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Recuerdos de Alemania
Oscuros nubarrones sobre buenos compatriotas

Luis Sarbelio Navarrete
Editorial
editorial@elsalvador.com

Al terminar la secundaria quería continuar estudiando en una ciudad grande, lejos del país. Conocer el mundo.

Amigos míos fueron a la Argentina y deseaba acompañarles, pero mis padres se opusieron siempre porque temían que no volvería a verlos. Permítaseme decir que en Buenos Aires tal vez hubiese conocido al legendario “Ché Guevara”, quien parece que por entonces estudiaba Medicina allá. Ni modo. Me quedé en San Salvador. Luego, en dos años consecutivos y en el mismo mes de junio, tuve la mala suerte de perder a mis padres y la pena acabó por desanimarme por completo.

Por aquel tiempo regresó de España al país mi antiguo compañero de colegio Walter Béneke, quien me llevó a trabajar con él a la recién creada administración del Valle de La Esperanza. Walter me motivaba para que me fuera a Madrid, en donde estudiaban otros salvadoreños. Y dicho y hecho: En un viaje que hizo a Europa se llevó mis papeles para revalidarlos allá cuando pasara por España.

Afinando los detalles de ese viaje me encontraba cuando el Dr. Pedro Abelardo Delgado, cuñado mío, fue nombrado Agregado Comercial a nuestra Embajada en Alemania y me animó a ir allá, donde, sin embargo, no me darían equivalencias por las materias ya aprobadas en El Salvador.

En el Valle le conté a Walter lo de Pedro Abelardo, y esa misma mañana se vino a San Salvador, después de consultar en un libro grueso, donde averiguó que el puesto de Secretario en la Embajada de Alemania estaba vacante. A su regreso me contó que por intermedio del ministro de Trabajo, Dr. Mario Héctor Salazar, su homólogo de Relaciones Exteriores —que creo era el Dr. Guillermo Trabanino— lo había designado para ocupar ese cargo y que partiría pronto.

“Te espero en Bonn —me dijo solemnemente para que no siquiera pensándolo—. Procura irte con Pedro”. Y poco después así lo hice. Al lugar de Walter llegó el Lic. Guillermo Paz Larín, brillante diplomático, a quien volví a ver en Bonn de paso y es nuestro actual Embajador en México.

A mi llegada a Bonn, don Juan José Castaneda Dueñas era el Embajador; Walter Béneke, el Secretario, y el coronel Mauricio Ramos Ramírez, el Agregado Militar. Pedro Abelardo se incorporó como Agregado Comercial. Yo partí al sur, a Bad Reichenhall, a estudiar el idioma en el Instituto Goethe de la ciudad. Pero antes tuve una agradable sorpresa: El Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán) me había otorgado una beca de las dos que había venido ofreciendo al Gobierno salvadoreño en los últimos tres años, pero que nadie había aceptado tal vez porque no incluía el valor del pasaje y era sólo de 300 marcos, o sea, 75 dólares.

El ministro de Cultura, Dr. Reynaldo Galindo Pohl, me propuso a instancias de nuestra Embajada. Becados por el Gobierno salvadoreño estaban haciendo estudios en Bonn los doctores Rodrigo Raymundo Pineda y Jorge Alberto Barriere. Por un tiempo estuvo en Bonn también el escritor viroleño Alfredo Herrera y el Ing. Enrique Altamirano M., quien se fue a Munich.

Durante el tiempo que estuve allá, pasaron por la Embajada como funcionarios o como visitantes muchos salvadoreños. A algunos de ellos, la mala fortuna les acompañó aquí en nuestro suelo: El Ing. Leopoldo Barrientos, Embajador por unos años y una de las personas más cultas que he tratado, tuvo un final trágico.

Aquí también murieron asesinados el coronel Mauricio Ramos Ramírez, el doctor Rodrigo Raymundo Pineda y el mismo Walter Béneke, que entonces comenzaba a darse a conocer como dramaturgo y quien fue Ministro de Educación y de Relaciones Exteriores. Al Dr. Amílcar Martínez Arguera, Agregado Comercial, se le dio por “desaparecido” cuando un día salió de su despacho en el Ministerio de R.R. E.E. y no se supo más de él; el capitán Pedro Andrés Iraheta, Cónsul en Hamburgo, murió en una de nuestras playas, y el Lic. Salvador Villalobos Revelo, Secretario, fue víctima por 13 años de cruel enfermedad. Rivalizaba con Iraheta en la amabilidad con que trataban a los salvadoreños que llegaban por allá.

Se rindieron a sus enfermedades los embajadores Castaneda Dueñas, Arturo Ramón González y el Cnel. Luis Roberto Flores, así como Pedro Abelardo y mis particulares amigos Jorge A. Barriere y René Mariano Valle. Descansen en paz.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

 

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