| |

Tema
para meditar
Susceptible a las críticas
Debemos
cambiar la susceptibilidad por la palabra superación, pues
la crítica templa caracteres, hace hombres más cautelosos
y diligentes por el temor al qué dirán.
En los tiempos del gobierno del presidente Napoleón Duarte,
quien fuera criticado diariamente por todos los sectores opuestos
a su régimen, este servidor solía decir: En
este país, después del presidente Duarte, el más
criticado soy yo.
Aprendí mucho de él, como de otros políticos
a través de los años. Siento que tienen una armazón
más fuerte que un carapacho de tortuga, el cual nunca se
inmuta por más que se le grite.
Ojalá que los hombres fuéramos como las tortugas,
seríamos más felices, pues la susceptibilidad a la
crítica nos roba muchos años de vida, entrando en
largas etapas de amargura, resentimientos y deseos de venganza.
Todas las críticas son buenas y las ha permitido Dios para
que mejoremos nuestra imagen y comportamiento ante la sociedad,
pues si lo que dicen de nosotros es verdad, aunque a veces esto
nos irrita, lo mejor es que lo corrijamos.
Y si lo que se dice de nosotros es mentira, dice la Palabra de Dios
que Él nos bendecirá. Debemos cambiar la susceptibilidad
por la palabra superación, pues la crítica templa
caracteres, hace hombres más cautelosos y diligentes por
el temor al qué dirán.
El hombre chiquitín se enfurece ante la menor crítica,
pero el juicioso procura aprender de los que lo censuran, reprochan
y disputan la acera. Walt Whitman lo dijo de este modo:
¿Habéis aprendido únicamente de los que
os han admirado, han sido cariñosos con vosotros y han estado
a vuestro lado? ¿No habéis aprendido mucho de los
que os han rechazado, de los que han luchado con vosotros y de los
que os han disputado la acera?.
En lugar de esperar a que nuestros enemigos nos critiquen o critiquen
nuestro trabajo, adelantémonos a ellos. Seamos nosotros nuestros
más severos críticos. Tratemos de poner remedio a
todas nuestras debilidades antes de que nuestros enemigos tengan
ocasión de decir una palabra.
Esto es lo que hizo Charles Darwin. En realidad pasó quince
años criticándose... Bien, lo sucedido es esto: Cuando
Darwin completó el manuscrito de su libro inmortal El
origen de las especies comprendió que la publicación
de su revolucionario concepto de la creación chocaría
con los mundos intelectual y religioso.
En consecuencia, se convirtió en su propio crítico
y pasó otros quince años verificando sus datos, poniendo
en tela de juicio sus razonamientos y considerando críticamente
sus conclusiones.
Supongamos que alguien dijera de usted que es un estúpido.
¿Qué haría usted? ¿Se enfadaría?
¿Se indignaría? He aquí lo que hizo Lincoln:
Edward M. Stanton, secretario de Guerra, llamó a Lincoln
estúpido en una ocasión. Stanton estaba
furioso porquese había metido en sus asuntos.
Con el fin de dar satisfacción a un político egoísta,
Lincoln había dado una orden transfiriendo determinados regimientos.
Stanton no sólo se negó a cumplir la orden, sino que
juró y perjuró que Lincoln era un estúpido
por haber firmado una orden así.
¿Qué sucedió? Cuando dijeron a Lincoln lo que
Stanton había dicho, el primero manifestó calmosamente:
Si Stanton ha dicho que soy un estúpido, debo serlo,
porque casi siempre tiene razón. Voy a estudiar el asunto
y verlo por mi cuenta. Lincoln fue a ver a Stanton.
Este le convenció de que la orden no era pertinente, y Lincoln
la anuló. Lincoln aceptaba las críticas cuando comprendía
que eran sinceras, fundadas en el saber y hechas con espíritu
de colaboración.
Usted y yo debemos también acoger bien esa clase de críticas,
porque no podemos tener la pretensión de acertar más
de tres veces de cada cuatro. Por lo menos, esto es todo lo que
pretendía Theodore Roosevelt cuando estaba en la Casa Blanca.
Einstein, el más profundo pensador de nuestros tiempos, confiesa
que sus conclusiones son falsas el noventa y nueve por ciento de
las veces. La Rochefoucauld dijo: Las opiniones de nuestros
enemigos se acercan más a la verdad en lo que respecta a
nosotros que nuestras opiniones propias.
Sé que esta declaración puede ser exacta muchas veces,
sin embargo, cuando alguien comienza a criticarme, si no me vigilo
me pongo inmediata y automáticamente a la defensiva, incluso
antes de tener la menor idea de lo que mi crítico va a decir.
Me enfado conmigo mismo cada vez que procedo así. Todos nosotros
tendemos a dolernos de la crítica y a aceptar las alabanzas,
con independencia de que una y otras estén o no justificadas.
No somos seres de lógica. Somos seres de emociones. Nuestra
lógica es como un barquichuelo que navega en un sombrío
y tempestuoso mar de emoción.
Si oímos que alguien ha hablado mal de nosotros, no tratemos
de defendernos. Todos los tontos hacen eso. ¡Seamos originales,
humildes y... brillantes! Desconcertemos a nuestro crítico
y cosechemos aplausos diciendo: Si mi censurador supiera todas
mis otras faltas, me hubiera criticado mucho más severamente.
He aquí otra idea: Cuando siente usted que se enfurece porque
cree que se le condena injustamente, por qué no hace una
pausa y se dice: Espera un momento... Disto mucho de ser perfecto.
Si Einstein admite que se equivoca el noventa y nueve por ciento
de las veces, tal vez yo me equivoqué el ochenta por ciento
por lo menos. Tal vez merezca esta crítica. Si es así,
debería agradecerla y sacar de ella algún provecho.
Jesús aun en la actualidad es el Ser más criticado
de la historia universal. Estando en la condición de culpable
siendo inocente, dice la Escritura: A pesar de lo que le hacían
y decían, no abrió su boca. Él era el
Hijo de Dios, ¡recíbelo como tu salvador personal hoy
mismo!
*Pastor.
|
|