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Opinando
Reparación de la red hospitalaria
Siguen
prestando invaluables servicios a una clientela que
les es fiel, quizá porque no tiene a dónde ir y porque
al menos en un 70% vive en condiciones de pobreza.
Aun cuando me opongo a la creación de nuevos centros hospitalarios
en El Salvador, mientras no se defina la modernización y
transformación del sector salud, es de elemental lógica
proceder a la reparación de aquellos que sufrieron daños
en los terremotos de 2001 o que se encuentran seriamente desactualizados
en materia de cumplir con sus objetivos, me refiero en concreto
a establecimientos que se diseñaron para cubrir una demanda
determinada, que en la actualidad se ha duplicado o triplicado generando
dificultades de funcionamiento.
Ejemplo del estado actual de los nosocomios es el hospital San Pedro,
de la ciudad de Usulután, una tan sola tormenta en la noche
del 28 de abril fue suficiente para convertirlo en un caos y entorpecer
su marcha. Charcos por todos lados, camas y pacientes mojados y
materiales echados a perder por las goteras. El San Juan de Dios
de San Miguel, por su parte, se encuentra funcionando al 50% de
su capacidad. Ahora bien, si recordamos que este último es
el hospital más importante del oriente de la República,
que recibe enfermos referidos para diagnóstico y tratamiento
y otros sólo para ser operados, procedentes de toda la red
de unidades y centros hospitalarios más pequeños de
la zona oriental, fácil es darse cuenta de que su mengua
en capacidad resolutiva, está afectando a por lo menos dos
millones de habitantes.
El resto de nosocomios de la red nacional como el ahumado por los
buses y microbuses, el hospital de Maternidad, que presta valiosos
servicios de segundo y tercer nivel de atención a pacientes
del Gran San Salvador y a los referidos de todo el país;
el cochambroso hospital San Rafael de Santa Tecla, que desde la
calle parece un conjunto de ruinas del Siglo XVII; el Santa Gertrudis
de San Vicente, el Santa Teresa de Zacatecoluca, el hospital de
Cojutepeque y otros más, están dañados en diverso
grado y algunos, como el de Maternidad, prácticamente requieren
ser sustituidos.
Pero el hecho prominente que pone a nuestros hospitales en condiciones
de fuera de serie es que aún con sus problemas
tradicionales y crónicos como lo son sus presupuestos limitados,
lo que restringe el personal, equipos, medicinas e insumos en general,
a los que se suman los daños a su infraestructura, siguen
prestando invaluables servicios a una clientela que
les es fiel, quizá porque no tiene a dónde ir y porque
al menos en un 70% vive en condiciones de pobreza.
El contraste del hecho anterior son las instituciones autónomas
y los órganos del Estado. Estos, por ejemplo, sin dificultades
prácticamente de ninguna índole, compran con gran
facilidad ve- hículos nuevos para transportar a sus funcionarios
y contratan legiones de guardaespaldas, asesores, analistas, asistentes,
secretarias, motociclistas, motoristas y ordenanzas, que hasta desempeñan
labores diferentes por que fueron contratados. Pero media vez se
trate de comprar ambulancias o maquinaria para equipar hospitales,
todos reniegan, se oponen y sacan a colación complicados
y profundos análisis sobre la capacidad de endeudamiento
del país.
Las cosas no paran ahí, con alegría y entusiasmo se
preparan costosos proyectos como el del anillo periférico,
se construyen gigantescos supermercados, se echan a andar grandes
obras viales, se construye infraestructura para los juegos centroamericanos
y del Caribe y hasta se gasta el dinero en monumentos inservibles
y bayuncos.
Pero cuando se habla de restaurar una red hospitalaria, la mayoría
se hace la sorda y busca argumentos insólitos para oponerse
(el más curioso que he escuchado es aquel que dice que los
hospitales no deben ser reparados para que no los privaticen). ¡Y
eso que trabajan en beneficio de la gente! Un partido político
llega al colmo de jactarse de que cuenta con el apoyo de cien mil
ciudadanos, pero su dirigencia en cierta forma frena y entorpece
la entrega de servicios hospitalarios a sus propias bases.
¿Por qué permitimos los salvadoreños que asuntos
tan delicados como la salud sean decididos por políticos?
¿Conocerán estos el contenido de la Carta de Lisboa
sobre los derechos de las personas enfermas?
* Dr. en Medicina
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