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Comentando
Hillary exorciza sus fantasmas
Más
que confesionario de una mujer humillada por las infidelidades de
su marido, el libro de Hillary Rodham Clinton celebra su renacimiento
político y le hace ganar una fortuna.
Si alguna vez fue cierto que la autobiografía era un género
literario que precedía a la muerte del protagonista, la autobiografía
de Hillary Rodham Clinton es la excepción.
El afortunado título del libro Living History,
entendido en sus dos acepciones, como historia vivida
y como historia viva, prefigura sus alcances. En apretada
síntesis (562 páginas), Rodham Clinton revisa su pasado
como esposa del Presidente para auto definirse, o reinventarse,
como dirían sus consejeros políticos, ante sus posibles
futuros votantes.
En este sentido, el libro marca su renacimiento político
en un documento escrito dentro de los cánones del más
riguroso estilo de mercadeo estadounidense contemporáneo.
Su horizonte cubre su infancia y revisa su experiencia universitaria,
profesional, emocional y su inserción en la política.
Reconoce a sus héroes: Jacqueline Kennedy Onassis, Nelson
Mandela y Ytzhak Rabin.
Degrada a sus enemigos: el magistrado de la Suprema Corte, William
Rehnquist, y el fiscal especial Kevin Starr. Ignora a las amantes
de su marido y explica su decisión de lanzarse como candidata
al Senado.
En el texto, a veces, las confesiones brillan por su contundencia:
En un mundo mejor, este tipo de conversaciones entre un marido
y su esposa no serían de la incumbencia de nadie. Hay
pequeñas indiscreciones: Buddy, el perro, vino a acompañar
a Bill. (Buddy) era el único miembro de la familia todavía
dispuesto a hacerlo. Hay frases inolvidables por su cursilería:
Mientras que Bill hablaba del cambio social, yo lo encarnaba.
Hay, sobre todo, un esfuerzo deliberado por definirse como activista
social, no radical.
La curiosidad sobre su futuro político no es, sin embargo,
lo que ha movido la venta del libro, sino el morbo de la gente que
quiere saber qué fue lo que hizo, dijo y pensó la
mujer engañada cuando, obligado por las circunstancias y
temeroso del efecto que podría tener sobre su presidencia,
su marido tuvo que confesar sus mentiras y revelarle su infidelidad
con Mónica Lewinsky.
Desafortunadamente, las explicaciones de Rodham Clinton en este
pasaje del libro son lo menos convincente del libro. Después
de la confesión de la infidelidad, escribe Rodham Clinton,
estaba indecisa sobre si debía luchar por mi marido
y por mi matrimonio. De lo que sí estaba segura era de la
necesidad de pelear por mi Presidente. La publicación
del libro, por el que recibió un anticipo por $8 millones
de dólares, es ya todo un happening del que se
ocupan todos los medios de comunicación.
En todo este circo publicitario, sin embargo, poco se ha escrito
de sus muchos logros políticos. En sus dos años como
senadora por el Estado de Nueva York, Rodham Clinton ha patrocinado
258 propuestas de ley o enmiendas a leyes. Mucho más que
cualquiera de sus colegas. Tampoco se ha dicho que 60 de las leyes
que ha apoyado son iniciativas republicanas.
Poco se sabe también de una escena real que resultaría
inconcebible en un escenario político menos civilizado. En
enero de este año, durante una conferencia de prensa para
anunciar la que se convertiría en la primera ley aprobada
por el Congreso, la senadora compartió los brazos de un sillón
con Don Nickles, un republicano de Oklahoma, que en 1999 votó
dos veces en favor del juicio político contra su marido.
Rodham Clinton ha anunciado ya que no contenderá por la candidatura
de su partido a la presidencia en el 2004. Su decisión tiene
una evidente razón de ser, hoy sigue siendo una figura que
polariza. Habría que esperar a la elección de 2008,
cinco años en política son una eternidad. Con este
libro, Rodham Clinton ha exorcizado al fantasma de Bill Clinton
y ha establecido a su persona como su único referente.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.
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