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La nota del día
Todo lo lícito es “bien social”

Casi todo lo que se hace en lo público y lo privado y que sea lícito y decente contribuye al bienestar “social”.

Fácil es hacer crítica sobre el supuesto desinterés del gobierno y de los sectores productivos respecto al “área social”, como si se pudiera separar crecimiento económico, estabilidad y servicios gubernamentales de lo que redunda en el bienestar de la población. Lo uno y lo otro son las dos caras de la misma moneda: no puede existir desarrollo económico sin que ello traiga consigo beneficio social, como tampoco es posible una mejoría social sin progreso económico.

El ministro de Obras Públicas, Lic. Quirós, pone un ejemplo muy claro: las carreteras recién construidas, y la reconstrucción de las existentes, contribuyen a mejorar la salud de los pobladores, su ingreso y su calidad de vida. Los centenares de miles de salvadoreños que viven a lo largo de carreteras pavimentadas dejaron de sufrir por el polvo de las de tierra, una de las causas principales de padecimientos pulmonares.

Además, les toma menos tiempo llevar los niños a las escuelas, comprar, mover sus cosechas, relacionarse con el resto del país. Difícilmente podemos imaginar un mayor “beneficio social” que esa múltiple e importantísima ganancia, la que también favorece a transportistas, viajeros, comerciantes y productores, que con las nuevas autopistas acortan el trayecto entre occidente y oriente del país. Además, los vehículos sufren mucho menos en sus carrocerías y, por tanto, los costos de sus propietarios se reducen de manera sensible.

Por otra parte y aunque haya quienes aspiren a eso, ningún programa “social” va a duplicar lo que un enorme número de familias y personas disfrutan con las remesas: recibir dineros del azul del cielo para trabajar menos. Los más efectivos programas del mundo en esencia buscan poner en manos de la gente los instrumentos legales y físicos para incrementar su productividad y alentar la creación de empleo. Hay que ayudar a los desvalidos, a los huérfanos, a los abandonados, pero no a los que son capaces de valerse por sí mismos.

Criar ganado o ametrallar ganado

Todo lo que hace un gobierno moderno se traduce en beneficios “sociales” para la población. Se sostienen ejércitos para garantizar la soberanía y la seguridad, se gasta en relaciones exteriores por los beneficios que trae el intercambio y el contacto con otros pueblos, se fundan y sostienen museos y festivales de música, porque elevar el nivel cultural de un país también se traduce en ganancias materiales.

No podemos pensar en funciones públicas que no llenen objetivos “sociales” de manera directa o indirecta. Sólo cabezas muy cerradas dejan de ver cómo casi todo lo que se hace en lo público y lo privado y que sea lícito y decente contribuye al bienestar “social”. Por otra parte, nadie necesita demostrar cómo el narcotráfico, el robo de carros, las huelgas ilegales y los bochinches callejeros dañan la convivencia y perjudican grandemente a la población.

Es bajo esa luz que se debe ver “la función social” de la propiedad, o los fines de “justicia social” que llena el sector productivo. Crear y sostener empleos, suministrar bienes y servicios a los pobladores, financiar con impuestos el aparato estatal y sus actividades, contribuir al funcionamiento de entidades como el Seguro y acatar la ley, es amplia y suficiente “función social”. Ametrallar hatos ganaderos o darle fuego a cosechas, como la guerrilla durante la guerra, es lo opuesto, pura delincuencia.

 

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