| |

Breve
análisis
La hoja de sueños del Oriente Próximo
Los israelíes y palestinos aún no están
listos para las difíciles decisiones políticas que
se vislumbran en la hoja de ruta. Necesitan medidas
que creen estabilidad y seguridad.
El reciente impulso dado por el presidente George W. Bush a la
así llamada hoja de ruta para el Oriente Próximo
es una iniciativa que merece loas, y el hecho de que Israel y los
palestinos la hayan aceptado es un buen augurio. Sin embargo, las
posibilidades de que genere una reconciliación real y no
retórica siguen siendo escasas.
Las razones son variadas: primero, lo que se llama una hoja
de ruta es en realidad poco más que un listado de deseos
de lo que se debe hacer para lograr la paz entre Israel y los palestinos.
Es un noble conjunto de objetivos, pero a veces parece estar lejos
de las realidades políticas de la región.
Por ejemplo, la hoja de ruta reconoce con razón
que el conflicto palestino-israelí no se puede solucionar
en el aire, es necesario tomar en cuenta consideraciones regionales.
El plan hace un llamado a que Israel haga concesiones de largo alcance:
El retiro de Cisjordania y Gaza, el desmantelamiento de los asentamientos,
algún tipo de acuerdo acerca de Jerusalén.
Al mismo tiempo, el cuarteto que creó la hoja
de ruta (EE.UU., la UE, Rusia y la ONU) reconoce que no se
puede convencer a Israel para que haga ese tipo de concesiones sin
que haya antes un cambio fundamental en la actitud general del mundo
árabe hacia la existencia del Estado judío. A pesar
de la paz con Egipto y Jordania, Israel sigue amenazada por países
como Siria y Libia, cuyos regímenes extremistas están
profundamente involucrados en la violencia terrorista contra civiles
en Israel y poseen, o intentan po- seer, armas de destrucción
masiva.
Por este motivo, la hoja de ruta señala que una
premisa para que haya paz entre Israel y los palestinos es la normalización
de las relaciones entre Israel y todos los países árabes.
¿Se puede lograr realmente esto en un futuro previsible?
¿Realmente cree EE.UU. (o, para estos efectos, el cuarteto)
que sabe cómo hacer que Siria o Libia salgan de su actual
posición intransigente y corta de miras, que amenaza la existencia
de Israel? No hay indicios en la hoja de ruta de que
sus creadores hayan pensado en esto, más allá de expresar
sus deseos en voz alta.
De modo similar, la hoja de ruta es un intento de revivir
el proceso de paz de Oslo. Pero este proceso, basado en los acuerdos
de Oslo de 1993 entre Israel y la OLP, ha estado en serias dificultades
desde que Yasser Arafat rechazara los puntos de la propuesta de
paz que le ofreciera el primer ministro Ehud Barak, con el apoyo
del presidente Bill Clinton, en Camp David, en diciembre de 2000.
Este fue un momento crucial en la política del Oriente Próximo
y significó un enorme empeoramiento de la situación.
La negativa de los palestinos a aceptar, o incluso a seguir negociando,
la más generosa y completa oferta israelí que se haya
hecho desde 1967 a cambio de un acuerdo para el término del
conflicto, significó que los palestinos no estaban listos
para aceptar la legitimidad de Israel.
Ahora hay mucha más amargura, temor y odio en ambos lados
que en 2000, cuando fracasaron las negociaciones de Camp David.
El apoyo directo e indirecto que la Autoridad Palestina ha dado
al uso de bombas suicidas contra civiles en Israel sugirió
a la mayoría de los israelíes que los palestinos todavía
ven los ataques contra civiles como un arma legítima. Las
respuestas de Israel a este tipo de terrorismo, algunas veces brutales,
enconaron aún más a los palestinos contra Israel.
Es verdad que el marginamiento de Arafat y el nombramiento de Abu
Mazen como Primer Ministro palestino es un paso importante en la
dirección correcta. Pero aún está por verse
el real poder de Abu Mazen. ¿Realmente controla los poco
transparentes recursos financieros de la OLP, que dieron a Arafat
tanto poder, más allá del cargo formal de jefe de
la Autoridad Palestina?
Lo que es más importante, ¿tiene Abu Mazen la voluntad
y el poder políticos para acabar (aplicando medidas rigurosas,
si es necesario) con las criminales bandas terroristas que controlan
a una proporción tan significativa de la población
palestina? De las respuestas a estas preguntas dependen muchas cosas.
Y por último, aunque no por eso menos importante: según
lo han admitido los propios creadores de la propuesta, la hoja
de ruta tardará una cantidad de años en implementarse,
en el mejor de los casos dos años y en el peor tres o cuatro.
Sería necesario que desde el más alto nivel (es decir,
el Presidente de EE.UU.) se diera un seguimiento constante a decenas
de puntos en disputa.
¿Está el presidente Bush, o
cualquier presidente estadounidense, en condiciones de ejercer con
eficacia esta enorme autoridad, día a día durante
dos o tres años, para asegurarse de que las partes realmente
hagan que lo que podría ser una aceptación meramente
verbal y altisonante se traduzca en decisiones dolorosas e incluso
políticamente peligrosas?
Los israelíes y palestinos aún no están listos
para las difíciles decisiones políticas que se vislumbran
en la hoja de ruta. Necesitan una serie de medidas intermedias
que creen estabilidad y seguridad para los civiles de ambos lados.
Con una desintensificación de este tipo, quizás en
algún punto del futuro sea posible la verdadera reconciliación.
Por más difícil o triste que sea admitirlo, el momento
no es propicio para más que eso.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Hebrea
de Jerusalén.
|
|