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Sentido
común
La razón venció a la huelga
La
creación de una nueva fuerza política que nazca de
la moderación es una tarea impostergable para los sectores
políticos criollos. El país necesita una alternancia
sensata.
Hace un año, el Seguro Social era el feudo de un grupo de
sindicalistas y médicos que hacían y deshacían
a su real y santa gana.
El resultado de semejante despelote era eso, justamente, lo que
todos ya sabemos, un monumental desorden en el que ganaban unos
pocos el clan de sindicalistas y médicos privilegiados
y perdíamos unos muchos los trabajadores, los empresarios
y los buenos empleados del Seguro. Amparaba el desorden el
estribillo de la no privatización de la salud.
Sí, el estribillo, y luego lo otro, lo que se decía
que este asunto no era político . ¡Je!
¿Apolítico? ¿Cómo así, Dr. Marinero
y Dr. Mata?
Por el otro lado, por el lado del Ejecutivo, los asuntos tampoco
se hervían bien. Sobrado como andaba el Gobierno por esos
días, pretendió imponer una propuesta de salud
previsional totalmente inconsulta, que a la postre vino a
convalidar lo que decían los sindicalistas, que el gobierno
quería privatizar la salud.
Al final, el mamotreto se convirtió en la fuente de los mayores
dolores de cabeza de esta administración. Quienes sugirieron
tan brillante idea aún deben unos cuantos puntos de popularidad
al Presidente.
Así las cosas, y después de ocho largos meses de huelga
y agitación social, el conflicto ha terminado. Ahora, el
Gobierno podrá respirar tranquilo, se ha quitado un enorme
y colorado crustáceo de las posaderas.
Los sindicalistas también, ya les viene el pistillo de ocho
meses no trabajados y el reinstalo a sus puestos de trabajo. Muy
bien. Santa paz. Claro, pero... y el resto, digo, los que retrasaron
sus tratamientos y se les complicó la enfermedad, los que
se murieron, los que fueron víctimas de la agitación
callejera, los médicos que trabajaron bajo insultos y presiones,
los millones de dólares que perdió el país
en esta triste historia, etc. A ver, ¿y quién compensa
todos estos daños, si es que esto se puede compensar?
Las lecciones de este conflicto abundan. Algunas son obvias: el
gremio médico necesita despolitizarse por hoy, la manera
más fácil de hacerse de una candidatura en el FMLN
es ser presidente del Colegio Médico de El Salvador,
el Gobierno jugar más limpio con lo que le ofrece al país
y los partidos políticos aprender a no manosear el dolor
de la gente.
Otras, no lo son tanto: el rol de pseudo organizaciones sociales
como las que vimos azuzando este conflicto, organizaciones que a
la postre resultaron ser puros apéndice partidarios; la necesidad
de fortalecer el rol analítico y crítico de los medios
de comunicación, universidades, gremiales, empresariales,
asociaciones profesionales y tanques de pensamiento, en coyunturas
como la pasada; la necesidad de políticos que tengan desconectado
el hígado del cerebro, pero el cerebro conectado a las gónadas,
es decir, de políticos pensantes con suficiente criterio
propio y gallardía para nadar contracorriente.
La necesidad de una fuerza política despolarizante en el
país ha quedado plenamente evidenciada en la solución
a la crisis de salud. Conviene no olvidar que el abracadabra que
puso fin a esta huelga vino del centro y que la criatura que hoy
todos chinean tiene padre: el diputado democristiano Rodolfo Parker.
Recordemos que Parker fue el legislador que hace unas semanas, cuando
todo parecía frito y salcochado, se jugó el pellejo
por la opción del diálogo. Pese a que su actitud le
granjeó críticas e insultos, el diputado verde respondió
con cabeza y gallardía. Y torció la discusión
hacia el lado de la concertación.
Luego se le unió el CDU, que manejó doble agenda hasta
que se convenció de que la solución no estaba en atar
cabos ni en doblarle el brazo a nadie, sino en conversar y dialogar
como las personas. Así, entonces, se llegó a lo que
se llegó. Esta vez la mezquindad y el oportunismo dejaron
fuera a efemelenistas y pecenistas.
La creación de una nueva fuerza política que nazca
de la moderación es una tarea impostergable para los sectores
políticos criollos. El país necesita construir una
alternancia sensata que genere estabilidad y confianza, que catalice
posiciones extremas, que haga aterrizar a las cabezas norteadas
y a los corazones voluptuosos. Polarizar El Salvador, aunque a algunos
les produzca réditos personales, no es negocio alguno.
Al final perderemos todos. Ya lo hemos visto en el caso de la salud
en el que ni ARENA ni el FMLN, con todo y sus argumentos, estrategias
y aliados, pudieron parar la crisis.
Hoy, entonces, ha ganado la razón, la sensatez y la madurez
política. Ojalá que ese asunto de razonar las cosas
contagie a más gente.
*Cirujano dentista y columnista de
El Diario de Hoy.
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