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Tema para meditar
Susceptible a las críticas

Edgar López Bertrand*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Debemos cambiar la susceptibilidad por la palabra superación, pues la crítica templa caracteres, hace hombres más cautelosos y diligentes por el temor “al qué dirán”.

En los tiempos del gobierno del presidente Napoleón Duarte, quien fuera criticado diariamente por todos los sectores opuestos a su régimen, este servidor solía decir: “En este país, después del presidente Duarte, el más criticado soy yo”.

Aprendí mucho de él, como de otros políticos a través de los años. Siento que tienen una armazón más fuerte que un carapacho de tortuga, el cual nunca se inmuta por más que se le grite.

Ojalá que los hombres fuéramos como las tortugas, seríamos más felices, pues la susceptibilidad a la crítica nos roba muchos años de vida, entrando en largas etapas de amargura, resentimientos y deseos de venganza.

Todas las críticas son buenas y las ha permitido Dios para que mejoremos nuestra imagen y comportamiento ante la sociedad, pues si lo que dicen de nosotros es verdad, aunque a veces esto nos irrita, lo mejor es que lo corrijamos.

Y si lo que se dice de nosotros es mentira, dice la Palabra de Dios que Él nos bendecirá. Debemos cambiar la susceptibilidad por la palabra superación, pues la crítica templa caracteres, hace hombres más cautelosos y diligentes por el temor “al qué dirán”.

El hombre chiquitín se enfurece ante la menor crítica, pero el juicioso procura aprender de los que lo censuran, reprochan y “disputan la acera”. Walt Whitman lo dijo de este modo: “¿Habéis aprendido únicamente de los que os han admirado, han sido cariñosos con vosotros y han estado a vuestro lado? ¿No habéis aprendido mucho de los que os han rechazado, de los que han luchado con vosotros y de los que os han disputado la acera?”.

En lugar de esperar a que nuestros enemigos nos critiquen o critiquen nuestro trabajo, adelantémonos a ellos. Seamos nosotros nuestros más severos críticos. Tratemos de poner remedio a todas nuestras debilidades antes de que nuestros enemigos tengan ocasión de decir una palabra.

Esto es lo que hizo Charles Darwin. En realidad pasó quince años criticándose... Bien, lo sucedido es esto: Cuando Darwin completó el manuscrito de su libro inmortal “El origen de las especies” comprendió que la publicación de su revolucionario concepto de la creación chocaría con los mundos intelectual y religioso.

En consecuencia, se convirtió en su propio crítico y pasó otros quince años verificando sus datos, poniendo en tela de juicio sus razonamientos y considerando críticamente sus conclusiones.

Supongamos que alguien dijera de usted que es un “estúpido”. ¿Qué haría usted? ¿Se enfadaría? ¿Se indignaría? He aquí lo que hizo Lincoln: Edward M. Stanton, secretario de Guerra, llamó a Lincoln “estúpido” en una ocasión. Stanton estaba furioso porquese había metido en sus asuntos.

Con el fin de dar satisfacción a un político egoísta, Lincoln había dado una orden transfiriendo determinados regimientos. Stanton no sólo se negó a cumplir la orden, sino que juró y perjuró que Lincoln era un estúpido por haber firmado una orden así.

¿Qué sucedió? Cuando dijeron a Lincoln lo que Stanton había dicho, el primero manifestó calmosamente: “Si Stanton ha dicho que soy un estúpido, debo serlo, porque casi siempre tiene razón. Voy a estudiar el asunto y verlo por mi cuenta”. Lincoln fue a ver a Stanton.

Este le convenció de que la orden no era pertinente, y Lincoln la anuló. Lincoln aceptaba las críticas cuando comprendía que eran sinceras, fundadas en el saber y hechas con espíritu de colaboración.

Usted y yo debemos también acoger bien esa clase de críticas, porque no podemos tener la pretensión de acertar más de tres veces de cada cuatro. Por lo menos, esto es todo lo que pretendía Theodore Roosevelt cuando estaba en la Casa Blanca.

Einstein, el más profundo pensador de nuestros tiempos, confiesa que sus conclusiones son falsas el noventa y nueve por ciento de las veces. La Rochefoucauld dijo: “Las opiniones de nuestros enemigos se acercan más a la verdad en lo que respecta a nosotros que nuestras opiniones propias”.

Sé que esta declaración puede ser exacta muchas veces, sin embargo, cuando alguien comienza a criticarme, si no me vigilo me pongo inmediata y automáticamente a la defensiva, incluso antes de tener la menor idea de lo que mi crítico va a decir.

Me enfado conmigo mismo cada vez que procedo así. Todos nosotros tendemos a dolernos de la crítica y a aceptar las alabanzas, con independencia de que una y otras estén o no justificadas. No somos seres de lógica. Somos seres de emociones. Nuestra lógica es como un barquichuelo que navega en un sombrío y tempestuoso mar de emoción.

Si oímos que alguien ha hablado mal de nosotros, no tratemos de defendernos. Todos los tontos hacen eso. ¡Seamos originales, humildes y... brillantes! Desconcertemos a nuestro crítico y cosechemos aplausos diciendo: “Si mi censurador supiera todas mis otras faltas, me hubiera criticado mucho más severamente”.

He aquí otra idea: Cuando siente usted que se enfurece porque cree que se le condena injustamente, por qué no hace una pausa y se dice: “Espera un momento... Disto mucho de ser perfecto. Si Einstein admite que se equivoca el noventa y nueve por ciento de las veces, tal vez yo me equivoqué el ochenta por ciento por lo menos. Tal vez merezca esta crítica. Si es así, debería agradecerla y sacar de ella algún provecho”.

Jesús aun en la actualidad es el Ser más criticado de la historia universal. Estando en la condición de culpable siendo inocente, dice la Escritura: “A pesar de lo que le hacían y decían, no abrió su boca”. Él era el Hijo de Dios, ¡recíbelo como tu salvador personal hoy mismo!

*Pastor.

 

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