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Opinando
Desarrollo y equidad: nuevo nombre de la paz

María Teresa de Jovel*
Editorial
editorial@elsalvador.com

Habría que buscar una mentalidad más sensible, en la que exista un verdadero respeto por la justicia para poder llegar a una paz verdadera.

El desarrollo y la equidad son dos cuestiones que han adquirido importancia mundial, precisamente porque sin ellas es muy difícil que pueda haber paz en los pueblos. La exigencia de justicia puede ser satisfecha -precisamente- sólo por medio del desarrollo integral de los pueblos y la equidad en la distribución de los bienes. Si no se atiende esta exigencia, se favorece el surgimiento de la violencia o del autoritarismo, como lo vemos en muchos pueblos en que el populismo ha sustituido a la democracia y la libertad, que son elementos necesarios para el desarrollo.

Los pueblos sometidos al populismo, que no ofrece más que “promesas” que después no se pueden cumplir, se vuelcan fácilmente a la violencia y la anarquía. Y la violencia genera más violencia.

Es conveniente ir por un plano inclinado que, poco a poco, lleve al desarrollo equitativo. Buscar la sabiduría para entender los caminos correctos, aunque sean lentos. Examinarnos para poder encontrar la manera en que cada ciudadano puede contribuir a este desarrollo. Practicar la paciencia para dar el tiempo necesario a que nuestras instituciones, democráticamente elegidas, enmienden errores, pongan en práctica sus planes de desarrollo y busquen soluciones más adecuadas.

Cuando se recurre a la violencia es porque no se tienen argumentos válidos y contundentes para convencer y conseguir lo que se persigue.
¿Qué pasa en nuestro querido país? En el último año hemos visto cómo se quieren conseguir fines sólo a través de la violencia. Si “el desarrollo y la equidad” son el nuevo nombre de la paz, la violencia es el mayor enemigo de ella y de la democracia y la libertad de los pueblos.

Sin embargo, también tendríamos que pensar, para el desarrollo equitativo, en algunos supuestos básicos de justicia, que todavía no se llevan a la práctica.

El concepto de desarrollo sólo para satisfacer las necesidades de bienes materiales no es completo si en esa acción no se presta atención al sufrimiento, a la ignorancia y a las necesidades de tantos, y si sólo favorece a una minoría. El egoísmo, lo mismo que la violencia, es -entre otros- el origen de las confrontaciones y de las guerras.

Por el contrario, en una sociedad en la que predomine la preocupación por el desarrollo espiritual y humano de todos, y en que exista una equitativa distribución de los bienes -en lugar de la búsqueda del provecho de pocos-, la paz sería posible como fruto de una justicia más perfecta entre los hombres.

Habría que buscar una mentalidad más sensible, en la que exista un verdadero respeto por la justicia para poder llegar a una paz verdadera.

El contexto social en que actualmente vivimos en El Salvador es preocupante. La esperanza de un desarrollo equitativo no se ha alcanzado. La violencia ha sustituido al diálogo, a la tolerancia, a los acuerdos y consensos. Quizá este lenguaje pueda parecer un poco dramático, pero sólo busca subrayar el peso de la situación y proponer a la conciencia de TODOS la obligación urgente de contribuir a resolverla.

Sin embargo, hay que ser optimistas, no perdamos la esperanza y la ilusión de trabajar por una patria mejor y más justa. Podemos todos juntos subsanar muchas de las situaciones candentes en nuestro país. Podemos ayudar a superar el retraso cultural y económico de muchos de nuestros compatriotas. Podemos buscar cuáles son los mecanismos y las infraestructuras necesarias para asistirlos en el proceso de desarrollo y superación de sus actuales circunstancias, comenzando por la educación y la equidad del desarrollo. Cada uno trabajando y ayudando en el campo que le corresponde.

Hay que profundizar en los problemas planteados. Pensar en: ¿cómo puedo YO contribuir a los esfuerzos por encontrar iniciativas válidas y valiosas, sumar mi trabajo para conseguir la mayoría de las acciones necesarias y ayudar a nuestra patria en estos momentos tan importantes?
Por eso, he querido llamar la atención -como lo están haciendo otras voces que sólo quieren la libertad y la democracia de nuestro país- sobre la importancia de apoyar iniciativas que -a corto, mediano y largo plazo- consigan para el país un desarrollo equitativo -sin populismos- basado en el bien común, sin violencia ni lucha de clases. Un país de hermanos, en que trabajemos y nos respetemos como hermanos, y en el que nuestro principal objetivo debe ser la PAZ.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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