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El Salvador en perspectiva
Frente unido antitotalitario

Mario Rosenthal*
Editorial
mrelsalv@navegante.com.sv

Dudamos que la izquierda tenga suficiente apoyo para ganar la presidencia.

La amenaza de una posible victoria del FMLN en los comicios presidenciales del año entrante ha asustado a los salvadoreños pensantes, que temen una repetición de las radicales reformas de los duartistas (1980).

Como muy bien lo expresó Shakespeare en la oración fúnebre a Julio César, al decir que “el bien que hace un hombre a menudo se entierra con los huesos, pero el mal persiste por muchas generaciones”. Y eso que Duarte era una especie de socialista, con su comunitarismo, y manipulado por los funcionarios más extremos del Departamento de Estado, puso al país de cabeza con la expropiación de las mejores tierras del país, la nacionalización de los bancos y del comercio exterior.

En cambio, el candidato que el totalitarismo del FMLN ha impuesto es un veterano comunista ortodoxo, de los que ya han desaparecido la antigua Unión Soviética y que sólo perduran en Cuba, China continental y Corea del Norte.

Tienen razón los conservadores de preocuparse, es decir, la sólida masa de salvadoreños que con su trabajo e inversión sostiene la economía del país, ya que la única reforma más radical que las que hizo Duarte sería abolir del todo el derecho a la propiedad privada, como se hizo en Rusia en 1917 y que toda propiedad urbana y rural, medios de producción, construcción y organización financiera y todas las instituciones de servicio al publico sean propiedad de y manejadas por el Estado.

De las declaraciones del precandidato del FMLN nos parece que esto es lo que tiene en mente: Revertir las privatizaciones y cancelar el curso legal del dólar. Aborrece las privatizaciones porque su pensamiento antediluviano no alcanza a comprender los beneficios de una economía de mercado, que tiene la virtud de corregir sus errores sin intervención del Estado.

FALSA PREMISA: No creemos que los radicales tengan suficiente apoyo popular para ganar la presidencia en la primera ronda, ni en la segunda, ni nunca. Una cosa es imponerse a la apatía y desconfianza de los salvadoreños hacia el proceso electoral y entregar alcaldías que los vecinos bien saben serán explotadas por las fuerzas pueblerinas de pequeños grupos, que favorecen intereses personales y partidistas por décadas, o apoyar a desconocidos escogidos por “el partido” para diputados de la Asamblea Legislativa, y otra cosa es ganar la confianza del alto porcentaje de los necesitados que saben muy bien que el FMLN sólo es la bulla y las banderas rojas, y que nunca han hecho nada para beneficiar al pueblo y, al contrario, se ha prestado a toda clase de abusos para favorecer a sus pocos allegados en la distribución de nombramientos y oportunidades para lucrar. Igual ha sido la falta de equidad en el reparto de la ayuda oficial y extranjera.

No obstante, las tendencias públicas son difíciles, mejor dicho imposibles de predecir y, por lo consiguiente, no se debe dejar nada al azar. Por eso aconsejamos a las fuerzas legítimas de la derecha que se encuentran divididas hacer a un lado las ambiciones partidistas y personales y presentar un frente unido antisocialista (antitotalitario), el cual represente a la mayoría de los salvadoreños, que en su conjunto excede por mucho a las minorías de resentidos sociales, fracasados y oportunistas que conforman los grupos radicales.

Toda la sangre que se vertió durante los años perdidos de la insurrección fue en vano. Los propios excombatientes que portaron armas se han dado cuenta de que algunos de sus ex compañeros se enriquecieron con las ventas de las armas que no entregaron y dineros que escondieron. Sus sacrificios fueron aprovechados por unos pocos dirigentes, mientras que la mayoría ha seguido sufriendo penalidades, iguales o peores que los que pade- cían antes de que partieran para la montaña, para componer el mundo y no compusieron nada.

Repetimos que dudamos que la izquierda tenga suficiente apoyo para ganar la presidencia, pero lo más juicioso es que la derecha presente un frente unido y se olvide de sus ambiciones mezquinas.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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