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Animal fue sacrificado por afectados
Sepultan a niña muerta por perro

La tragedia afecta a toda la comunidad. Ahora saben lo peligroso que son esos perros.

Antolín Escobar
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La familia de Ana Lilian aún no termina de creer que un perro, en el que confiaban, les haya matado a la pequeña. Foto: EDH/Antolín Escobar

Aún estupefactos, familiares y amigos enterraron ayer, en Coatepeque, San Ana, los restos de la pequeña Ana Lilian Chinchilla, de seis años, quien murió debido a las heridas que le produjo un enloquecido perro pitbull.

El cadáver fue velado en la casa donde residía con sus padres, en la lotificación El Sitio, en Coatepeque. Humildemente, fue acomodada en una caja blanca, rodeada de flores silvestres, rojas y blancas. La luz de los cuatro cirios no logró ahuyentar tanto desconsuelo.

Cansados de tanto llorar, los padres no quitaban la vista del pequeño ataúd. Se negaban a aceptar la muerte de la hija. La misma interrogante los martillaba: ¿Cómo era posible que, en tan sólo unos pocos minutos, un animal les hubiera quitado algo tan preciado?

Uno de los más confundidos era David Oswaldo Chinchilla, de 11 años, hermano de Ana. No entendía cómo ese animal, llamado “Muñeco”, que era tan sereno, había atacado a la niña.

“Sin qué ni para qué, el perro se lanzó encima de mi hermana, le puso las patas en el pecho y la botó. Yo lo agarré, sólo por un momento, pero en ese mismo instante volvió sobre ella”.

Ana Lilian a penas podía gritar para que le quitaran al can. En esos momentos llegaron varios vecinos, quienes le pegaron con garrotes a “Muñeco”, pero no les hizo caso.
Cuando el pitbull soltó a la niña, ya estaba mortalmente herida.

El perro fue sacrificado por orden de los agentes de la Fiscalía General de la República (FGR), luego de reconocer el cadáver de la niña y de efectuar otras pruebas.

Sólo así, Jorge Chinchilla, padre de Ana, se sacudió un poco la cólera que sentía: “Desde que vine (minutos después de haber muerto la pequeña) lo iba a matar, sentía que no podía estar vivo, pero la Policía ya estaba aquí y me dijeron que no lo hiciera. Cuando me dieron la autorización, me fui para el cafetal en donde estaba amarrado y le pegué dos balazos en el pecho”.

Aún herido, el perro intentó atacar a Jorge Chinchilla, pero la cadena con la que estaba sujetado le impidió avanzar. Más indignado, el hombre le tiró ocho balazos, hasta que murió.

“Muñeco” nunca se había mostrado agresivo, ni mucho menos había matado a nadie. Así se lo habían asegurado los vecinos del cantón San Buena Vista, en donde lo compraron en cinco dólares a un señor que se iba del país.

Ahora que la tragedia los ha sacudido, todos están conscientes de lo peligroso que son los perros de raza pitbull, los llamados perros asesinos.

En la vivienda de la familia Chinchilla únicamente ha quedado el desconsuelo y las piñatas con las que Ana jugaba de mamá.

Recuerdos de un padre

Ana Lilian estudiaba primer grado y asistía a la Iglesia Católica de la comunidad.

- Para Jorge Chinchilla, papá de la niña, ella era muy “activa” a pesar de su edad. La recuerda con mucho dolor.
- Un día antes de la tragedia, le dijo a su papá que iba a echar tortillas. Se lavó las manos, manipuló la masa de maíz y se las hizo.
- Era tan dedicada a sus estudios, que al regresar de la escuela hacía sus tareas. Hasta que las terminaba, jugaba.
- Era muy oficiosa. Sin que nadie se lo pidiera, ella lavaba los platos sucios.

Una imagen para el recuerdo de Ana Lilian.

 

 

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