| |

Opinando
El estado benefactor
Dentro
de unos meses volveremos a tener el mismo tristísimo espectáculo
de huelgas, marchas y abusos al por mayor.
Aquí en El Salvador se regala dinero. ¿Para qué
trabajar? Apresúrense señores contribuyentes a pagar
al Fisco sus impuestos, porque Hacienda los va a necesitar para
regalárselos y donárselos a los que anduvieron pintando
edificios, carros, vehículos, rompiendo vidrios y portones;
obstaculizando la circulación de vehículos y personas;
causando perjuicios económicos a los empleados y personal
que querían llegar a tiempo a sus lugares de trabajo, como
también al comercio y a la industria en general.
Asimismo, se premiará a todos aquellos galenos que negaron
atención a los pacientes locales y a muchos que viajaban
desde los más apartados rincones del país, para mitigar
sus males o recibir medicinas que aliviaran sus dolencias. Eso sin
hacer referencia a las enfermedades que empeoraron y que en definitiva
causan la muerte.
Se nos hace difícil entender tal inhumanidad porque nada,
absolutamente nada justifica los ingratos comportamientos mencionados.
El sufrimiento de los pobres clama al cielo justicia. Y es que parece
que están siguiendo las enseñanzas de José
Stalin cuando dijo: La muerte de una persona es una tragedia,
y la muerte de un millón mera estadística.
También es una burla al patriotismo de los tributarios, quienes
por cumplir con su deber de ayudar al Estado a sufragar sus gastos,
vean el fruto de su trabajo despilfarrarse sin ninguna base legal
ni jurídica. Sentándose además un precedente
nefasto, pues dentro de unos meses con las elecciones presidenciales
que se avecinan volveremos a tener el mismo tristísimo
espectáculo de huelgas, marchas y abusos al por mayor, seguros
los revoltosos de que los premiarán con holgura sus desórdenes.
Por otra parte, si ese estado de cosas continuara, y con el objeto
de que el Estado pueda seguir regalando por doquier dinero, parece
que quizás tendría que establecerse el pago del impuesto
de la renta por lo menos dos veces al año. Porque el error
está en olvidarse que el bien común no debe
ser otra cosa que la suma armónica de los bienes individuales
y de aquellas condiciones e instrumentos que hacen posible y facilitan
el logro de los bienes individuales.
Es oportuno recordar que el artículo 119, del Código
de Trabajo, dice: Salario es la retribución en dinero
que el patrono está obligado a pagar al trabajador por los
servicios que le presta en virtud de un contrato de trabajo.
¿Y cuando no se ha prestado ningún servicio cuál
será el nombre y la base legal del dinero que se paga?...
Ojo Corte de Cuentas.
Creemos que sería un gesto de equidad hacia los trabajadores
-quienes fueron mal aconsejados- que las organizaciones sindicales
y el partido político azuzador les reconozcan los salarios
que por su culpa no recibirán, de tal manera que no sólo
coman bien los líderes sindicales y los dirigentes políticos,
sino también los ingenuos que todavía creen en el
paraíso sin Estado y en la sociedad sin clases.
*Dr. en Derecho y Lic. en Filosofía.
|
|