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Niña pereció al ser atacada por un perro furioso

Hace tres meses, Jorge Alejandro Chinchilla adquirió un perro de raza no determinada. Ayer volvió a casa antes de tiempo solo para encontrarse con el cuerpo destrozado de su hija. El can la mató.

Antolín Escobar
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El cuerpo de Anita, cubierto con una sábana, en una calle de la lotificación San Isidro. Foto EDH

Los gritos de dos niños estremecieron a doña María. Estaba ocupada en los quehaceres domésticos, cuando oyó dos voces que pedían ayuda. Gritaban: “Auxilio, el perro muerde a la niña”.

Esa frase le aceleró aún más el corazón y movida por sus instintos, María salió a la calle armada de escoba y palos con la idea de ayudar.

Lo que vio nunca podrá olvidarlo. “Muñeco”, un can mezcla de varias razas, atacaba a Anita, una niña de seis años, hija de una vecina.

El animal enfurecido agitaba de un lado hacia otro el cuerpecito. Sus dientes desgarraron la cabeza y parte del pecho de la menor.

La furia invadió a María, quien con fuerza arremetió contra el animal, en un esfuerzo por salvar a Anita.
A su lucha se sumó Blanca de Chinchilla, madre de la niña atacada.

Los golpes dados repetidas veces desangraron a “Muñeco”, lo atontaron, pero no impidieron que consumara su ataque.

En cuatro minutos el perro mató a Anita.

Cuando el animal soltó el cadáver, los vecinos lo arrastraron hacia un cafetal. Allí lo amarraron.
Mientras, los gritos y el llanto de Blanca se escuchaban en la calle principal de la lotificación San Isidro, del cantón del mismo nombre, de Santa Ana. Todo ocurrió al mediodía de ayer.

La investigación

Dos horas y 15 minutos después, la PNC tenía restringida el área. Un fiscal recolectaba información y el médico forense examinaba el cuerpo destrozado.

Los datos arrojados por los vecinos apuntan a que el animal fue provocado por uno de tres niños. Anita caminaba junto a David Oswaldo, su hermano mayor, y otro niño. David llevaba al perro. Los tres se dirigían hacia un palo de nance para comer fruta.

Blanca estaba como perdida en el tiempo, mientras las autoridades ejecutaban su trabajo.
El vestido de la mujer estaba empapado de sangre.

Sentada en una acera se reprochaba a sí misma, una y otra vez: “Yo traté de quitarle a mi hija al perro ingrato... pero no pude. No quiero ver más a ese animal, que lo maten”.

La Fiscalía indagará aún más el caso para determinar responsabilidades. Aparentemente, el perro tiene mezcla de razas consideradas peligrosas, como el pitbull. Tal vez lo sacrifiquen.

 

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