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Apoyando una candidatura
Carta abierta a Tony

Federico Hernández Aguilar*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Tu juventud ha enriquecido el panorama, Tony. Y es lógico. En este momento, ser joven no es un defecto, sino un punto de partida.

Antes que nada, perdón por la confianza. Pero es que para quienes crecimos escuchando tu vibrante narración deportiva resulta muy fácil llamarte así: “Tony”, a secas.

Personalmente gocé al menos dos mundiales de fútbol con tus comentarios de fondo, y todavía suena en mis oídos la voz inconfundible de don Mauricio Saade Torres, experimentado locutor, respetando tu entusiasmo y avalando tu derecho a hacerle competencia.

Permíteme, pues, que te llame “Tony”, sin rimbombancias, como a ti te gusta, y a partir de este primer atrevimiento, déjame compartir contigo algunas reflexiones.

Te confieso que pensé mucho en escribirte esta misiva. Lo más fácil habría sido llamarte por teléfono y decirte, por lo bajito, que te apoyaba. Tal vez lo “políticamente correcto” dictaba que acompañara tu decisión con una sonrisa distante, esperando que el panorama se aclarara mucho más para comprometer mi opinión. Sin embargo, al igual que tú, estoy convencido de que no es hora de las medias tintas y de que, si en realidad queremos ofrecer al país lo mejor de nosotros, buscar nuestro provecho es cobardía.

Admito que también me asaltaron escrúpulos éticos al redactar esta carta. Un diputado es siempre un referente partidario de peso; su opinión, interesada o no, cuenta para mucha gente. Por eso me pregunté varias veces si el declararme a tu favor podría desvirtuar el proceso que el COENA ha instaurado para elegir a nuestro candidato. No deseaba otorgar a nadie el derecho de ensombrecer tu precandidatura aduciendo innobles favoritismos.

Luego, el COENA permitió a los diputados expresar nuestras preferencias personales, advirtiéndonos que siempre guardáramos el debido respeto a los contendientes y que jamás arriesgáramos la unidad partidaria con nuestros argumentos. En otras palabras, se nos llamó a ejercer un derecho que sólo la responsabilidad legitima, y por eso resolví ofrecerte públicamente mi simpatía.

Y es que, como tú mismo lo has dicho, ARENA tiene opciones de primerísimo nivel: un vicepresidente humanista y un ex director de policía exitoso. Dicho de otra manera, los que simpatizamos contigo no nos vemos en la necesidad de poner en duda las virtudes de ninguno de tus contrincantes para resaltar las cualidades que descubrimos en ti.

La política, Tony, es un asunto serio, y por eso ha dejado de ser labor de ungidos. Sé que lo entiendes porque en tu discurso de lanzamiento invocaste a Dios desde el principio. Eso prueba que no confías únicamente en tus fuerzas y capacidades —error muy frecuente en los políticos—, sino que te atreves a admitir, como Santo Tomás de Aquino, que “no hay cualidad humana sin autor”.

Algunos ya empezaron a atacarte y creo que has hecho muy bien en no defenderte atacando. Con ello evidencias la madurez que te niegan. El reto ahora será mantenerte en esa actitud, rechazando el enfrentamiento inútil y fortaleciendo a la familia arenera. A fin de cuentas, sea quien sea el candidato, el proceso no será exitoso si nos herimos previamente entre nosotros.

Me alegra que en una reciente entrevista hayas rechazado que la política sea mala en sí misma. Yo también estoy convencido de eso. Si sostenemos que la política criolla no rinde los frutos que debería, debemos reconocer que sólo hay dos tipos de culpables: los malos políticos, por un lado, y los ciudadanos capaces y honestos que no se involucran.

Tu juventud ha enriquecido el panorama, Tony. Y es lógico. En este momento, ser joven no es un defecto, sino un punto de partida. Bien mirada, tu precandidatura representa a más del 50% de la población salvadoreña. Lo importante será demostrar que esa frescura también la tienes en el mundo de las ideas, porque es ahí donde se nutre el estadista.

Tu promesa de concertación ha entusiasmado a muchos. Y tampoco me extraña. Nuestro pueblo sabe que escuchar no es un honor que los gobernantes conceden, sino un mandato que deben cumplir.

Pero también descubro en ti a alguien que advierte los peligros que amenazan a la patria. Por eso sé que no traicionarás los valores humanos que deben defenderse en todo momento, al precio que sea y contra quien sea. Esa combinación de tolerancia y firmeza, de accesibilidad y valentía, puede darte muy buenos resultados, y está demás pedirte que te mantengas en esa vía.

Estimulado por tu ejemplo, yo también espero dar al país lo mejor de mí. Y como todavía estoy en edad de recibirlos, te aseguro que no he querido darte consejos a través de estas líneas. Mi intención ha sido, más bien, la de darte una palmada en el hombro y decirte “¡ánimo!”. El Salvador necesita a ARENA, y ARENA necesita a salvadoreños como tú.

*Escritor y diputado.

 

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