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Opinando
El estado benefactor

Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Dentro de unos meses volveremos a tener el mismo tristísimo espectáculo de huelgas, marchas y abusos al por mayor.

Aquí en El Salvador se regala dinero. ¿Para qué trabajar? Apresúrense señores contribuyentes a pagar al Fisco sus impuestos, porque Hacienda los va a necesitar para regalárselos y donárselos a los que anduvieron pintando edificios, carros, vehículos, rompiendo vidrios y portones; obstaculizando la circulación de vehículos y personas; causando perjuicios económicos a los empleados y personal que querían llegar a tiempo a sus lugares de trabajo, como también al comercio y a la industria en general.

Asimismo, se premiará a todos aquellos galenos que negaron atención a los pacientes locales y a muchos que viajaban desde los más apartados rincones del país, para mitigar sus males o recibir medicinas que aliviaran sus dolencias. Eso sin hacer referencia a las enfermedades que empeoraron y que en definitiva causan la muerte.

Se nos hace difícil entender tal inhumanidad porque nada, absolutamente nada justifica los ingratos comportamientos mencionados. El sufrimiento de los pobres clama al cielo justicia. Y es que parece que están siguiendo las enseñanzas de José Stalin cuando dijo: “La muerte de una persona es una tragedia, y la muerte de un millón mera estadística”.

También es una burla al patriotismo de los tributarios, quienes por cumplir con su deber de ayudar al Estado a sufragar sus gastos, vean el fruto de su trabajo despilfarrarse sin ninguna base legal ni jurídica. Sentándose además un precedente nefasto, pues dentro de unos meses —con las elecciones presidenciales que se avecinan— volveremos a tener el mismo tristísimo espectáculo de huelgas, marchas y abusos al por mayor, seguros los revoltosos de que los premiarán con holgura sus desórdenes.

Por otra parte, si ese estado de cosas continuara, y con el objeto de que el Estado pueda seguir regalando por doquier dinero, parece que quizás tendría que establecerse el pago del impuesto de la renta por lo menos dos veces al año. Porque el error está en olvidarse que el bien común “no debe ser otra cosa que la suma armónica de los bienes individuales y de aquellas condiciones e instrumentos que hacen posible y facilitan el logro de los bienes individuales”.

Es oportuno recordar que el artículo 119, del Código de Trabajo, dice: “Salario es la retribución en dinero que el patrono está obligado a pagar al trabajador por los servicios que le presta en virtud de un contrato de trabajo”. ¿Y cuando no se ha prestado ningún servicio cuál será el nombre y la base legal del dinero que se paga?... Ojo Corte de Cuentas.

Creemos que sería un gesto de equidad hacia los trabajadores -quienes fueron mal aconsejados- que las organizaciones sindicales y el partido político azuzador les reconozcan los salarios que por su culpa no recibirán, de tal manera que no sólo coman bien los líderes sindicales y los dirigentes políticos, sino también los ingenuos que todavía creen en el paraíso sin Estado y en la sociedad sin clases.

*Dr. en Derecho y Lic. en Filosofía.

 

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