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¿Qué tipo de padre es usted?

En modelos de padres los hay tanto que hacen falta dedos para contarlos. Hoy conocerá un poco sobre el autoritario, el superprotector, el indiferente y el ocupado.

El Diario de Hoy
Autoritario
vida@elsalvador.com

Dice un refrán que el sargento es el amo del regimiento. En esta frase se resumen las características del modelo autoritario. El padre así es el amo de su casa. Así lo cree él. Así lo ven los demás. Y así lo tratan los suyos.

Cuando el autoritario habla, los demás no pueden hacer otra cosa más que escuchar. Le gusta mandar y que el resto obedezca. Hay que dirigirse a él con máxima educación y con un respeto absoluto.

Necesita valorarse y que valoren sus acciones a menudo y de la misma forma que un militar espera una “medalla” como máximo reconocimiento a su labor es una figura que espera el ascenso y lo vive como evaluación de su capacidad personal.

¿Cómo se siente el hijo?


Si quiere recibir atención y cariño ha de ser un sujeto disciplinado que obedece sin preguntar. Con respecto a su padre, el sentimiento más frecuente es el temor: le tiene miedo, porque el autoritario tiene fuerza y poder para castigar y lo va a usar si lo cree necesario para educar.

Superprotector

La vida junto a un padre superprotector es como saltar en un castillo inflado: por más que el hijo se caiga y golpee, difícilmente se va a hacer daño. El padre que actúa desde este modelo se encarga, hasta con su propio sacrificio, de alejar de su hijo todo mal.

Procura por todos los medios que ninguna amenaza afecte a los suyos, porque su desestabilidad hace que él se tambalee. Si un golpe lastima al hijo, a él le duele más, porque le daña en su sensación de “omnipotencia defensora”.

El superprotector actúa por él y no lo deja desarrollarse. Prefiere darle de comer a que coma solo.
¿Cómo se siente el hijo?
Quien lleva la peor parte en la educación con tintes superprotectores es el hijo, que es tratado y considerado un inútil y no sale de ese armario mental donde lo han encerrado.
Es un ser indefenso al que nunca han enfrentado con la realidad ni con los problemas. Antes de moverse hacia un lado u otro, mirará a su todopoderoso progenitor para que le dé su consentimiento.

Indiferente


No quiere saber nada de sus hijos. Sean cuales fueren las circunstancias en que el bebé ha nacido, él no asume, en absoluto, la responsabilidad ni del cuidado ni de la educación.
No existe como padre, sino solamente como un acompañante de la pareja. Su mundo no se centra en los hijos, como sería normal en un primer momento, sino que es capaz de negar su existencia para que todo siga igual.

Cree que los hijos no son tema suyo, sino de la pareja. Nunca toma una decisión sobre la educación, sino que espera que la tome ella.

¿Cómo se siente el hijo?

Debe aprender a vivir sin una de las figuras importantes en la infancia y ser huérfano de padre; esta situación lo lleva a sentirse discriminado con respecto al resto de sus compañeros, que tienen dos padres actuantes.

La parte más dura es completar las aportaciones que corresponden al padre que no está. Nacemos en una familia donde las figuras masculina y femenina se complementan, y en su caso no hay equilibrio, pues le falta un modelo.

Ocupado


Es como un torbellino de acción sin un leve respiro para la reflexión ni para el sentimiento. No siente. No se lo puede transmitir. Tiene demasiadas cosas que hacer y no puede perder el tiempo.
El contacto con él resulta distante y frío. Si es su labor y le corresponde le estrechará la mano. Pero nunca la va a retener un segundo más de la cuenta.
Con los suyos es imposible hablar de sentimientos, porque no sabe ni que existen.

¿Cómo se siente el hijo?


Para el hijo de un padre ocupado, la renuncia al universo de los sentimientos resulta dura. Hacer, trabajar, desarrollar una actividad es la única forma que tiene de acceder a su padre porque el campo sentimental está vetado.

Si desea que se le quiera ha de trabajar todo lo que pueda. Es la forma en que le van a valorar. Por eso se siente huérfano de padre que valore otras cosas y esté más en sintonía de sentimientos.
(Fuente: “El arte de ser padres”, de Miguel Ángel Conesa)

La obra
Libro: El arte de ser padres
Págs: 180
Precio: $9.03
Búsquelo en librería La Casita, Plaza San Benito, tels. 224-6103 y 224-6406

 

 

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