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Palabras
Subiendo la cima de la estrella

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Guiándose por la estrella de su noche, de su navegante sino, Jasón, el pescador de estrellas, logró volver al puerto aquel, a la orilla de un mundo sin nombre y de un mar sin edad, por donde todos iban y llegaban; de paso, ya no volvían, por donde se iban hombres y veleros a buscar el día de amor.

Aquella estrella le había salvado. Llegó a la playa y siguió el rastro de la luz, hasta subir a una cima desde donde la estrella quedaba muy cercana. Penoso se le hizo subir y, estando allá, quedó deslumbrado ante tanta belleza. Estaba tan cerca a su ideal; ante él, que quedó inmóvil, sin saber qué hacer.

Era realmente hermoso ver desde tan cerca una estrella. Poder poseer el mundo sin tocar nada; poder poseer la estrella, el arco iris, el ave en vuelo, el horizonte sin llegar ni siquiera a tocarles con las manos.

Estando arriba, en la cumbre llena de heroicidad, pero también de frío, ya no supo qué hacer ante su abuelo. Cortó la estrella del árbol más alto de aquella noche y, echándola al morral, se fue a su casa y, por los agujeros del zurrón, se le escapaba en chorros la plata de la luz de la estrella.

Escondiéndose en las sombras de la noche, con su pecado a cuestas, llegó hasta la casa de un traficante de estrellas, dispuesto a deshacerse del objeto y evidencia de su delito... “Imposible poseer quimeras se dijo: sólo es de reyes poder poseer estrellas. Será mejor venderla”.


Dia a Dia

La huelga que se realizó en el Seguro Social encaja con el plan general de desorden callejero, desestabilización de las instituciones, odio de clases y violencia con que los comunistas buscan un triunfo en las elecciones.

A esto se agregan, como bien sabemos, los cánticos de esperanza y promesas con los cuales terminan por halagar y adormecer a los incautos. No importa que en ninguna parte del mundo exista un régimen comunista donde la pobreza, los racionamientos, las mordazas y la persecución policial no sean el destino de los desdichados súbditos.

Tal es la desgracia que cae sobre los pueblos, que tan pronto los comunistas se hacen del poder, comienza el éxodo desesperado: los alemanes orientales cruzando alambradas, los vietnamitas huyendo en frágiles barcazas y los cubanos intentando salir a nado. Nuestras ciudades se llenaron de pobladores rurales que huían de la guerrilla durante los años de agresión armada.

 

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