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Lo malo de lo bueno

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Como vemos, nada es bueno ni malo porque sí, todo depende del uso para el que fue pensado y del buen o mal uso que nosotros le demos.

En cualquiera de los países europeos donde la gente aprecia y casi siempre habla con datos para todo hay estudios y estadísticas. La última que he visto en Valencia y me parece interesante comentárselas se refiere a los “incidentes de tránsito”, es decir, aquellas situaciones en las que gracias a que el “Ángel de la Guarda” aún tuvo tiempo de reaccionar no se convirtieron en accidentes o en muertes. El 10% de los encuestados en este estudio afirma que al menos una vez ha estado a punto de matarse por atender el teléfono celular mientras conducía un carro, una moto, un camión o incluso un bus. Esto es “lo malo de lo bueno” de los celulares…
Quizás por esta razón es que cada día vemos aquí más personas como si fueran “hablando solas” con su sistema de celular “manos libres”.

En El Salvador, con seguridad, el porcentaje debe ser mucho más alto que en Valencia… por lo complicado y peligroso de nuestro sistema de transporte y nuestra educación vial.
Al principio compramos los celulares para los asuntos urgentes de la empresa o de la casa, pero ahora ya los utilizamos hasta para preguntar qué cosas faltan en la cocina cuando estamos en el supermercado.

La verdad es que el celular nos sirve para preguntar e informar en cualquier momento y lugar sobre asuntos importantes y menos importantes, que sería lo bueno. Lo malo es que lo estamos utilizando irracionalmente, porque nos interrumpimos continuamente preguntando, diciendo o contestando asuntos irrelevantes, y lo peligroso es que, precisamente en un momento crítico mientras manejamos, nos entra una de esas llamadas que no aporta nada.

Observando en las últimas semanas cómo la gente utiliza el celular, quizás a usted también le ha sucedido algo parecido en una reunión. De pronto llaman a su interlocutor y éste contesta: “Si”…“ok”…“muy bien”…“como tu digas, me parece bien”…“si”…“ya te dije que sí, que estoy de acuerdo”…“sí”…“ok”…“hasta más tarde”. ¿Quién cree que le llamó? Ojo, antes de contestar, piense en sus propias llamadas.

Siguiente llamada: “Anoche te expliqué por qué no”… “no, para eso no te doy permiso”… “no importa con quien sea”. “Pues muy bien, qué le vamos ha a hacer”… “Si te enojas es tu problema”.

Sigue su reunión y 10 minutos más tarde de nuevo el celular y contesta: “Buenos días, licenciado”… “Aún no dispongo de toda la información”…“pienso que mañana por la tarde”…“haré todo lo posible para que esté listo por la mañana”… “si usted lo necesita hoy por la tarde, anularé todos mis compromisos”… “como usted diga, licenciado”… “hoy a las cinco y media en su oficina”… “Ahí estaré”.

Inmediatamente, su interlocutor se disculpa porque tiene que hacer una “llamadita” y dice: “Sí soy yo”…“del informe que estamos preparando para mañana, lo necesito hoy”… “A las tres de la tarde, pues tengo que revisarlo”… “los datos que no tengás, tendrás que estimarlos”… “de todos modos siento que este informe no aportará mucho”… “O lo tienes o lo tienes”... “ok…nos vemos a las tres aquí, en mi oficina”.

Continúa usted con su conversación y unos minutos después, la cuarta llamada en 30 minutos: “Hoy no”…“no”… “sí, tienes razón, es una lástima porque ya todo estaba previsto, pero no podrá ser”... “el hombre me ha pedido un trabajo urgente y me ‘jodió’ la tarde”... “de todos modos he quedado con mi esposa y lo veo difícil”... “sí, ya sé, el partido será emocionante”… “es una lástima”…“luego me lo cuentas”… “cuídate”.

Y así continúa la reunión con su interlocutor, a quien en la siguiente media hora le llaman tres veces más y resulta que es para algo que usted tenía previsto 30 minutos, se le alargó a 60.
Esto es lo malo, digo yo. Pero a las personas que les gusta estar en todo, esto mismo lo ven bien, pues sin quererlo, tanto ellas como el interlocutor se enteran de lo particular y lo profesional. Pero la más interesante, fue la última llamada, a la que mi interlocutor contestó: “Pero si ya habíamos quedado”… “la verdad es que yo también tengo que hacer algo urgente”. “¿También tú?”… “bueno pues ya me contarás cómo te fue”… “ten mucho cuidado y otra vez será”… “hasta luego”.

Tengo por costumbre desconectar mi celular en las reuniones, aunque el 20% de las ocasiones fallo, y lo quiero hacer siempre cuando manejo, tanto porque no quiero hacer perder tiempo a otros oyendo mis llamadas como por las llamadas irrelevantes que entren cuando manejo, y la situación puede convertirse en un accidente. De ahí mi recomendación, que mejor utilicemos bien este medio tecnológico y aprovechemos al máximo “lo bueno de lo bueno”.

De la misma forma que con el celular, podemos reflexionar sobre “lo malo de lo bueno” de la Internet, que cada día aisla más a la gente de su entorno social y familiar; al automóvil, que ya no queremos andar para nada; al amplificador de música, que lo ponemos a todo volumen y molestamos a los vecinos o, si ustedes quieren, al sistema de transporte que lleva diariamente a los usuarios a sus trabajos, pero que cada día se anotan más muertos en su lista negra, o también un arma que es buena para defenderse, pero con tanta violencia social, termina utilizándose para hacer daño.

Como vemos, nada es bueno ni malo porque sí, todo depende del uso para el que fue pensado y del buen o mal uso que nosotros le demos.
La tecnología, los sistemas, los medios de comunicación, los estudios de opinión, la Internet y muchas cosas más han sido pensadas para ser bien utilizadas. Es “su” responsabilidad el que usted, “sus” hijos y sus empleados los utilicen bien.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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