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Analizando
El árbol del futuro
A
estas alturas, nadie en su sano juicio puede negar que su vitalidad
actual simboliza una garantía para el futuro de miles de
salvadoreños.
El árbol de las pensiones crece fuerte y vigoroso en El
Salvador. Han pasado seis años desde su nacimiento, y sus
raíces son cada vez más firmes y profundas; ya sus
ramas se extienden con soltura en el entramado económico
y social del país, y como es natural, sus frutos proliferan
en forma vertiginosa a medida que lo abonamos periódicamente
con nuestras aportaciones y cuidados. A estas alturas, nadie en
su sano juicio puede negar que su vitalidad actual simboliza una
potente garantía para el futuro de miles de salvadoreños.
El Sistema de Ahorro para Pensiones (SAP) inició operaciones
en 1997 y desde entonces se ha convertido en una de las mejores
iniciativas políticas impulsadas al hilo del Plan de Modernización
del Estado. Las ventajas de su esquema de ahorro y capitalización
individual saltan a la vista respecto al antiguo y obsoleto sistema
de reparto: mayor ahorro, mayor inversión nacional, mayor
rentabilidad en el monto individual ahorrado, mayor experiencia
en el manejo de pensiones, sólido respaldo financiero de
grupos nacionales y extranjeros y un gran número de servicios
de atención al cliente.
Es cierto que el servicio y otras prerrogativas del SAP siempre
serán susceptibles de útiles transformaciones y mejoras
en el largo plazo, pero eso no le resta mérito alguno al
modelo vigente. Por el contrario, los índices que ha logrado
en estos años superan las expectativas iniciales: más
de un millón de afiliados, más de medio millón
de cotizantes activos, una recaudación acumulada que sobrepasa
el billón de dólares y una respetable cantidad de
beneficios otorgados a los primeros pensionados del sistema, en
especial por sobrevivencia y también por vejez. Asimismo,
es destacable la multimillonaria inversión en títulos
valores para financiar proyectos del Fondo Social para la Vivienda.
No me detendré en las cifras, más bien me interesa
valorar las favorables consecuencias que éstas le derivan
a nuestro país. En primer lugar, el fruto principal del SAP
es la alta incidencia del Fondo de Pensiones en el ahorro nacional,
con más del sesenta por ciento de su valor bruto. Este aspecto
representa una llave decisiva para asegurar la estabilidad macroeconómica
de El Salvador en los próximos decenios y, desde luego, significa
la tranquilidad financiera de las siguientes generaciones de cotizantes
y de los actuales beneficiarios del sistema. En otras palabras,
es la alcancía previsional para el futuro y un
alivio a la acuciante presión financiera estatal del pasado.
De igual modo, este fondo constituye alrededor del cincuenta por
ciento de la inversión interna bruta. Esto implica una potente
base económica para su aplicación concreta en proyectos
de desarrollo social que requieren un financiamiento estable, como
la inversión en infraestructura pública, la construcción
de viviendas y otros proyectos de raigambre social, los cuales benefician
particularmente a los sectores más vulnerables de la población
económicamente activa.
De hecho, es tan significativa la participación del fondo
previsional en los indicadores económicos salvadoreños,
que de seguro éste no tardará mucho en cruzar el umbral
del diez por ciento del PIB nacional. Un verdadero éxito
en función del tiempo recorrido, considerando que Chile lleva
más de veinte años de haber implementado la reforma
previsional y relativamente pocos meses de haber superado la cifra
mágica de cincuenta por ciento del PIB.
Por eso estoy seguro de que este sistema compensa con creces el
desembolso individual del trabajador y la aportación mensual
de los empleadores. El impedir un descalabro de grandes proporciones
en la estructura financiera nacional y el frenar la temida bancarrota
de nuestra Seguridad Social son suficientes razones para dar gracias
a Dios por una mejor perspectiva económica de los actuales
cotizantes.
En este sentido, la legislación que ampara al SAP aun
con las posibles limitaciones técnicas de la ley y las restricciones
operativas que aplica la Superintendencia de Pensiones es
muy buena en términos generales. Es justo decir que en la
medida en que el Fondo de Pensiones siga excediendo la oferta disponible
de títulos de renta fija habrá que analizar la conveniencia
de la inversión en títulos de renta variable, principalmente
aquellos que proceden del mercado de valores del país y en
el futuro también los de terceros países. No cabe
duda de que gran parte del mérito del modelo hay que adjudicárselo
a la capacidad de gestión de las AFP y de sus equipos comerciales,
particularmente CRECER y CONFÍA, que han competido ferozmente
por la preferencia de los afiliados.
Llegado a este punto, nos queda a todos la urgente tarea de impedir
que ningún discurso político se atraviese en el sano
camino de crecimiento y de desarrollo de este fabuloso sistema previsional.
Sería injusto e infame que una postura radical destrozara
las expectativas de consolidación del SAP en perjuicio de
miles de salvadoreños que tienen puesta su esperanza en recoger
dentro de unos años los merecidos frutos de su esfuerzo actual.
La sola idea de que haya veladas intenciones de talar las raíces
que lo sostienen en pie, de podar las ramas que más cobijo
prestan y de truncar los jugosos frutos que brotan de su interior
nos debe motivar activamente para preservar sano y salvo a nuestro
árbol del futuro.
*Doctorando en Comunicación Pública
de la Universidad de Navarra, España.
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