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Sentido común
La razón venció a la huelga

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La creación de una nueva fuerza política que nazca de la moderación es una tarea impostergable para los sectores políticos criollos. El país necesita una alternancia sensata.

Hace un año, el Seguro Social era el feudo de un grupo de sindicalistas y médicos que hacían y deshacían a su real y santa gana.

El resultado de semejante despelote era eso, justamente, lo que todos ya sabemos, un monumental desorden en el que ganaban unos pocos —el clan de sindicalistas y médicos privilegiados— y perdíamos unos muchos —los trabajadores, los empresarios y los buenos empleados del Seguro—. Amparaba el desorden el estribillo de “la no privatización de la salud”. Sí, el estribillo, y luego lo otro, lo que se decía que este asunto “no era político” . ¡Je! ¿Apolítico? ¿Cómo así, Dr. Marinero y Dr. Mata?

Por el otro lado, por el lado del Ejecutivo, los asuntos tampoco se hervían bien. Sobrado como andaba el Gobierno por esos días, pretendió imponer una propuesta de “salud previsional” totalmente inconsulta, que a la postre vino a convalidar lo que decían los sindicalistas, que el gobierno quería privatizar la salud.

Al final, el mamotreto se convirtió en la fuente de los mayores dolores de cabeza de esta administración. Quienes sugirieron tan brillante idea aún deben unos cuantos puntos de popularidad al Presidente.

Así las cosas, y después de ocho largos meses de huelga y agitación social, el conflicto ha terminado. Ahora, el Gobierno podrá respirar tranquilo, se ha quitado un enorme y colorado crustáceo de las posaderas.

Los sindicalistas también, ya les viene el pistillo de ocho meses no trabajados y el reinstalo a sus puestos de trabajo. Muy bien. Santa paz. Claro, pero... y el resto, digo, los que retrasaron sus tratamientos y se les complicó la enfermedad, los que se murieron, los que fueron víctimas de la agitación callejera, los médicos que trabajaron bajo insultos y presiones, los millones de dólares que perdió el país en esta triste historia, etc. A ver, ¿y quién compensa todos estos daños, si es que esto se puede compensar?

Las lecciones de este conflicto abundan. Algunas son obvias: el gremio médico necesita despolitizarse —por hoy, la manera más fácil de hacerse de una candidatura en el FMLN es ser presidente del Colegio Médico de El Salvador—, el Gobierno jugar más limpio con lo que le ofrece al país y los partidos políticos aprender a no manosear el dolor de la gente.

Otras, no lo son tanto: el rol de pseudo organizaciones sociales como las que vimos azuzando este conflicto, organizaciones que a la postre resultaron ser puros apéndice partidarios; la necesidad de fortalecer el rol analítico y crítico de los medios de comunicación, universidades, gremiales, empresariales, asociaciones profesionales y tanques de pensamiento, en coyunturas como la pasada; la necesidad de políticos que tengan desconectado el hígado del cerebro, pero el cerebro conectado a las gónadas, es decir, de políticos pensantes con suficiente criterio propio y gallardía para nadar contracorriente.

La necesidad de una fuerza política despolarizante en el país ha quedado plenamente evidenciada en la solución a la crisis de salud. Conviene no olvidar que el abracadabra que puso fin a esta huelga vino del centro y que la criatura que hoy todos chinean tiene padre: el diputado democristiano Rodolfo Parker.

Recordemos que Parker fue el legislador que hace unas semanas, cuando todo parecía frito y salcochado, se jugó el pellejo por la opción del diálogo. Pese a que su actitud le granjeó críticas e insultos, el diputado verde respondió con cabeza y gallardía. Y torció la discusión hacia el lado de la concertación.

Luego se le unió el CDU, que manejó doble agenda hasta que se convenció de que la solución no estaba en atar cabos ni en doblarle el brazo a nadie, sino en conversar y dialogar como las personas. Así, entonces, se llegó a lo que se llegó. Esta vez la mezquindad y el oportunismo dejaron fuera a efemelenistas y pecenistas.

La creación de una nueva fuerza política que nazca de la moderación es una tarea impostergable para los sectores políticos criollos. El país necesita construir una alternancia sensata que genere estabilidad y confianza, que catalice posiciones extremas, que haga aterrizar a las cabezas norteadas y a los corazones voluptuosos. Polarizar El Salvador, aunque a algunos les produzca réditos personales, no es negocio alguno.

Al final perderemos todos. Ya lo hemos visto en el caso de la salud en el que ni ARENA ni el FMLN, con todo y sus argumentos, estrategias y aliados, pudieron parar la crisis.

Hoy, entonces, ha ganado la razón, la sensatez y la madurez política. Ojalá que ese asunto de razonar las cosas contagie a más gente.

*Cirujano dentista y columnista de El Diario de Hoy.

 

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