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La
nota del día
Revueltas populares contra el comunismo
Pese a los muchos años de sufrir lavados del cerebro y ser
indoctrinados para crear al nuevo hombre socialista,
en todos ardía el fuego de la libertad.
Se cumplen hoy cincuenta años del levantamiento popular
en Alemania oriental contra los comunistas, gesta que fue aplastada
a sangre y fuego por tanques soviéticos. Desde la ocupación
de Alemania por los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial,
los rusos establecieron una dictadura comunista que rápidamente
tomó control del oriente del país e impuso un régimen
totalitario, pisoteando todas las libertades y derechos.
La revuelta, que un mundo atónito vio en noticieros, oyó
por la radio y leyó en periódicos y publicaciones
diversas, demostró la falsedad de la propaganda soviética:
los trabajadores, en cuyo nombre se había fundado la República
Popular de Alemania, se rebelaron y desafiaron a las fuerzas de
ocupación rusas y a su régimen títere. Jóvenes
estudiantes, trabajadores y empleados, con el pleno respaldo de
la población, se tomaron las calles y atacaron a pedradas
a la policía comunista, los vopos. El régimen
se salvó por la intervención de los tanques soviéticos
y la orden de disparar sin piedad contra los alzados. Se desconoce
el número de víctimas que en esas fechas murió
por la libertad.
Menos de diez años más tarde, para detener el éxodo
de personas que como podían abandonaban la gloriosa
república de obreros y campesinos, los rojos construyeron
el Muro de Berlín, que separó al bloque comunista
del resto del mundo. Este muro de la infamia, una frontera física
de alambradas, fosas, muros y emplazamientos de ametralladoras y
cañones, se extendió desde el Ártico hasta
el mar Caspio, creando una gigantesca cárcel. En 1989 el
muro se desplomó, revelando en toda su patética dimensión
la pobreza y el desastre del experimento socialista.
El alzamiento del 17 de junio en Alemania, fue la primera de similares
revueltas en todos los países dominados por los comunistas.
Todas fueron sofocadas por el terror: la de Hungría, la de
Checoeslovaquia, las de Polonia y las menores que sacudieron a Bulgaria,
Rumanía y las naciones bálticas. Lo más significativo
es que los alzados eran, mayoritariamente, estudiantes y trabajadores.
Pese a los muchos años de sufrir lavados del cerebro y ser
indoctrinados para crear al nuevo hombre socialista,
en todos ardía el fuego de la libertad. Como también
arde en el corazón de los cubanos, en el pecho de los venezolanos
y en el de los chinos, como pudo verse en los incidentes de Tianamen.
Espías, palizas, cárcel y paredón
Los alzamientos fueron provocados por la falta de libertades, por
la presencia permanente de la policía política, por
la censura, por el espionaje a la población, por las sofocantes
regulaciones y racionamientos. En esos años de la postguerra,
Alemania Oriental no estaba mucho peor que España o Italia
en cuanto a conseguir alimentos, empleo o artículos de consumo.
La diferencia espantosa era la falta de libertades, la opresión
total que caracteriza a las dictaduras comunistas.
No hay un caso en la historia del Siglo XX en que los comunistas
tomen el poder sin que impongan de inmediato un régimen de
persecución, asesinatos políticos, cárceles,
racionamientos, mordaza y control. Inician con la red de espías
en barrios, fábricas, empresas y centros educativos. A las
delaciones siguen las palizas, los encarcelamientos y el paredón,
hasta controlar la vida de la gente.
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