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Ejemplos a seguir
Desde Valencia

Pedro Roque*
Editorial
editorial@elsalvador.com

¿No le estarán negando por burocracia o corrupción un futuro más seguro a muchos niños salvadoreños desamparados?... Ojalá que no.

Observando las conductas espontáneas de la gente, fácilmente concluyo sobre los cambios que aún nos faltan en El Salvador.

Primero, sobre la cultura del reciclaje: Hace quince años era difícil imaginarse aquí que la cultura, entendida como los hábitos y buenas prácticas, podía cambiar en un plazo tan corto, pues quince años representan sólo un poco menos del 25% de la esperanza de vida del ciudadano normal.

A lo largo de toda la ciudad, a una distancia de doscientos metros, unos de otros, hay grupos de diferentes contenedores, colocados ordenadamente junto a la acera, destinados a la recolección de los distintos tipos de residuos domésticos. Hay cuatro tipos de contenedores, según los cuatro grandes tipos de residuos: uno para los orgánicos, otro para vidrio, un tercero para plásticos y el cuarto para papel y cartón.

El 85% de la gente, pues siempre existirá el 15% ajeno a cualquier ordenanza municipal, selecciona previamente, o sea que antes de tirar algo lo diferencia y coloca en una bolsa según el tipo de residuo, y deposita en el contenedor que le corresponde.

Con la frecuencia prevista para cada tipo de residuo, pasan los camiones grúa para retirar cada tipo de contenedor. De esta forma no existen por ningún lugar amontonamientos de basura y focos de contaminación o taponamientos de las alcantarillas.

Cuando en una casa o en un edificio se hacen modificaciones, es obligatorio colocar un contenedor especial en el que la empresa constructora deposita todos los desechos de la obra y, si la construcción es en uno de los pisos, se coloca una tubería de unos cuarenta centímetros de diámetro compuesta de tubos de un metro de largo e interconectados, para que desde una ventana se deslicen los materiales y caigan en el contendor, el cual ha sido tapado con una lona para evitar que el polvo se esparza por el entorno y moleste a los peatones.

En la radio escuché que se está trabajando en un proyecto para que en las casas, en los restaurantes y en los hoteles se recolecte el aceite de cocina usado y sea recogido de forma similar para reprocesarlo y convertirlo en combustible para los autobuses urbanos. Este aceite, actualmente, o bien lo tiran a la basura junto con los desechos orgánicos, o bien lo tiran a los desagües, lo que representa un gran problema en la “depuradora municipal”, pues separar el aceite residual del agua es un proceso caro y complicado.

¿Usted se imagina este sistema de recolección y reciclaje en El Salvador? Yo sí…Es cuestión de que, o bien las municipalidades, que lo siento difícil, o bien empresarios, que parece más factible, descubran el gran negocio del reciclaje que, según sé de buena tinta, produce buenas utilidades, ya que en la actualidad y, según vemos en los alrededores de los botaderos, la gente lo hace a mano, exponiendo su salud por una miseria y con seguridad no recicla ni el uno por ciento.

En segundo lugar, sobre la solidaridad: Sabemos lo del accidente ferroviario de Chinchilla en el que, por un error humano, dos trenes, uno de carga y otro de pasajeros, chocaron frontalmente, causando la tragedia más grande en la historia ferroviaria en España. En él, además de los daños materiales, que en su monto son reparables, murieron veintiséis personas… Pues uno de estos días, en toda España y como señal de duelo, los ferrocarriles y los viajeros de forma coordinada y ordenada hicieron un paro de treinta minutos, como muestra de solidaridad con las familias de los fallecidos.
Independientemente de lo discutible sobre si parar treinta minutos o sólo uno, como es en todo el mundo conocido y aceptado, lo que sí me gustó mucho fue la demostración de solidaridad de los viajeros y el personal de RENFE, y que todo sucedió sin ningún percance en toda España.

En tercer lugar, sobre la adopción de niños extranjeros: Como seguramente saben, España es en la actualidad uno de los países con una de las tasas de nacimientos más reducida del mundo. Los tres primeros niños que nacieron este año fueron descendientes de emigrantes. La situación es tal que el Gobierno premia con bonos mensuales y reducción de impuestos a los matrimonios que se deciden por un primero, segundo o un tercer hijo. La edad para casarse ha subido, el número de jóvenes que se casan se ha reducido y, de los que se casan, la mayoría pospone el crecimiento de la familia por uno, dos o tres años…

Pues sólo de la China, ojo al dato, el año pasado adoptaron los españoles veinte mil chinitos… Como me decía un amigo: “Chinitos, chinitos, con todo y sus ojitos largos”. Si a los chinitos le suman los niños rusos o los de las zonas de la vieja Europa, donde ha habido guerras en los últimos diez años, las cifras llegan a más de cien mil… Uno se pregunta: ¿Y no sería más normal que los españoles que no quieren o no pueden tener niños adopten niños salvadoreños o centroamericanos? La respuesta es que sí y que muchos lo quieren hacer, pero “dicen” que aquí con las adopciones “son más papistas que el Papa”. Los trámites son burocráticos, lo cual complica y alarga los procesos de adopción, y también “dicen” que hay “mucha corrupción” en estos procesos.

Pregunto: ¿No le estarán negando por burocracia o corrupción un futuro más seguro a muchos niños salvadoreños desamparados?... Ojalá que no. Porque si así fuera, la carga en la conciencia de quienes deliberadamente lo hacen, la llevarán toda su vida.

Y por ultimo, sobre el turismo: Esta semana vi dos reportajes turísticos, sobre Costa Rica y la República Dominicana tan bien logrados, que seguramente mucha gente al día siguiente se fue a comprar los paquetes vacacionales a unos precios muy asequibles. Pregunto: ¿Cuándo habrá una promoción similar de las bellezas turísticas salvadoreñas?... Cuando los legisladores aseguren a los inversionistas la rentabilidad del turismo en El Salvador, y ojalá que no sea como con las adopciones… ¿Será en uno, dos, tres o cuatro años? No lo sé. Las bellezas naturales salvadoreñas los siguen esperando…

Un cordial saludo desde Valencia.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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