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Opinando
El ajuste económico

Rafael Rodriguez Loucel*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Las familias, las empresas, los gobiernos y los países en determinado momento experimentan escasez de dinero y requieren de algún grado de ajuste económico.

El término tiene más de una acepción para algunos economistas que les gusta hablar en forma complicada. Estas reflexiones son para los no economistas, o sea, la mayoría de nuestra población, que no entiende el lenguaje complicado y únicamente se refieren a la acción prudente de ajustar el gasto a los niveles de ingresos, sobre todo en una situación de desajuste como la que experimenta el país, y su objetivo es contribuir a inducir una conducta de austeridad con un lenguaje sencillo.
Las familias, las empresas, los gobiernos y los países en determinado momento experimentan escasez de dinero y requieren de algún grado de ajuste económico. Una familia puede tener un patrón de consumo muy por encima de su capacidad de gasto o de su nivel de ingreso. Las empresas pueden experimentar períodos en los cuales compran más de lo que producen o venden.
Los gobiernos pueden subsistir por algún tiempo con gastos mayores a los ingresos que perciben en concepto de impuestos. Finalmente, los países pueden importar más de lo que exportan.
En macroeconomía, la totalidad de lo que se produce es igual a la totalidad de los ingresos que se reciben y a la totalidad de lo que se puede gastar, y la única forma de que alguien (personas, empresas, gobierno y país) pueda recibir más ingresos de lo que le corresponde o gastar más allá de su capacidad natural, es que alguien (personas, empresas, gobierno u otro país) esté de acuerdo en prestarle o donarle parte de sus ahorros. Tales acuerdos pueden darse bilateralmente (de persona a persona, de empresa a empresa, de gobierno a gobierno, etc.) en forma temporal.
Aquellos que gastan más de lo que tienen o utilizan más de sus ingresos durante un período determinado son deudores, prestatarios o receptores, y la cantidad que piden prestada representa su deuda, su déficit, su pérdida o la ayuda que reciben.
A pesar de que los individuos, organizaciones o gobiernos pueden con- traer deudas, recibir ayudas o subsidios por sus respectivos déficit, la sociedad como un todo no puede hacerlo. La razón de ello es muy sencilla: la sociedad en su conjunto no puede consumir más de lo que produce en forma ilimitada, permanente e irresponsable.
Las personas pueden gastar más de lo que reciben como ingresos, las empresas pueden gastar más en gastos corrientes y de capital en relación a lo que producen y venden. Hay actividades productivas que “subsisten” sin ser rentables. Los gobiernos pueden mantener déficit hasta cierto tiempo. Los países pueden importar más de lo que exportan. Sin embargo, todo tiene su límite.
Ese límite está dado por el hecho de que la sociedad como un todo no puede “por los siglos de los siglos” consumir más de lo que produce. En un determinado momento, los países tienen que “irremediablemente” llegar a la conclusión que no hay más alternativa que efectuar un ajuste económico (ajustar las cuentas), porque ya no es posible seguir haciendo más préstamos o concesiones permanentes de subsidios (vender por debajo de lo que cuesta producir las cosas), dar intereses preferentes a unos para que otros paguen más por lo prestado o que otros reciban menos por su dinero depositado, dar subsidios a los que aportan menos o son menos productivos, refinanciar deudas, dar plazos más largos, endeudar más a las futuras generaciones, o estar esperanzados de recibir el máximo de donaciones externas, o que más salvadoreños emigren para seguir dependiendo de las remesas familiares, y seguir de mantenidos, por no decir otra cosa.
Hay que afrontar la realidad si queremos ser responsables con nuestros sucesores. Alguien tendrá que pagar la cuenta porque no existe almuerzo gratis. Salvadoreños todos, ha llegado el momento de efectuar un ajuste, o se produce y se exporta más, o se gasta y se importa menos. Ante la poca o casi nula posibilidad de aumentar nuestras capacidades: productiva, exportadora, impositiva y de inversión, todo por la escasa o nula capacidad de ahorro de la gran mayoría, siendo pragmáticos hay que realizar un ajuste y gastar de acuerdo con nuestra auténtica posibilidad.
Como se dijo en un pronunciamiento: dada la crisis que El Salvador afronta, agravada por los terremotos, la caída de los precios del café, la falta de empleo, la disminución de las exportaciones, el decremento de los ingresos tributarios, la recesión mundial, el aumento del servicio de la deuda externa, las dificultades migratorias de los hermanos productivos laborando en el extranjero, malgastar el dinero propio es pecado, malgastar el dinero de otros es un pecado mayor y hacer todo eso en tiempo de necesaria austeridad es un sacrilegio.

*Economista.

 

 

 

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