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Palabras
La cigarra y la hormiga...

Carlos Balaguer
editorial@elsalvador.com

La cigarra de la antigua y célebre fábula cantaba en tiempo de cosecha, mientras la hormiga guardaba granos en sus almacenes subterráneos para el frío invierno que se avecinaba.

Llegó el invierno, y la cigarra no tuvo qué comer. Sin embargo, no se puede culpar a la cigarra de desprevenida ni a la hormiga de materialista. Simplemente, cada una tenía una forma diferente de ver la vida.

La cigarra vivía el presente y cantaba sin importante el mañana, porque si bien mañana no tendría pan, tendría una canción. La hormiga, por su parte, creía en el mañana. De lo contrario, su actitud no tendría explicación. Ella guardaba para mañana, porque creía totalmente en el mañana y no quería pasar penurias entonces.

Pero, como repito, ni la hormiga era más sabia ni la cigarra era más tonta. Simplemente, cada una de ellas vivía a su manera y tenía su particular filosofía de enfrentar el futuro. Por más que vivamos el presente, no podremos dejar de esperar el futuro.

Porque donde hay vida hay esperanza. En mi corazón guardo una ilusión para cuando las haya perdido todas. Un peso en la hora necesaria vale más que un militar en la prosperidad.


Día a Día

¿Cómo mejorar los salarios en términos efectivos reales? La única fórmula que existe es incrementar la productividad del trabajador, y esto sólo se consigue con mayor inversión.

Por más que se afane, una costurera no va a triplicar su producción de ropa, a menos que disponga de equipos más rápidos y de una organización mejor. El campesino que chapoda un terreno podrá, en el mejor de los casos pero sólo por corto tiempo, chapodar una tarea más por día, pero no pasa de allí; por consiguiente, el salario que gane apenas subirá.

Muy distinto es el caso cuando este campesino dispone de maquinaria para hacer sus labores. Entonces no chapoda cuatro tareas, sino cuarenta; el operario del tractor ganará muchísimo más que el hombre de la cuma.

De allí que si queremos elevar salarios, hay que incrementar la inversión. Y para que haya inversión, tiene que haber confianza, no demagogia y amenazas.

 

 

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