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Opinando
El ajuste económico
Las
familias, las empresas, los gobiernos y los países en determinado
momento experimentan escasez de dinero y requieren de algún
grado de ajuste económico.
El término tiene más de una acepción para
algunos economistas que les gusta hablar en forma complicada. Estas
reflexiones son para los no economistas, o sea, la mayoría
de nuestra población, que no entiende el lenguaje complicado
y únicamente se refieren a la acción prudente de ajustar
el gasto a los niveles de ingresos, sobre todo en una situación
de desajuste como la que experimenta el país, y su objetivo
es contribuir a inducir una conducta de austeridad con un lenguaje
sencillo.
Las familias, las empresas, los gobiernos y los países en
determinado momento experimentan escasez de dinero y requieren de
algún grado de ajuste económico. Una familia puede
tener un patrón de consumo muy por encima de su capacidad
de gasto o de su nivel de ingreso. Las empresas pueden experimentar
períodos en los cuales compran más de lo que producen
o venden.
Los gobiernos pueden subsistir por algún tiempo con gastos
mayores a los ingresos que perciben en concepto de impuestos. Finalmente,
los países pueden importar más de lo que exportan.
En macroeconomía, la totalidad de lo que se produce es igual
a la totalidad de los ingresos que se reciben y a la totalidad de
lo que se puede gastar, y la única forma de que alguien (personas,
empresas, gobierno y país) pueda recibir más ingresos
de lo que le corresponde o gastar más allá de su capacidad
natural, es que alguien (personas, empresas, gobierno u otro país)
esté de acuerdo en prestarle o donarle parte de sus ahorros.
Tales acuerdos pueden darse bilateralmente (de persona a persona,
de empresa a empresa, de gobierno a gobierno, etc.) en forma temporal.
Aquellos que gastan más de lo que tienen o utilizan más
de sus ingresos durante un período determinado son deudores,
prestatarios o receptores, y la cantidad que piden prestada representa
su deuda, su déficit, su pérdida o la ayuda que reciben.
A pesar de que los individuos, organizaciones o gobiernos pueden
con- traer deudas, recibir ayudas o subsidios por sus respectivos
déficit, la sociedad como un todo no puede hacerlo. La razón
de ello es muy sencilla: la sociedad en su conjunto no puede consumir
más de lo que produce en forma ilimitada, permanente e irresponsable.
Las personas pueden gastar más de lo que reciben como ingresos,
las empresas pueden gastar más en gastos corrientes y de
capital en relación a lo que producen y venden. Hay actividades
productivas que subsisten sin ser rentables. Los gobiernos
pueden mantener déficit hasta cierto tiempo. Los países
pueden importar más de lo que exportan. Sin embargo, todo
tiene su límite.
Ese límite está dado por el hecho de que la sociedad
como un todo no puede por los siglos de los siglos consumir
más de lo que produce. En un determinado momento, los países
tienen que irremediablemente llegar a la conclusión
que no hay más alternativa que efectuar un ajuste económico
(ajustar las cuentas), porque ya no es posible seguir haciendo más
préstamos o concesiones permanentes de subsidios (vender
por debajo de lo que cuesta producir las cosas), dar intereses preferentes
a unos para que otros paguen más por lo prestado o que otros
reciban menos por su dinero depositado, dar subsidios a los que
aportan menos o son menos productivos, refinanciar deudas, dar plazos
más largos, endeudar más a las futuras generaciones,
o estar esperanzados de recibir el máximo de donaciones externas,
o que más salvadoreños emigren para seguir dependiendo
de las remesas familiares, y seguir de mantenidos, por no decir
otra cosa.
Hay que afrontar la realidad si queremos ser responsables con nuestros
sucesores. Alguien tendrá que pagar la cuenta porque no existe
almuerzo gratis. Salvadoreños todos, ha llegado el momento
de efectuar un ajuste, o se produce y se exporta más, o se
gasta y se importa menos. Ante la poca o casi nula posibilidad de
aumentar nuestras capacidades: productiva, exportadora, impositiva
y de inversión, todo por la escasa o nula capacidad de ahorro
de la gran mayoría, siendo pragmáticos hay que realizar
un ajuste y gastar de acuerdo con nuestra auténtica posibilidad.
Como se dijo en un pronunciamiento: dada la crisis que El Salvador
afronta, agravada por los terremotos, la caída de los precios
del café, la falta de empleo, la disminución de las
exportaciones, el decremento de los ingresos tributarios, la recesión
mundial, el aumento del servicio de la deuda externa, las dificultades
migratorias de los hermanos productivos laborando en el extranjero,
malgastar el dinero propio es pecado, malgastar el dinero de otros
es un pecado mayor y hacer todo eso en tiempo de necesaria austeridad
es un sacrilegio.
*Economista.
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