| |

Comentando
Lo malo de lo bueno
Como
vemos, nada es bueno ni malo porque sí, todo depende del
uso para el que fue pensado y del buen o mal uso que nosotros le
demos.
En cualquiera de los países europeos donde la gente aprecia
y casi siempre habla con datos para todo hay estudios y estadísticas.
La última que he visto en Valencia y me parece interesante
comentárselas se refiere a los incidentes de tránsito,
es decir, aquellas situaciones en las que gracias a que el Ángel
de la Guarda aún tuvo tiempo de reaccionar no se convirtieron
en accidentes o en muertes. El 10% de los encuestados en este estudio
afirma que al menos una vez ha estado a punto de matarse por atender
el teléfono celular mientras conducía un carro, una
moto, un camión o incluso un bus. Esto es lo malo de
lo bueno de los celulares
Quizás por esta razón es que cada día vemos
aquí más personas como si fueran hablando solas
con su sistema de celular manos libres.
En El Salvador, con seguridad, el porcentaje debe ser mucho más
alto que en Valencia
por lo complicado y peligroso de nuestro
sistema de transporte y nuestra educación vial.
Al principio compramos los celulares para los asuntos urgentes de
la empresa o de la casa, pero ahora ya los utilizamos hasta para
preguntar qué cosas faltan en la cocina cuando estamos en
el supermercado.
La verdad es que el celular nos sirve para preguntar e informar
en cualquier momento y lugar sobre asuntos importantes y menos importantes,
que sería lo bueno. Lo malo es que lo estamos utilizando
irracionalmente, porque nos interrumpimos continuamente preguntando,
diciendo o contestando asuntos irrelevantes, y lo peligroso es que,
precisamente en un momento crítico mientras manejamos, nos
entra una de esas llamadas que no aporta nada.
Observando en las últimas semanas cómo la gente utiliza
el celular, quizás a usted también le ha sucedido
algo parecido en una reunión. De pronto llaman a su interlocutor
y éste contesta: Si
ok
muy
bien
como tu digas, me parece bien
si
ya
te dije que sí, que estoy de acuerdo
sí
ok
hasta
más tarde. ¿Quién cree que le llamó?
Ojo, antes de contestar, piense en sus propias llamadas.
Siguiente llamada: Anoche te expliqué por qué
no
no, para eso no te doy permiso
no importa con quien sea. Pues muy bien, qué
le vamos ha a hacer
Si te enojas es tu problema.
Sigue su reunión y 10 minutos más tarde de nuevo el
celular y contesta: Buenos días, licenciado
Aún no dispongo de toda la información
pienso
que mañana por la tarde
haré todo
lo posible para que esté listo por la mañana
si usted lo necesita hoy por la tarde, anularé todos
mis compromisos
como usted diga, licenciado
hoy a las cinco y media en su oficina
Ahí
estaré.
Inmediatamente, su interlocutor se disculpa porque tiene que hacer
una llamadita y dice: Sí soy yo
del
informe que estamos preparando para mañana, lo necesito hoy
A las tres de la tarde, pues tengo que revisarlo
los datos que no tengás, tendrás que estimarlos
de todos modos siento que este informe no aportará
mucho
O lo tienes o lo tienes... ok
nos
vemos a las tres aquí, en mi oficina.
Continúa usted con su conversación y unos minutos
después, la cuarta llamada en 30 minutos: Hoy no
no
sí, tienes razón, es una lástima porque
ya todo estaba previsto, pero no podrá ser... el
hombre me ha pedido un trabajo urgente y me jodió
la tarde... de todos modos he quedado con mi esposa
y lo veo difícil... sí, ya sé,
el partido será emocionante
es una lástima
luego
me lo cuentas
cuídate.
Y así continúa la reunión con su interlocutor,
a quien en la siguiente media hora le llaman tres veces más
y resulta que es para algo que usted tenía previsto 30 minutos,
se le alargó a 60.
Esto es lo malo, digo yo. Pero a las personas que les gusta estar
en todo, esto mismo lo ven bien, pues sin quererlo, tanto ellas
como el interlocutor se enteran de lo particular y lo profesional.
Pero la más interesante, fue la última llamada, a
la que mi interlocutor contestó: Pero si ya habíamos
quedado
la verdad es que yo también tengo
que hacer algo urgente. ¿También tú?
bueno pues ya me contarás cómo te fue
ten mucho cuidado y otra vez será
hasta
luego.
Tengo por costumbre desconectar mi celular en las reuniones, aunque
el 20% de las ocasiones fallo, y lo quiero hacer siempre cuando
manejo, tanto porque no quiero hacer perder tiempo a otros oyendo
mis llamadas como por las llamadas irrelevantes que entren cuando
manejo, y la situación puede convertirse en un accidente.
De ahí mi recomendación, que mejor utilicemos bien
este medio tecnológico y aprovechemos al máximo lo
bueno de lo bueno.
De la misma forma que con el celular, podemos reflexionar sobre
lo malo de lo bueno de la Internet, que cada día
aisla más a la gente de su entorno social y familiar; al
automóvil, que ya no queremos andar para nada; al amplificador
de música, que lo ponemos a todo volumen y molestamos a los
vecinos o, si ustedes quieren, al sistema de transporte que lleva
diariamente a los usuarios a sus trabajos, pero que cada día
se anotan más muertos en su lista negra, o también
un arma que es buena para defenderse, pero con tanta violencia social,
termina utilizándose para hacer daño.
Como vemos, nada es bueno ni malo porque sí, todo depende
del uso para el que fue pensado y del buen o mal uso que nosotros
le demos.
La tecnología, los sistemas, los medios de comunicación,
los estudios de opinión, la Internet y muchas cosas más
han sido pensadas para ser bien utilizadas. Es su responsabilidad
el que usted, sus hijos y sus empleados los utilicen
bien.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
|
|