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Breve análisis
La hoja de sueños del Oriente Próximo

Shlomo Avineri*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Los israelíes y palestinos aún no están listos para las difíciles decisiones políticas que se vislumbran en la “hoja de ruta”. Necesitan medidas que creen estabilidad y seguridad.

El reciente impulso dado por el presidente George W. Bush a la así llamada “hoja de ruta” para el Oriente Próximo es una iniciativa que merece loas, y el hecho de que Israel y los palestinos la hayan aceptado es un buen augurio. Sin embargo, las posibilidades de que genere una reconciliación real y no retórica siguen siendo escasas.

Las razones son variadas: primero, lo que se llama una “hoja de ruta” es en realidad poco más que un listado de deseos de lo que se debe hacer para lograr la paz entre Israel y los palestinos. Es un noble conjunto de objetivos, pero a veces parece estar lejos de las realidades políticas de la región.

Por ejemplo, la “hoja de ruta” reconoce con razón que el conflicto palestino-israelí no se puede solucionar en el aire, es necesario tomar en cuenta consideraciones regionales. El plan hace un llamado a que Israel haga concesiones de largo alcance: El retiro de Cisjordania y Gaza, el desmantelamiento de los asentamientos, algún tipo de acuerdo acerca de Jerusalén.

Al mismo tiempo, el “cuarteto” que creó la “hoja de ruta” (EE.UU., la UE, Rusia y la ONU) reconoce que no se puede convencer a Israel para que haga ese tipo de concesiones sin que haya antes un cambio fundamental en la actitud general del mundo árabe hacia la existencia del Estado judío. A pesar de la paz con Egipto y Jordania, Israel sigue amenazada por países como Siria y Libia, cuyos regímenes extremistas están profundamente involucrados en la violencia terrorista contra civiles en Israel y poseen, o intentan po- seer, armas de destrucción masiva.

Por este motivo, la “hoja de ruta” señala que una premisa para que haya paz entre Israel y los palestinos es la normalización de las relaciones entre Israel y todos los países árabes. ¿Se puede lograr realmente esto en un futuro previsible? ¿Realmente cree EE.UU. (o, para estos efectos, el “cuarteto”) que sabe cómo hacer que Siria o Libia salgan de su actual posición intransigente y corta de miras, que amenaza la existencia de Israel? No hay indicios en la “hoja de ruta” de que sus creadores hayan pensado en esto, más allá de expresar sus deseos en voz alta.

De modo similar, la “hoja de ruta” es un intento de revivir el proceso de paz de Oslo. Pero este proceso, basado en los acuerdos de Oslo de 1993 entre Israel y la OLP, ha estado en serias dificultades desde que Yasser Arafat rechazara los puntos de la propuesta de paz que le ofreciera el primer ministro Ehud Barak, con el apoyo del presidente Bill Clinton, en Camp David, en diciembre de 2000.
Este fue un momento crucial en la política del Oriente Próximo y significó un enorme empeoramiento de la situación. La negativa de los palestinos a aceptar, o incluso a seguir negociando, la más generosa y completa oferta israelí que se haya hecho desde 1967 a cambio de un acuerdo para el término del conflicto, significó que los palestinos no estaban listos para aceptar la legitimidad de Israel.

Ahora hay mucha más amargura, temor y odio en ambos lados que en 2000, cuando fracasaron las negociaciones de Camp David. El apoyo directo e indirecto que la Autoridad Palestina ha dado al uso de bombas suicidas contra civiles en Israel sugirió a la mayoría de los israelíes que los palestinos todavía ven los ataques contra civiles como un arma legítima. Las respuestas de Israel a este tipo de terrorismo, algunas veces brutales, enconaron aún más a los palestinos contra Israel.

Es verdad que el marginamiento de Arafat y el nombramiento de Abu Mazen como Primer Ministro palestino es un paso importante en la dirección correcta. Pero aún está por verse el real poder de Abu Mazen. ¿Realmente controla los poco transparentes recursos financieros de la OLP, que dieron a Arafat tanto poder, más allá del cargo formal de jefe de la Autoridad Palestina?
Lo que es más importante, ¿tiene Abu Mazen la voluntad y el poder políticos para acabar (aplicando medidas rigurosas, si es necesario) con las criminales bandas terroristas que controlan a una proporción tan significativa de la población palestina? De las respuestas a estas preguntas dependen muchas cosas.

Y por último, aunque no por eso menos importante: según lo han admitido los propios creadores de la propuesta, la “hoja de ruta” tardará una cantidad de años en implementarse, en el mejor de los casos dos años y en el peor tres o cuatro. Sería necesario que desde el más alto nivel (es decir, el Presidente de EE.UU.) se diera un seguimiento constante a decenas de puntos en disputa.

¿Está el presidente Bush, o cualquier presidente estadounidense, en condiciones de ejercer con eficacia esta enorme autoridad, día a día durante dos o tres años, para asegurarse de que las partes realmente hagan que lo que podría ser una aceptación meramente verbal y altisonante se traduzca en decisiones dolorosas e incluso políticamente peligrosas?

Los israelíes y palestinos aún no están listos para las difíciles decisiones políticas que se vislumbran en la “hoja de ruta”. Necesitan una serie de medidas intermedias que creen estabilidad y seguridad para los civiles de ambos lados. Con una desintensificación de este tipo, quizás en algún punto del futuro sea posible la verdadera reconciliación. Por más difícil o triste que sea admitirlo, el momento no es propicio para más que eso.

Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

 

 

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