad en lo peor de los ilustrados
del Siglo XVIII. No hace mucho leí, en un artículo
de otro diario, la chocante afirmación de que Pasteur, al
demostrar que no existía la generación espontánea
de seres vivos a partir de material inerte, había refutado
con ello una idea religiosa.
Pero esa idea nunca fue una idea religiosa, sino una idea científica
equivocada en la que creyeron los científicos, creyentes
y no creyentes, hasta que en el Siglo XIX, el genial Louis Pasteur
demostró lo contrario. ¡Pero resulta que Pasteur fue
siempre un católico practicante! y, además, dijo que
un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve
a él.
Si revisamos la historia, podemos comprobar que muchos de los grandes
avances científicos fueron hechos por gente que no tuvo ningún
conflicto entre la ciencia que cultivaba y la religión en
la que creía.
La lista de ellos es larga. Sin embargo, también es verdad
que, hoy día, muchos científicos ilustres son agnósticos
no saben decir si Dios existe o no, o son ateos que
pretenden convencerse y convencernos de que su ciencia demuestra
la no existencia de Dios.
Aparte de los que mencioné en mi artículo anterior,
Watson y Crick, destacan hoy por su franco ateísmo Steven
Weinberg y Peter Atkins.
Asegura Atkins que no es necesaria la existencia de un creador y
que, mirado a fondo, todo es caos y que esta es
la frialdad que hemos de aceptar cuando escrutamos profunda y desapasionadamente
el corazón del universo. En cuanto a Weinberg, Premio
Nóbel de Física, para él todo el universo que
conocemos, incluyendo la vida humana, sólo es el resultado
accidental, por casualidad, de un cúmulo de coincidencias
que pudieron no haberse dado. (¿Alabemos, entonces, a la
diosa Casualidad?).
E insiste en que: Cuanto más comprensible parece el
Universo, tanto más sin sentido parece también.
Con eso no están de acuerdo muchos otros físicos,
entre ellos Albert Einstein, que, sin practicar nunca ninguna religión,
aseguraba que: Cuanto más estudio la ciencia más
creo en Dios.
El error de esos agnósticos o ateos está en lo limitado
de su ciencia y en lo desorbitado de su soberbia intelectual. Cuando
hablan de caos habría que decirles que siempre parece sin
sentido lo que conocemos mal o sólo en parte y que si acaso
creen que ya lo saben todo sobre el Universo. Cuando al descifrar
las etapas y estructuras del cosmos y de la vida observan, sin que
se vea un agente externo que la produzca, cómo unas cosas
son causas de otras y cómo se coordinan entre sí,
llegan a la conclusión, como el viejo Laplace, que no hace
falta Dios, que aquello se ha hecho solo. ¿Qué supone
más sabiduría y más poder humanos? ¿Un
reloj antiguo que había que darle cuerda o uno actual que
no lo necesita? Escuchar un concierto transmitido en ese mismo momento
por la radio supone más inteligencia y poder humanos que
estar allí presentes en ese concierto.
La ciencia y el poder humanos han vencido el espacio. Y escuchar
años más tarde ese mismo concierto en una casete,
supone mayor inteligencia y poder humanos que los de aquella radio,
pues ahora se ha vencido no sólo el espacio sino también
el tiempo. Si ésa es nuestra experiencia sobre el poder creador
del hombre, ¿por qué en cambio se lo niegan a Dios?
Precisamente, cuanto más autónomo aparece algo, en
su existencia y funcionamiento, más inteligente y poderosa
tiene que ser la Causa que pudo producirla. Y también cuanto
mayor complejidad y finura de estructuras y funcionamiento tiene.
Hay mayor inteligencia y poder creador para hacer un moderno cronómetro
que para hacer un reloj de arena.
Por eso, muchos físicos comprueban que los parámetros
fundamentales que rigen la fuerza de la gravedad, la carga de los
protones y la masa de los neutrones, la distancia de la tierra al
sol, etc., parecen haber sido ajustados muy precisa e inteligentemente
de modo que permitiesen surgir organismos conscientes.
De hecho, modificar en lo más mismo esos valores habrían
hecho perder a los átomos su integridad, que las estrellas
no brillasen, que ninguna galaxia hubiera podido albergar vida o
que el colapso del universo sucediera segundos después del
Big Bang. John Polkinghorne, físico de la Universidad
de Cambridge, observa que cuando uno se da cuenta de que las
leyes de la naturaleza tienen que estar coordinadas con máxima
precisión para que den como resultado el universo visible,
es difícil resistirse a la idea de que el universo no es
casual, sino que tiene que haber un propósito en él.
Y Jerzy A. Janik, físico nuclear y miembro de la Academia
de Ciencias de Polonia y Noruega, concluye: Tengo respeto
al agnosticismo en los físicos. Pero cuando dicen que son
agnósticos porque son científicos, hacen una extrapolación.
Pueden serlo, pero no partiendo de la física.
Hay que ser ateos honestos. La física no da prueba negativa
de Dios o de la realidad trascendente: no es su
objeto. (...) Eso no es el resultado de la ciencia, depende de otros
factores personales: el sufrimiento, la pobreza de un pueblo....
Sí, y precisamente el sufrimiento es una piedra de escándalo
que a algunos científicos puede apartarles de Dios tal
parece ser el caso de Weinberg y a otros como a Max
Planck la ocasión para encontrarle. Espero poder hablarles
también de esto último.
* Dr. en Medicina y columnista de
El Diario de Hoy
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