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Algo
que se debe respetar
El uso del Pabellón Nacional
Sobre
todo, porque un acto de tal naturaleza pone de manifiesto la ignorancia
de lo que representa la enseña patria.
Cuando en junio de 1944 el complot para asesinar a Hitler fracasó,
la Gestapo capturó a muchos oficiales del Ejército
comprometidos, que fueron condenados a muerte por garrote vil.
Entre los conjurados estaba el mariscal Erwin Rommel, héroe
de guerra admirado y respetado no sólo en Alemania sino también
por jefes militares enemigos, al grado que en África del
Norte el comando británico decretó penas muy severas
para aquellos militares que hicieran comentarios sobre tan excepcional
guerrero.
Para el Gobierno nazi, hacer pública la participación
de tan connotado militar en el complot y condenarlo a muerte era
inconveniente, ya que la admiración del pueblo era muy grande.
Pero tampoco podía perdonarlo.
Por consiguiente, Hitler envió una comisión de altos
jefes a Francia, donde el mariscal estaba a cargo de preparativos
de defensa para la inminente invasión al continente de parte
de los aliados, con la siguiente propuesta: Por razones de Estado
no sería ajusticiado y sepultado como el resto de oficiales.
A cambio, debía suicidarse, y el Ministerio de Propaganda
diría que había perecido en un ataque de aviones enemigos,
cuando viajaba en su vehículo en la costa de Normandía.
El Gobierno lo enterraría con honores, y su familia recibiría
la pensión y otros beneficios que la nación tenía
reservados para los distinguidos servidores de la patria.
Que se quisiera ocultar la participación y condena a muerte
de tan distinguido militar es entendible. Pero ocultar el suicidio
y hacer creer que su muerte había ocurrido en acción
de guerra, ¿por qué?
La razón es que a un soldado que se suicida no se le rinden
honores militares, disposición común en los ejércitos
del mundo entero, ya que por siglos tanto en la vida militar como
civil el suicidio se ha considerado como un acto de cobardía.
Traemos a cuentas esto porque hace unos días un oficial retirado
de nuestra Fuerza Armada que se suicidó fue llevado al cementerio
con el Pabellón Nacional sobre el ataúd y con escolta
militar durante el funeral.
Que sus compañeros de armas asistieran a su velación
y sepelio, pasa; la camaradería es natural en los cuerpos
colegiados, pero estos debieron asistir de civil y no con uniforme,
porque en el presente caso no sólo es el suicidio el que
cuenta, sino que éste ocurrió cuando autoridades hacían
un cateo a un negocio de modelos y edecanes, que nada de malo tendría,
si no tuviera como agregado cierta grabación de vídeos
pornográficos y la acusación de violación que
por el suicidio quedará sin esclarecerse en los tribunales.
El pueblo salvadoreño tiene mucho que agradecer al Ejército
Nacional, que sacrificó a tantos de sus miembros para evitar
que la agresión comunista tomara el país. Esto lo
demostró en la multitudinaria manifestación de apoyo
cuando a raíz de los Acuerdos de Paz se licenció a
muchos de sus jefes y limitó su accionar.
Pero que sus mismos miembros, sin pensar en la mancha que un compañero
con su conducta privada pone sobre el Ejército, usen la bandera
patria para cubrir su féretro, es imperdonable.
Sobre todo, porque un acto de tal naturaleza pone de manifiesto
la ignorancia de lo que representa la enseña patria.
Nos preguntamos si el Ministerio de la Defensa aprobó el
uso del Pabellón Nacional o si calladamente les haló
la oreja a quienes lo hicieron.
Hay regulaciones estrictas para el uso de la enseña patria.
Bueno sería que el Gobierno las hiciera públicas para
evitar que en una gresca en un estadio, anden personas con banderas
con el Escudo Nacional o las palabras Dios, Unión, Libertad,
que un decreto legislativo reguló desde el año 1912.
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