Turismo
 
Inicio del Sitio Jueves 12 de junio
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Opinando
Reparación de la red hospitalaria

Rodolfo Chang Peña*
Editorial
editorial@elsalvador.com

Siguen prestando invaluables servicios a una “clientela” que les es fiel, quizá porque no tiene a dónde ir y porque al menos en un 70% vive en condiciones de pobreza.

Aun cuando me opongo a la creación de nuevos centros hospitalarios en El Salvador, mientras no se defina la modernización y transformación del sector salud, es de elemental lógica proceder a la reparación de aquellos que sufrieron daños en los terremotos de 2001 o que se encuentran seriamente desactualizados en materia de cumplir con sus objetivos, me refiero en concreto a establecimientos que se diseñaron para cubrir una demanda determinada, que en la actualidad se ha duplicado o triplicado generando dificultades de funcionamiento.

Ejemplo del estado actual de los nosocomios es el hospital San Pedro, de la ciudad de Usulután, una tan sola tormenta en la noche del 28 de abril fue suficiente para convertirlo en un caos y entorpecer su marcha. Charcos por todos lados, camas y pacientes mojados y materiales echados a perder por las goteras. El San Juan de Dios de San Miguel, por su parte, se encuentra funcionando al 50% de su capacidad. Ahora bien, si recordamos que este último es el hospital más importante del oriente de la República, que recibe enfermos referidos para diagnóstico y tratamiento y otros sólo para ser operados, procedentes de toda la red de unidades y centros hospitalarios más pequeños de la zona oriental, fácil es darse cuenta de que su mengua en capacidad resolutiva, está afectando a por lo menos dos millones de habitantes.

El resto de nosocomios de la red nacional como el ahumado por los buses y microbuses, el hospital de Maternidad, que presta valiosos servicios de segundo y tercer nivel de atención a pacientes del Gran San Salvador y a los referidos de todo el país; el cochambroso hospital San Rafael de Santa Tecla, que desde la calle parece un conjunto de ruinas del Siglo XVII; el Santa Gertrudis de San Vicente, el Santa Teresa de Zacatecoluca, el hospital de Cojutepeque y otros más, están dañados en diverso grado y algunos, como el de Maternidad, prácticamente requieren ser sustituidos.

Pero el hecho prominente que pone a nuestros hospitales en condiciones de “fuera de serie” es que aún con sus problemas tradicionales y crónicos como lo son sus presupuestos limitados, lo que restringe el personal, equipos, medicinas e insumos en general, a los que se suman los daños a su infraestructura, siguen prestando invaluables servicios a una “clientela” que les es fiel, quizá porque no tiene a dónde ir y porque al menos en un 70% vive en condiciones de pobreza.

El contraste del hecho anterior son las instituciones autónomas y los órganos del Estado. Estos, por ejemplo, sin dificultades prácticamente de ninguna índole, compran con gran facilidad ve- hículos nuevos para transportar a sus funcionarios y contratan legiones de guardaespaldas, asesores, analistas, asistentes, secretarias, motociclistas, motoristas y ordenanzas, que hasta desempeñan labores diferentes por que fueron contratados. Pero media vez se trate de comprar ambulancias o maquinaria para equipar hospitales, todos reniegan, se oponen y sacan a colación complicados y profundos análisis sobre la capacidad de endeudamiento del país.

Las cosas no paran ahí, con alegría y entusiasmo se preparan costosos proyectos como el del anillo periférico, se construyen gigantescos supermercados, se echan a andar grandes obras viales, se construye infraestructura para los juegos centroamericanos y del Caribe y hasta se gasta el dinero en monumentos inservibles y bayuncos.

Pero cuando se habla de restaurar una red hospitalaria, la mayoría se hace la sorda y busca argumentos insólitos para oponerse (el más curioso que he escuchado es aquel que dice que los hospitales no deben ser reparados para que no los privaticen). ¡Y eso que trabajan en beneficio de la gente! Un partido político llega al colmo de jactarse de que cuenta con el apoyo de cien mil ciudadanos, pero su dirigencia en cierta forma frena y entorpece la entrega de servicios hospitalarios a sus propias bases.
¿Por qué permitimos los salvadoreños que asuntos tan delicados como la salud sean decididos por políticos? ¿Conocerán estos el contenido de la Carta de Lisboa sobre los derechos de las personas enfermas?

* Dr. en Medicina

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal