Turismo
 
Inicio del Sitio Sábado 21 de junio
 

 



CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
SUSCRIPCIONES
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


..OTROS SITIOS
 
 

En el Día del Maestro
UN GRAN EDUCADOR

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Para este santo, la tarea educativa se debe ocupar de los tres ámbitos en que se relaciona la persona humana: Con Dios, con los demás y con las cosas materiales.

En cortos ocho días, celebramos dos fiestas que, aparentemente, tienen poca relación entre sí: hoy nos alegramos por el Día del Maestro, y el jueves 26, la Iglesia celebrará por primera vez la fiesta de San Josemaría Escrivá, conocido principalmente por haber fundado el Opus Dei.

El 6 de octubre del año pasado, entre la incontable multitud que abarrotaba la plaza de San Pedro mientras Juan Pablo II canonizaba a Josemaría Escrivá, se daba un hecho insólito: estaban allí presentes más de mil salvadoreños de todos los estratos sociales. Ellos habían viajado a Roma en esos días para agradecer, para dar testimonio, para alegrarse con la fiesta.

Sin ser fundador de una institución cuyo fin principal sea la educación formal, como los santos Marcelino Champagnat o Juan Bosco, San Josemaría habló mucho de educación a lo largo de su vida. De hecho, él mismo definió alguna vez el Opus Dei como “una gran catequesis”, como una vasta labor de formación humana y cristiana, cuya principal misión es recordar a todos los hombres y mujeres que debemos buscar la perfección cristiana -la unión con Dios-, en medio de los quehaceres de cada día: en el trabajo, en la familia, en la vida social.

Según su pensamiento: “Educar consiste en realizar una espléndida siembra de verdad: el error no sólo oscurece las inteligencias, sino que divide las voluntades. Sólo cuando los hombres se acostumbren a decir y a oír la verdad, habrá comprensión y concordia. A eso vamos: a trabajar por la verdad sobrenatural de la fe, sirviendo también lealmente todas las parciales verdades humanas; a llenar de caridad y de luz todos los caminos de la tierra".

La tarea de los educadores y de las educadoras tenía, en la consideración de este santo, un gran valor, como reflejan sus palabras a una maestra que, en cierta oportunidad, le preguntó por su profesión: “Tu profesión -le respondió- es admirable, Jesús se hace llamar Maestro, y tú eres también maestra de aquellos niños. ¡Fíjate si es grande tu profesión! Tienes a tu cuidado unas almas, que son como barro blando. Puedes poner allí tus dedos, y plasmar tu fe, los deseos grandes que tienes de ser una cristiana admirable, buena servidora de los demás, de tu país... ¡Tantas cosas estupendas les puedes enseñan!... Puedes hacer una labor casi sacerdotal con tus alumnos, hija mía”.

Y en otra ocasión, al preguntarle un profesor sobre la tarea formativa con muchachos de 13 a 15 años, le decía: “Tomas a cada alma como si fuera un tesoro, y lo son, porque cada una vale toda la sangre de Cristo, y haces lo que uno de aquellos miniaturistas de los viejos monasterios de la Edad Media, que se pasaba los días pintando un pajarito, una flor... Así haces tú con esas almas”.

El pedagogo de renombrado prestigio Víctor García Hoz ha escrito que del estudio de la vida y enseñanzas del santo Josemaría -a quien conoció personalmente- “surge una pedagogía humana sobre fundamentos divinos”. Muchos se han encargado de desarrollar la teoría y la práctica de esa pedagogía, y han hecho surgir en todo el mundo diversas iniciativas de educación: universidades, colegios, escuelas técnicas, escuelas agrarias, academias, etc.

Para este santo, la tarea educativa se debe ocupar necesariamente de los tres ámbitos en que se relaciona la persona humana: Con Dios, con los demás y con las cosas materiales. Incumbe la educación para la vida de trato con Dios, se debe interesar por la educación para la convivencia con los demás -más aún, para el amor al prójimo- y debe ser una educación para el trabajo, para perfeccionar este mundo en que vivimos y ganarnos el sustento propio y el de la familia.

Por eso, otro especialista, escribe que según el pensamiento de San Josemaría: “Para la eficacia de la tarea educativa, se precisa entrega, donación personal. La educación es obra de amor y reclama de quien educa hacer y enseñar, ejemplo y palabra, vida y doctrina. Si no hay unidad de vida en el maestro, resultará imposible transmitirla.

La educación es exigente: requiere el esfuerzo tenaz y sincero por alcanzar la verdad; el compromiso de luchar honrada y lealmente para ajustar la propia vida conforme a la verdad hallada, y la actitud generosa de amistad, por la que se ofrece a los demás la verdad hecha vida”. Y eso es lo que hacen diariamente tantos educadores.

¡Muchas felicidades a todos los maestros y maestras en su día!

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal