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Apoyando
una candidatura
Carta abierta a Tony
Tu
juventud ha enriquecido el panorama, Tony. Y es lógico. En
este momento, ser joven no es un defecto, sino un punto de partida.
Antes que nada, perdón por la confianza. Pero es que para
quienes crecimos escuchando tu vibrante narración deportiva
resulta muy fácil llamarte así: Tony,
a secas.
Personalmente gocé al menos dos mundiales de fútbol
con tus comentarios de fondo, y todavía suena en mis oídos
la voz inconfundible de don Mauricio Saade Torres, experimentado
locutor, respetando tu entusiasmo y avalando tu derecho a hacerle
competencia.
Permíteme, pues, que te llame Tony, sin rimbombancias,
como a ti te gusta, y a partir de este primer atrevimiento, déjame
compartir contigo algunas reflexiones.
Te confieso que pensé mucho en escribirte esta misiva. Lo
más fácil habría sido llamarte por teléfono
y decirte, por lo bajito, que te apoyaba. Tal vez lo políticamente
correcto dictaba que acompañara tu decisión
con una sonrisa distante, esperando que el panorama se aclarara
mucho más para comprometer mi opinión. Sin embargo,
al igual que tú, estoy convencido de que no es hora de las
medias tintas y de que, si en realidad queremos ofrecer al país
lo mejor de nosotros, buscar nuestro provecho es cobardía.
Admito que también me asaltaron escrúpulos éticos
al redactar esta carta. Un diputado es siempre un referente partidario
de peso; su opinión, interesada o no, cuenta para mucha gente.
Por eso me pregunté varias veces si el declararme a tu favor
podría desvirtuar el proceso que el COENA ha instaurado para
elegir a nuestro candidato. No deseaba otorgar a nadie el derecho
de ensombrecer tu precandidatura aduciendo innobles favoritismos.
Luego, el COENA permitió a los diputados expresar nuestras
preferencias personales, advirtiéndonos que siempre guardáramos
el debido respeto a los contendientes y que jamás arriesgáramos
la unidad partidaria con nuestros argumentos. En otras palabras,
se nos llamó a ejercer un derecho que sólo la responsabilidad
legitima, y por eso resolví ofrecerte públicamente
mi simpatía.
Y es que, como tú mismo lo has dicho, ARENA tiene opciones
de primerísimo nivel: un vicepresidente humanista y un ex
director de policía exitoso. Dicho de otra manera, los que
simpatizamos contigo no nos vemos en la necesidad de poner en duda
las virtudes de ninguno de tus contrincantes para resaltar las cualidades
que descubrimos en ti.
La política, Tony, es un asunto serio, y por eso ha dejado
de ser labor de ungidos. Sé que lo entiendes porque en tu
discurso de lanzamiento invocaste a Dios desde el principio. Eso
prueba que no confías únicamente en tus fuerzas y
capacidades error muy frecuente en los políticos,
sino que te atreves a admitir, como Santo Tomás de Aquino,
que no hay cualidad humana sin autor.
Algunos ya empezaron a atacarte y creo que has hecho muy bien en
no defenderte atacando. Con ello evidencias la madurez que te niegan.
El reto ahora será mantenerte en esa actitud, rechazando
el enfrentamiento inútil y fortaleciendo a la familia arenera.
A fin de cuentas, sea quien sea el candidato, el proceso no será
exitoso si nos herimos previamente entre nosotros.
Me alegra que en una reciente entrevista hayas rechazado que la
política sea mala en sí misma. Yo también estoy
convencido de eso. Si sostenemos que la política criolla
no rinde los frutos que debería, debemos reconocer que sólo
hay dos tipos de culpables: los malos políticos, por un lado,
y los ciudadanos capaces y honestos que no se involucran.
Tu juventud ha enriquecido el panorama, Tony. Y es lógico.
En este momento, ser joven no es un defecto, sino un punto de partida.
Bien mirada, tu precandidatura representa a más del 50% de
la población salvadoreña. Lo importante será
demostrar que esa frescura también la tienes en el mundo
de las ideas, porque es ahí donde se nutre el estadista.
Tu promesa de concertación ha entusiasmado a muchos. Y tampoco
me extraña. Nuestro pueblo sabe que escuchar no es un honor
que los gobernantes conceden, sino un mandato que deben cumplir.
Pero también descubro en ti a alguien que advierte los peligros
que amenazan a la patria. Por eso sé que no traicionarás
los valores humanos que deben defenderse en todo momento, al precio
que sea y contra quien sea. Esa combinación de tolerancia
y firmeza, de accesibilidad y valentía, puede darte muy buenos
resultados, y está demás pedirte que te mantengas
en esa vía.
Estimulado por tu ejemplo, yo también espero dar al país
lo mejor de mí. Y como todavía estoy en edad de recibirlos,
te aseguro que no he querido darte consejos a través de estas
líneas. Mi intención ha sido, más bien, la
de darte una palmada en el hombro y decirte ¡ánimo!.
El Salvador necesita a ARENA, y ARENA necesita a salvadoreños
como tú.
*Escritor y diputado.
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