| |

Comentario
de la semana
Frustrado giro
Yo
creo que podemos preguntarnos cuál es el compromiso del FMLN
con la democracia de El Salvador.
Dan Fisk,
Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos
Un día después de la Carta a la nación
del FMLN, y de su subsiguiente ofensiva en los medios orientada
a potabilizar su discurso, como medulares en el ámbito
de la relación bilateral con nuestro principal socio comercial,
podrían calificarse los puntos esbozados por el arquitecto
de la política estadounidense hacia Latinoamérica
y el Caribe, Dan Fisk, al cuestionar al Frente su compromiso con
la democracia, el rumbo que desearía impregnarle al país
y su estrecha relación con Cuba.
Pareciera -dijo Fisk en referencia al FMLN- que sus discursos
vienen escritos desde La Habana.
Esto tiene especial importancia.
En primer lugar, porque fueron cuestionamientos de tipo público
los que hizo Dan Fisk en Washington, en el marco de un evento del
Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos, cuyo
tema de fondo era la adaptación de las estructuras centroamericanas
de seguridad a las amenazas del Siglo XXI. Jerárquicamente
hablando, tras haber sido el jefe de la (ex) embajadora Rose Likins,
a quien no le faltaron furibundas críticas por fijar la posición
de su gobierno en El Salvador, lo dicho por Fisk clarifica aún
más la posición de la administración estadounidense.
En segundo lugar, casualidad o no, por el momento -tiempo oportuno-
del cuestionamiento: veinticuatro horas después del lanzamiento
de la Carta a la nación del FMLN, cuyo evidente
propósito, además de moderar su discurso
-la misma mona con diferente ropaje- era dejar atrás un tema
ultra sensible para los salvadoreños y perdedor para ellos:
la relación con Estados Unidos.
Cómo no va a ser de trascendental sensibilidad la relación
con Estados Unidos, si uno de cada cuatro salvadoreños vive
en la sociedad más rica del mundo, generando mucho más
dólares que todos los que vivimos acá y, saben que:
sólo a través de una estrecha relación con
Estados Unidos, por medio de una verdadera sociedad para el desarrollo
-con la economía más fuerte del planeta-, llegará
la prosperidad a Centro América en nuestra generación
plazo.
Recuerdo una oportunidad, posterior al 15 de septiembre de 2001,
cuando Facundo Guardado me manifestó ante las cámaras
de televisión que sólo él tenía 10 primos
viviendo en Nueva York. Mejor ni pensar por este momento en cómo
quedarían los 286,000 adscritos al TPS de llegar a establecerse
relaciones diplomáticas con La Habana.
Vecinos confiables
A mi memoria vienen las palabras de un funcionario político
de la Unión Europea, durante la confusa mañana -hora
de El Salvador- del 11 de septiembre de 2001. Lo único
que sé de este día, mencionó, es
que éste es el día en el que todo cambió.
O están con nosotros, dijo días después
el presidente Bush, en el contexto de la guerra global contra el
terrorismo, o están contra nosotros.
Para decirlo en otras palabras, no se puede estar a la vez con Washington
y La Habana. Y como de manera tan clara muestra la encuesta de esta
semana de CID Gallup, y aún más el interminable flujo
migratorio hacia Estados Unidos, pues si de elegir se trata, sin
duda que optamos por el norte la inmensa mayoría de salvadoreños.
El TLC Centro América-Estados Unidos, dijo Dan Fisk en el
mencionado foro del pasado miércoles, permitirá
a las democracias centroamericanas un mejor uso de sus activos económicos,
captar inversión y, al final, dedicar más recursos
hacia el desarrollo, la educación, la salud y otras grandes
necesidades de tipo social. La administración Bush,
añadió, está comprometida con lograr
resultados de la negociación, porque creemos que el TLC será
una poderosa fuerza hacia el crecimiento y la prosperidad de la
región.
Ése es el objetivo central para lograr, a través del
TLC con Estados Unidos: prosperidad y estabilidad para la región.
Vecinos prósperos, estables, nos vuelven a su vez vecinos
confiables. Y al volvernos confiables, nos proveemos mutuamente
seguridad hemisférica.
Relaciones prósperas, estables, de buen vecino. Gana-gana
es el acuerdo que merece la región, y como pintan las cosas,
pareceríamos estar a pocos meses de lograrlo.
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de
Hoy.
|
|