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Casos de violación están en suspenso

Sonsonate. Las mujeres y niñas en Juayúa viven atemorizadas. Sujetos y grupos de antisociales las acechan a diario y atacan. Para colmo, las investigaciones en torno al tema están en el limbo.

Érika Prado
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
La comunidad “Arco Iris”, en el cantón Cantarrana, en Santa Ana, es una de las más necesitadas de esa región.
Foto EDH

El 22 de mayo de 2003, Carmen terminó sus labores diarias y decidió visitar el cantón La Unión, de Juayúa, a escasos kilómetros de La Majada. Recibió una oferta para adquirir un terreno en ese sector que le pareció atractiva. Antes de decidirse a comprarlo, pensó en apreciar el inmueble.

A las 5:30 de la tarde, la joven caminaba entre dos hileras de pequeñas casas, en una de las comunidades de La Unión.

Un sobresalto cambió con brusquedad sus intenciones. Atrás de ella, a menos de un metro, la respiración de un hombre desató su miedo más íntimo.

En segundos, el extraño la tomó con fuerza por la cintura y la levantó del suelo. Con una de sus manos, tapó la boca de Carmen para impedir que gritara. Luego, besó con fuerza la nuca de su víctima.

La joven aterrorizada respondió a sus instintos. Con sus uñas, desgarró los brazos y el cuello de su agresor.
La resistencia que ofreció Carmen provocó temores en el desconocido. Así como apareció, escapó. Víctima y victimario corrieron hacia rumbos distintos: él buscaba huir, ella quién le auxiliara.

Carmen logró su objetivo al salir a la pavimentada. Allí interceptó a un vecino que circulaba en bicicleta y le pidió acompañarla fuera del cantón. Ya en casa, lloró y batalló con sus nervios destrozados por la agresión sexual de la que fue víctima.

La idea de recurrir a las autoridades para denunciar el hecho recorrió varias veces su mente. Antes, decidió acudir a una amiga.

¿Le gustó?

El apoyo moral que recibió fue suficiente para visitar el puesto policial de la región. Llegó un día después de los hechos.

“Si no se decidió a venir antes, fue porque le gustó”, espetó el agente que recibió la denuncia de Carmen.
Esa respuesta bastó para que la joven perdiera la poca confianza que tenía en el sistema. En ese momento, volvió de golpe a su mente el instante en que fue atacada. Recordó que aquel hombre vestía camisa azul oscuro y cubría su rostro con un gorro pasamontañas. “Tuve suerte”, se dijo a sí misma imaginando las intenciones del sujeto.

Ella es una de las mujeres y niñas que han sufrido agresiones sexuales y violaciones en la zonas rurales de Juayúa, en lo que va del año.

No muy lejos de donde Carmen fue agredida, en la finca El Pacayal del cantón La Majada, dos mujeres fueron ultrajadas por un grupo de cuatro sujetos armados con cuchillos y pistolas, y los rostros cubiertos. Las violaron el 2 de mayo de 2003, en el interior de la casa donde habitan.

Ellas denunciaron el vejamen e incluyeron en su declaración que los delincuentes portaban cuchillos para destazar ganado y despedían un fuerte olor a bebidas alcohólicas. Poco saben de las pesquisas.
Tres días antes del doble crimen, el 29 de abril, en el cantón La Unión, dos escolares fueron interceptadas por un extraño que las indujo a acompañarlo a buscar leña, alegando que la maestra le sugirió llevarlas a ambas.

Eran las 7:00 de la mañana, cuando el hombre las condujo al interior de un cafetal. Allí golpeó en el pecho a la menor de nueve años y la otra niña escapó.

El sujeto logró su objetivo: violó a la pequeña, mientras la amenazaba con un machete.

Indignada, la madre de la víctima interpuso la denuncia y aún espera resultados.

La PNC tiene registrados cuatro casos de agresiones contra mujeres. Tres violaciones y una agresión sexual.

Sin detalles

La Unidad del Menor y la Mujer de la subregional de la Fiscalía en Sonsonate, conoce de igual número de casos.

Al parecer, en ambas entidades las pistas recolectadas son insuficientes para individualizar a los responsables.

En el Ministerio Público Fiscal, Salvador Martínez, jefe de la Unidad de Comunicaciones, indicó que las investigaciones están en marcha y que es mínimo lo que se puede decir de ello. “No queremos entorpecer la investigación”, enfatizó.

Para las víctimas, los días transcurren y la fe de ser testigo de la condena de sus agresores es cada vez más remota.

Una empleada que fue violada en mayo, en el barrio El Calvario, decidió guardarse la humillación y escapar de su pueblo natal. ¡Denunciar el crimen! Nunca.

Son condenables
Los ciudadanos juayuenses opinan sobre el tema de las violaciones contra mujeres y niñas. La mayoría está a favor de sanciones radicales.
“El rencor de ver a mi hija abusada, me haría recorrer cielo y tierra para que la ley castigue al culpable...”
Patricio Velásquez
Ciudadano
“Para un delito así no hay cárcel que haga pagar al culpable. Es repudiable. La ley debería ser más severa”.
Guadalupe Recinos
Ciudadana
“Para los violadores debería existir la pena de muerte. Es algo abominable que marca a la persona y a su familia”.
Francisco Guerra
Ciudadano
 

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