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Opinando
Desarrollo y equidad: nuevo nombre de la paz
Habría
que buscar una mentalidad más sensible, en la que exista
un verdadero respeto por la justicia para poder llegar a una paz
verdadera.
El desarrollo y la equidad son dos cuestiones que han adquirido
importancia mundial, precisamente porque sin ellas es muy difícil
que pueda haber paz en los pueblos. La exigencia de justicia puede
ser satisfecha -precisamente- sólo por medio del desarrollo
integral de los pueblos y la equidad en la distribución de
los bienes. Si no se atiende esta exigencia, se favorece el surgimiento
de la violencia o del autoritarismo, como lo vemos en muchos pueblos
en que el populismo ha sustituido a la democracia y la libertad,
que son elementos necesarios para el desarrollo.
Los pueblos sometidos al populismo, que no ofrece más que
promesas que después no se pueden cumplir, se
vuelcan fácilmente a la violencia y la anarquía. Y
la violencia genera más violencia.
Es conveniente ir por un plano inclinado que, poco a poco, lleve
al desarrollo equitativo. Buscar la sabiduría para entender
los caminos correctos, aunque sean lentos. Examinarnos para poder
encontrar la manera en que cada ciudadano puede contribuir a este
desarrollo. Practicar la paciencia para dar el tiempo necesario
a que nuestras instituciones, democráticamente elegidas,
enmienden errores, pongan en práctica sus planes de desarrollo
y busquen soluciones más adecuadas.
Cuando se recurre a la violencia es porque no se tienen argumentos
válidos y contundentes para convencer y conseguir lo que
se persigue.
¿Qué pasa en nuestro querido país? En el último
año hemos visto cómo se quieren conseguir fines sólo
a través de la violencia. Si el desarrollo y la equidad
son el nuevo nombre de la paz, la violencia es el mayor enemigo
de ella y de la democracia y la libertad de los pueblos.
Sin embargo, también tendríamos que pensar, para el
desarrollo equitativo, en algunos supuestos básicos de justicia,
que todavía no se llevan a la práctica.
El concepto de desarrollo sólo para satisfacer las necesidades
de bienes materiales no es completo si en esa acción no se
presta atención al sufrimiento, a la ignorancia y a las necesidades
de tantos, y si sólo favorece a una minoría. El egoísmo,
lo mismo que la violencia, es -entre otros- el origen de las confrontaciones
y de las guerras.
Por el contrario, en una sociedad en la que predomine la preocupación
por el desarrollo espiritual y humano de todos, y en que exista
una equitativa distribución de los bienes -en lugar de la
búsqueda del provecho de pocos-, la paz sería posible
como fruto de una justicia más perfecta entre los hombres.
Habría que buscar una mentalidad más sensible, en
la que exista un verdadero respeto por la justicia para poder llegar
a una paz verdadera.
El contexto social en que actualmente vivimos en El Salvador es
preocupante. La esperanza de un desarrollo equitativo no se ha alcanzado.
La violencia ha sustituido al diálogo, a la tolerancia, a
los acuerdos y consensos. Quizá este lenguaje pueda parecer
un poco dramático, pero sólo busca subrayar el peso
de la situación y proponer a la conciencia de TODOS la obligación
urgente de contribuir a resolverla.
Sin embargo, hay que ser optimistas, no perdamos la esperanza y
la ilusión de trabajar por una patria mejor y más
justa. Podemos todos juntos subsanar muchas de las situaciones candentes
en nuestro país. Podemos ayudar a superar el retraso cultural
y económico de muchos de nuestros compatriotas. Podemos buscar
cuáles son los mecanismos y las infraestructuras necesarias
para asistirlos en el proceso de desarrollo y superación
de sus actuales circunstancias, comenzando por la educación
y la equidad del desarrollo. Cada uno trabajando y ayudando en el
campo que le corresponde.
Hay que profundizar en los problemas planteados. Pensar en: ¿cómo
puedo YO contribuir a los esfuerzos por encontrar iniciativas válidas
y valiosas, sumar mi trabajo para conseguir la mayoría de
las acciones necesarias y ayudar a nuestra patria en estos momentos
tan importantes?
Por eso, he querido llamar la atención -como lo están
haciendo otras voces que sólo quieren la libertad y la democracia
de nuestro país- sobre la importancia de apoyar iniciativas
que -a corto, mediano y largo plazo- consigan para el país
un desarrollo equitativo -sin populismos- basado en el bien común,
sin violencia ni lucha de clases. Un país de hermanos, en
que trabajemos y nos respetemos como hermanos, y en el que nuestro
principal objetivo debe ser la PAZ.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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