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Recuerdo
cariñoso
Dos maestras ejemplares
Exigencia
en los buenos modales, en el arreglo personal y en el hablar. Pero
especialmente una exquisita formación en valores y virtudes
cristianos enseñaron a amar a Dios y al prójimo.
Hoy es día de nostálgicos y agradecidos recuerdos
para aquellos maestros que fueron como antorchas vivas en el camino
de nuestras vidas y que con una labor escondida y silenciosa nos
enseñaron a buscar la verdad, el amor y el bien. Hay dos
mujeres que brillaron con luz propia y se mantienen en el corazón
de todos los que pasaron por sus manos generosas: María y
Mercedes Gonzalbo Soley fueron dos maestras españolas que
hicieron de este país su segunda patria y fundaron alrededor
de 1918 el Colegio Santa Teresita del Niño Jesús,
que dirigieron por más de 50 años. Contaba con tres
años de kínder y los tres primeros grados, pero por
aquellas aulas, con mesitas y sillas diminutas pintadas de colores,
desfilaron varias generaciones de salvadoreños que han contribuido
al progreso y desarrollo de esta tierra.
El método de enseñanza de las Gonzalbo era práctico
y novedoso. No estaba basado únicamente en la tradicional
exposición de la maestra, sino que alternaba sesiones dinámicas
donde con cajas de arena se revivían las diversas situaciones
del quehacer cotidiano: la casa, la calle, la escuela, la granja
con sus personajes y elementos, anticipándose a los métodos
audiovisuales que hoy conocemos. La música, el teatro, el
baile y los artísticos trabajos manuales constituían
importantes elementos de apoyo de la enseñanza, permitiendo
la participación de los padres en el proyecto educativo en
las diversas celebraciones y en los exámenes finales públicos.
Se recalcaba la escritura, caligrafía y ortografía;
la lectura comprensiva, rítmica y vocalizada; las tablas
de multiplicar y el cálculo mental.
Exigencia en los buenos modales, en el arreglo personal y en el
hablar. Pero especialmente una exquisita formación en valores
y virtudes cristianos enseñaron a amar a Dios y al prójimo.
La celebración del mes de mayo con un altar dedicado a la
Virgen con derroche de flores y cantos fue la base de una sólida
piedad mariana.
La profunda devoción eucarística de estas mujeres
fue transmitida a los pequeños alumnos en la fiesta del Corpus
Christi con la preparación de un riquísimo altar,
digno de recibir al Divino Huésped, y el acompañamiento
de la procesión, que recorría las calles del vecindario
y que salía de la iglesia de San Francisco. Los niños
que ya habían hecho su Primera Comunión tenían
el privilegio de vestir una vez más su blanco vestido, para
tirar pétalos de rosas al paso del Santísimo Sacramento.
Pero la actividad inolvidable del colegio era la Primera Comunión,
el 15 de agosto, después de una preparación que duraba
un mes. Las clases impartidas por la niña Mariíta,
adecuadas para las mentes infantiles, tenían una profunda
base teológica. Era abrir el corazón para que entrara
Jesús, intentando penetrar en el enorme misterio de la poquedad
del hombre que recibe a Dios.
Virtudes, sacrificios, oraciones en un primoroso librito regaban
el camino para aquel gran día. Y la víspera, un día
de retiro que terminaba con un beso a una bella imagen del Niñito
Jesús, tan grande que se podía chinear
como un niño de verdad. Y la iglesia arreglada con luces
y flores, y los niños con un traje tan blanco como su alma,
y los padres participando de este momento inolvidable por su gran
contenido espiritual eran una experiencia inolvidable.
Los ex alumnos de este pequeño gran colegio al practicar
las enseñanzas recibidas formaron una sociedad que desarrolló
una importante labor social: ofrecer a grupos de obreros una formación
religiosa mediante ejercicios espirituales en instalaciones que
se construyeron a orillas del lago de Ilopango.
Pero la edad y el cansancio no fueron suficientes para mermar la
ardiente vocación de servicio y entrega a los demás
que distinguiera a las niñas Gonzalbo, pues con elegancia
y generosidad pusieron sus bienes a disposición de los más
necesitados, de tal manera que en el antiguo caserón que
albergó el colegio existe actualmente el Centro de Capacitación
para la Mujer Siramá, obra corporativa del Opus Dei, donde
se forman mujeres con deseos de superación, para contribuir
al desarrollo del país.
La vida de María y Mercedes Gonzalbo, como la de Santa Teresita
de Lisieux, a quienes ellas tanto quisieron, puede resumirse en
una frase: Pasaron por la vida haciendo el bien, por
lo que Dios debe tenerlas muy cerca de Sí en el cielo, tras
haber hecho tanto bien en la tierra.
Descansen en paz, queridas maestras.
(Fe de errata: Mis disculpas por el error en el artículo
del domingo pasado: 1445 que aparece como fecha de muerte de Cristóbal
Colón, corresponde a la supuesta fecha de nacimiento del
Gran Almirante).
*Columnista de El Diario de Hoy.
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