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El
Salvador en perspectiva
El gobierno que quieren
Un
país sin moralidad ética ni disciplina tiene un gobierno
con los mismos rasgos.
Lo que todos y cada uno quiere es estar libre de preocupaciones
y vivir en paz. ¿Hasta dónde son determinantes en
las vidas de los habitantes las políticas del mandatario
de un país? Las preocupaciones generalmente son económicas,
debido a la falta de ingresos para cubrir las necesidades de la
vida y las obligaciones incurridas. Una encuesta reciente comprueba
que la mitad de los salvadoreños cree que el presidente Flores,
de tener la voluntad, podría crear más empleos, bajar
el costo de la vida y combatir con efectividad la criminalidad.
El concepto errado que la mayoría tiene de los poderes de
un mandatario y de cómo funciona un país se debe a
los vacíos en la educación que se pueden comparar
con la ignorancia de una persona que lleva a un niño enfermo
a un curandero o sobador en vez de a un médico. Al lector
esta comparación puede parecerle exagerada, pero son muchos
los casos en que se recurre a medios primitivos cuando la ciencia
no puede hacer el milagro.
Lo mismo sucede cuando los economistas, planificadores, técnicos
y comités de financieros no hallan la solución al
desempleo y la consiguiente pobreza. Entonces, los sin instrucción
debida, que son la mayoría, están susceptibles a aceptar
las mentiras de los radicales que ocultan los fracasos de las seudoutopías
comunistas y socialistas, que todavía los promulgan los demagogos
izquierdistas a incautos.
La existencia de la división de poderes limita enormemente
las atribuciones de los funcionarios de un gobierno democrático,
incluyendo las del mandatario. En un país como El Salvador,
donde los partidos políticos son el único instrumento
para el ejercicio de la representación del pueblo dentro
del gobierno, la persona de mente aguda y penetrante que pretende
descubrir los reales determinantes de las vidas de los habitantes,
si es sincero y un verdadero demócrata, tiene que preguntar
¿quiénes determinan la política y trayectoria
de los partidos?
Nuestra Constitución vigente dedica 21 artículos y
cientos de palabras a enumerar las atribuciones del mandatario,
pero de los partidos políticos dice poco, no obstante el
monopolio que les concede la Constitución de ser la única
representación del pueblo dentro del gobierno. Sólo
exige que sus actuaciones se sujeten a los principios de la democracia
representativa y denuncia que la existencia de un partido único
oficial es incompatible con el sistema democrático y con
la forma de gobierno establecido por la Constitución, aunque
no lo prohíbe explícitamente. La mayoría de
los dictadores latinoamericanos desde Rosas de Argentina (1829/1849)
hasta Ortega de Nicaragua (1983/1990) llegó y se sostuvo
en el poder de acuerdo con procesos democráticos, constitucionales
y legales.
Un país sin moralidad ética ni disciplina indefectiblemente
tiene un gobierno con los mismos rasgos. Desde la independencia
de España, los historiadores poco han comentado la desagradable
verdad de que los países latinoamericanos, sin excepción,
tienen los gobiernos que merecen.
No nos atreveríamos a decir por qué en unos países
corre en la sangre el amor a la verdad y el odio a la mentira y
en otros todo lo contrario. No se sabe si los mandatarios son productos
de la ética colectiva, resultante del desarrollo cultural
de pobladores o si la ética colectiva de los pueblos es producto
de los mandatarios y los grupos poderosos que los apoyan.
No existe una prueba del ADN colectivo para establecer si la sangre
de un pueblo es viciada o sana. Pero el grado hasta dónde
la honradez prevalece sobre la mentira, la razón sobre la
violencia, se cumplen las obligaciones y se respetan las leyes,
revela si los ciudadanos de un país merecen un buen gobierno
que vele por el bienestar de todos o padezcan de un mal gobierno
explotador y opresivo. La ética y la cultura de un pueblo
son el resultado de su desarrollo y para superarlos es necesario
enfrentarlos valientemente.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.
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