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La
nota del día
Se perciben señales del renacer cultural
Más y más personas hablan de arte, quieren aprender
otros idiomas, gustan del cine intelectualmente más elaborado.
Hasta el inicio de la tragedia, en la Década de los Setenta,
muchas personas y grupos se esforzaban por fomentar el desarrollo
cultural del país a través de exposiciones, festivales,
conciertos, presentaciones y conferencias.
Los gobiernos de entonces emprendieron la renovación de nuestras
máximas obras arquitectónicas, en especial el Teatro
y el Palacio Nacional, mientras los jóvenes descubrían
la fotografía y el cine como expresión artística.
Muchas personas comenzaron a familiarizarse con la obra de grandes
literatos, poetas y dramaturgos europeos y estadounidenses, partiendo
de lo que aquí se escribía y hacía.
Por desgracia, la Universidad Nacional, que debió haber sido
uno de los grandes centros de pensamiento y experimentación,
cayó bajo control de los comunistas, quienes, históricamente
y como parte de su estrategia de control mental y agitación,
asfixian la cultura. La Universidad de El Salvador es el sitio donde
duermen las musas, o inclusive las estrangulan.
Treinta años después, como parte de la reconstrucción
y rescate de formas superiores de vida, comienzan a renacer las
inquietudes y los afanes de aquellos años: hay un creciente
interés por los asuntos culturales y por las manifestaciones
superiores del intelecto y del espíritu.
Ya hubo un festival de poesía que cautivó a miles
de personas, y se prepara el siguiente; son más frecuentes
las exposiciones, los conciertos, los ciclos musicales y la exhibición
de películas que califican como arte.
Para coronar esta labor, que demanda dedicación y sacrificio,
se inauguró el Museo de Arte, pocos años después
de edificarse el nuevo Museo David J. Guzmán. Los museos
tradicionalmente sirven como centros desde donde irradian influencias
artísticas, a partir de lo que se expone, que las más
de las veces sirve de catalizador de frescas variantes de expresión.
Todo es salir de la aldea mental
En esto hay un fuerte proceso de fertilización cruzada;
lo que se va descubriendo, creando, profundizando, influye más
allá de sus ámbitos. Las nuevas tendencias pictóricas
inciden sobre la moda, sobre la música, sobre la arquitectura.
El gusto se refina a medida que hay una comprensión más
aguda de las diferentes manifestaciones del arte; la gente comienza
a diferenciar entre lo legítimo y lo cursi, entre formas
vacías y la elegancia y gracia de diseños, objetos,
pinturas.
El culto por la belleza potencia los esfuerzos por elevar y refinar
la calidad de la vida, lo que conduce a que la gente sea más
eficiente y productiva. La superación cultural empuja, acompaña
o se deja llevar de un mayor desarrollo material. Las buenas maneras
en la mesa, la apreciación de la poesía y la inventiva
en los negocios son facetas de un mismo crecimiento humano.
Se nota en los temas de conversación. Más y más
personas hablan de arte, quieren aprender otros idiomas, gustan
del cine intelectualmente más elaborado. En un principio
repiten lo que oyen y usan palabras que no comprenden del todo,
pero con el paso del tiempo y a medida que se recogen experiencias
culturales, van saliendo de la aldea, cruzan las montañas
y se integran a un mundo de horizontes más amplios. Una vez
que están allá, van llamando a espíritus hermanos
a apostar por la aventura.
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