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Lejos de las fórmulas

“Martín (hache)”, estreno de hoy, en el Festival narra una particular historia entre padre e hijo sin recurrir a los estereotipos.

Rolando Medina López
Crítico de cine, miembro de la International Press Academy, Beverly Hills.
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

Cecilia Roth. Tremenda actriz. Argentina ella. Al darle el protagónico de “Todo Sobre Mi Madre” (1999), Almodóvar la puso en el mapa cinematográfico de los salvadoreños; aunque en su propio mapa, el manchego la tenía presente desde su primer largometraje, “Pepi, Luci, Bon y otras Chicas del Montón” (1980). Ahora Roth regresa con el estreno de un filme de 1996,“Martín (hache)”.

Su nombre servirá para atraer espectadores. Para ver buen cine cualquier excusa es buena. Tampoco importa el tiempo transcurrido desde su estreno original. El buen cine nunca envejece; añeja.

Adolfo Aristaraín, quien estuviera en medio de la controversia en 1992, cuando “Un Lugar en el Mundo” ya con la candidatura al Oscar encima, fuera eliminada de competencia por la Academia, escribe, produce y dirige una historia familiar del reencuentro de un padre con su hijo en el vértice de un problema de drogadicción. Una excusa para un culebrón latinoamericano en manos ineptas. En Aristarain se convierte en un drama de niveles emotivos y emocionales profundos.

“Esta historia no tiene moral, ni moraleja. La gente se quiere, se odia, se junta, se separa. Ayuda o destruye a los que ama, a veces sin saberlo”. Así reza un extracto de las notas de prensa que acompañan la promoción de “Martín (hache)”.

Y aunque si se ha visto el suficiente cine de Europa, Asia y Latinoamérica fácilmente se podría deducir que se trata de un fórmula establecida; fácil de seguir, como si se tratara de un filme ensamblado en una factoría a la mejor usanza de Hollywood, la verdad es otra.

“Martín (hache)” se aparta de cualquier comparación o estereotipos de ese cine que aborda las diferencias generacionales; mantiene su propia individualidad artística y narrativa.

Aristarain conforma un triángulo amoroso. Pero no de ese amor carnal. Sino del más profundo; del familiar, cuyas aristas pueden convertirse en peligrosas dagas que hieran el corazón de los que lo conforman. Lo quieran o no. Vamos por partes.

Martín (Federico Luppi) director de cine en su edad madura; un poco mallugado pero coleando. Viviendo para sí. Odiando lo que amó. Amargura total. Alicia (Cecilia Roth) es su amante. Joven; como casi siempre pasa.

Objeto queriendo ser humano. Anhelando ser tocada por Martín más allá de su piel; bajo ella.Hasta su escencia. Pero Martín no se permite sentir.

Amar es sufrir. Es de esos tipos de personas de las que Dios nos guarde. O en el mejor de los casos, nos libre a tiempo de ellas. Pero todo personaje tiene derecho a que se le de una oportunidad de redención.

Para Martín llega en la forma de su hijo. Hache (Juan Diego Botto). Joven confundido; de pasos perdidos y camino quebrantado. Aferrándose a la vida; o quizás soltándose de ella. Las monedas tienen dos caras.

Esta no es de esas cintas que se rebuscan en su propuesta visual. Le apuestan más al diálogo, a las situaciones. A sus actores. Es una cinta de decisiones. De caminos por recorrer. Y del espíritu humano en tiempos en que la vida les dobla hasta un punto de quiebra.

Ficha técnica

[País: Argentina/España (1996)

[Director: Adolfo Aristarain

[Elenco: Federico Luppi, Juan Diego Botto, Eusebio Poncela,
Cecilia Roth, Sancho Gracia,
Ana María Picchio, Enrique Liporace.

[Prémios: Cecilia Roth ganó el premio Goya por mejor actriz y Federico Luppi la Concha de Plata por mejor actor en el Festival de San Sebastián. En La Habana fueron galardonados Roth y Aristarain y en el Festival de Oslo recibieron el premio del público. Eusebio Poncela ganó en Biarritz como mejor actor de reparto.

[Crítica: “Adolfo Aristarain aborda un filme intimista, siempre recorrido por los sentimientos más rotundos y enfrentados. Es una película honesta hasta el desgarro y apasionada casi siempre”, escribió M. Toreiro, crítico del diario El País.

 

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