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En esta hora de peligro
Sólo la intercesión de María salvará a la patria

Evangelina del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Nuestra patria, familias, hijos, peligran. Nos toca ahora pelear la batalla contra el mal. María es nuestra bandera; el rosario, nuestra espada.

En marzo de 1917, Rusia es devastada por una sangrienta guerra que erradica del poder al Zar Nicolás II, ascendiendo como jefe del nuevo Gobierno, Alejandro Kerenski, que a su vez es derrocado en octubre del mismo año por Lenin, quien se afianza en el poder mediante la aniquilación de los contrarrevolucionarios.

Implanta el régimen marxista-leninista, establece la dictadura, aboliendo las recién adquiridas libertades civiles. Llama a su partido: “Partido Comunista”.

En ese mismo año, mientras se escribe esa trágica página en la historia acerca de una doctrina que al esparcirse causaría tanto sufrimiento en el mundo y por la que morirían centenares de millares de rusos durante su afianzamiento, exactamente al mismo tiempo, en un recóndito lugar, se escribe otra página diferente, importantísima en la historia de la humanidad, que traería desde entonces una esperanza de paz para este convulsionado planeta.

En un pueblecito de Portugal, Cova de Iría en Fátima, el día 13 de mayo de ese importantísimo año, 1917, dos meses exactos después de que empezara la revolución bolchevique rusa, la Virgen María se aparece a tres pastorcitos del más humilde origen. María continúa apareciéndoseles durante los próximos seis meses cada día trece, terminando dichas apariciones en octubre, fecha que coincide con el arribo al poder de Lenin y del comunismo.

En sus apariciones, la Virgen deja con los niños mensajes para la humanidad. Para octubre, María anuncia un milagro para que el mundo crea en sus mensajes. Ante esta noticia, se reúnen setenta mil personas, entre creyentes, curiosos y escépticos. Llueve, el suelo está enlodado, y la gente mojada. Repentinamente, las nubes se separan dejando ver el sol que empieza a zigzaguear, tirando luces iridiscentes. Luego, ante el grito de la asustada multitud, parece descolgarse como una enorme bola de fuego, que amenaza con aplastarlos a todos.

Después vuelve a su sitio, dejando a la empapada multitud completamente seca igual que el suelo, y la ropa irradiando luces. La descripción de este fenómeno está en la Enciclopedia Británica, testimoniada por un entonces catedrático de la Universidad de Coimbra, Portugal.

Todos los mensajes que dejara la Virgen son sumamente importantes, pero ante el grave peligro que en la actualidad amenaza a nuestra patria, deseo referirme sólo a uno, por su calidad profética.

En éste, María anuncia el fin de la Primera Guerra Mundial, pero si se continúa ofendiendo a Dios profetiza otra peor. (Así sucedió).Termina el mensaje diciendo: “Rusia esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras, dolor y muerte. Habrá persecuciones a la Iglesia, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas, pero por fin mi Inmaculado Corazón vencerá. El Papa me consagrará Rusia, que se convertirá”.

En ese momento, este mensaje era incomprensible, el zarismo acababa de terminar y no se sabía a cuáles errores se refería María. La ascensión del Partido Comunista al poder —inmediatamente después de su mensaje— fue sin duda el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía. El curso de la propagación del comunismo y el sufrimiento causado por éste por doquier —tal como hemos visto recientemente en Cuba, con la ejecución de tres ciudadanos por buscar su libertad y con el encarcelamiento de disidentes por no estar de acuerdo con el sistema— terminan de confirmar el anuncio de María.

Después de que Juan Pablo II consagrara Rusia a la Virgen, en 1984, el comunismo empieza a desintegrarse. El muro de Berlín, Rusia y multitud de gobiernos comunistas se derrumbaron.

Nuestro país, que se conservara incólume ante el avance comunista que parecía incontenible, ahora amenaza con caer, víctima de las consignas y engaños con los cuales otrora el comunismo conquistara muchos pueblos anteriormente.

Siempre en nuestro país hemos venerado a la Madre de Dios. La Virgen actúa como medianera entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. En 1917 vino a ofrecernos vencer al comunismo, pero para lograrlo nos necesita. Necesita, como pidiera entonces nuestra conversión hacia su Hijo Jesús, nuestro arrepentimiento por la impiedad y corrupción. Pide orar, ofrecer sacrificios, la comunión reparadora de los primeros sábados, rezar el rosario en familia.

Hace unos años, llegó al país la imagen de la Virgen Peregrina de Fátima. Luego, se fue.

Sorpresivamente, desde el pasado mes de diciembre, la Virgen Peregrina de nuevo se encuentran en el país. Esto no es casualidad. María ha venido a decirnos: “Estoy con ustedes”.

Juan Pablo II, en su libro “El umbral de la esperanza”, dice: “Cuando fui alcanzado por el proyectil en la Plaza de San Pedro no reparé al principio que aquel era precisamente el aniversario en que María se había aparecido a los tres niños de Fátima en Portugal”. La medalla de la Virgen que colgaba de su pecho desvió la bala dirigida al corazón.

En Nicaragua Daniel Ortega fue derrotado por Violeta Chamorro en elecciones presidenciales, con una continua cadena multitudinaria de rosarios.

Estos son irrefutables milagros de la intercesión de María. Jesús en la cruz la nombró Madre de la humanidad para protegernos. Somos sus hijos.

Nuestra patria, familias, hijos, peligran. Nos toca ahora pelear la batalla contra el mal. María es nuestra bandera; el rosario, nuestra espada; la cadena de oración del rosario, nuestra batalla.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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