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Palabras
La permanente llama interior

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Todo estaba en silencio, pues yo era el único habitante de aquel templo perdido en la estepa.

Entré al gran salón y al final vi una llama eterna, que flameaba en el altar de algún dios desconocido. Yo sería entonces el encargado de renovarla cada día, puesto que el hombre que lo hacía antes había muerto.

Desde entonces me paso los largos días de entera soledad, manteniendo encendida la llama, aguardando el día en que aparezca por allí algún caminante para que continúe...


Día a Día

A través de los grupos, partidos y movimientos que manipula, el régimen castrista se entromete en la política interna de la mayoría de naciones hispanoamericanas. Los castristas entrenan sediciosos, mantienen agentes saboteadores en todos los países, intervienen en huelgas, dirigen acciones políticas, preparan propaganda y diseñan estrategias de desorden y violencia. Cuba ha sido el lugar de trasiego de terroristas europeos y asiáticos que se unen a las revueltas del Continente, ya sea para entrenarlos o para establecer alianzas.

En los años de la Guerra Fría, en Cuba se encontraban cabecillas de las intifadas palestinas, libios, sirios, etarras, irlandeses del IRA al igual que agentes provenientes del extinto bloque soviético. Cuba sirve de refugio a terroristas y criminales de toda laya.

En Cuba se fraguaron los primeros secuestros de aviones que hubo en el mundo, inició la industria del secuestro que ha victimizado América, se planifican y desarrollan técnicas para atentados, se refinan tácticas guerrilleras. No hay horror en el Continente cuyo origen inicial no se relacione con la Cuba de Castro.

Lo que es el régimen —dictadura y agobiante pobreza— se evidencia en una contundente realidad: en los barrios más pobres y dilapidados de las ciudades y a diferencia del resto de la América pobre, no hay ventas ambulantes. Se ve gente, pero no se ven canasteras ni carritos ni buhoneros.

No hay ventas porque se sufre escasez de todo: nada hay que vender, fuera de los cuerpos de infelices “jineteras” y jóvenes.
 

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