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En
el Día del Maestro
UN GRAN EDUCADOR
Para
este santo, la tarea educativa se debe ocupar de los tres ámbitos
en que se relaciona la persona humana: Con Dios, con los demás
y con las cosas materiales.
En cortos ocho días, celebramos dos fiestas que, aparentemente,
tienen poca relación entre sí: hoy nos alegramos por
el Día del Maestro, y el jueves 26, la Iglesia celebrará
por primera vez la fiesta de San Josemaría Escrivá,
conocido principalmente por haber fundado el Opus Dei.
El 6 de octubre del año pasado, entre la incontable multitud
que abarrotaba la plaza de San Pedro mientras Juan Pablo II canonizaba
a Josemaría Escrivá, se daba un hecho insólito:
estaban allí presentes más de mil salvadoreños
de todos los estratos sociales. Ellos habían viajado a Roma
en esos días para agradecer, para dar testimonio, para alegrarse
con la fiesta.
Sin ser fundador de una institución cuyo fin principal sea
la educación formal, como los santos Marcelino Champagnat
o Juan Bosco, San Josemaría habló mucho de educación
a lo largo de su vida. De hecho, él mismo definió
alguna vez el Opus Dei como una gran catequesis, como
una vasta labor de formación humana y cristiana, cuya principal
misión es recordar a todos los hombres y mujeres que debemos
buscar la perfección cristiana -la unión con Dios-,
en medio de los quehaceres de cada día: en el trabajo, en
la familia, en la vida social.
Según su pensamiento: Educar consiste en realizar una
espléndida siembra de verdad: el error no sólo oscurece
las inteligencias, sino que divide las voluntades. Sólo cuando
los hombres se acostumbren a decir y a oír la verdad, habrá
comprensión y concordia. A eso vamos: a trabajar por la verdad
sobrenatural de la fe, sirviendo también lealmente todas
las parciales verdades humanas; a llenar de caridad y de luz todos
los caminos de la tierra".
La tarea de los educadores y de las educadoras tenía, en
la consideración de este santo, un gran valor, como reflejan
sus palabras a una maestra que, en cierta oportunidad, le preguntó
por su profesión: Tu profesión -le respondió-
es admirable, Jesús se hace llamar Maestro, y tú eres
también maestra de aquellos niños. ¡Fíjate
si es grande tu profesión! Tienes a tu cuidado unas almas,
que son como barro blando. Puedes poner allí tus dedos, y
plasmar tu fe, los deseos grandes que tienes de ser una cristiana
admirable, buena servidora de los demás, de tu país...
¡Tantas cosas estupendas les puedes enseñan!... Puedes
hacer una labor casi sacerdotal con tus alumnos, hija mía.
Y en otra ocasión, al preguntarle un profesor sobre la tarea
formativa con muchachos de 13 a 15 años, le decía:
Tomas a cada alma como si fuera un tesoro, y lo son, porque
cada una vale toda la sangre de Cristo, y haces lo que uno de aquellos
miniaturistas de los viejos monasterios de la Edad Media, que se
pasaba los días pintando un pajarito, una flor... Así
haces tú con esas almas.
El pedagogo de renombrado prestigio Víctor García
Hoz ha escrito que del estudio de la vida y enseñanzas del
santo Josemaría -a quien conoció personalmente- surge
una pedagogía humana sobre fundamentos divinos. Muchos
se han encargado de desarrollar la teoría y la práctica
de esa pedagogía, y han hecho surgir en todo el mundo diversas
iniciativas de educación: universidades, colegios, escuelas
técnicas, escuelas agrarias, academias, etc.
Para este santo, la tarea educativa se debe ocupar necesariamente
de los tres ámbitos en que se relaciona la persona humana:
Con Dios, con los demás y con las cosas materiales. Incumbe
la educación para la vida de trato con Dios, se debe interesar
por la educación para la convivencia con los demás
-más aún, para el amor al prójimo- y debe ser
una educación para el trabajo, para perfeccionar este mundo
en que vivimos y ganarnos el sustento propio y el de la familia.
Por eso, otro especialista, escribe que según el pensamiento
de San Josemaría: Para la eficacia de la tarea educativa,
se precisa entrega, donación personal. La educación
es obra de amor y reclama de quien educa hacer y enseñar,
ejemplo y palabra, vida y doctrina. Si no hay unidad de vida en
el maestro, resultará imposible transmitirla.
La educación es exigente: requiere el esfuerzo tenaz y sincero
por alcanzar la verdad; el compromiso de luchar honrada y lealmente
para ajustar la propia vida conforme a la verdad hallada, y la actitud
generosa de amistad, por la que se ofrece a los demás la
verdad hecha vida. Y eso es lo que hacen diariamente tantos
educadores.
¡Muchas felicidades a todos los maestros y maestras en su
día!
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario
de Hoy.
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