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La
columna nacional
Observaciones que realizar con el candidato de las derechas
No
puede ya más ser el miedo el que nos vaya a unir, no es la
mística del terror la adecuada, deberá ser la fuerza
de la esperanza.
No tengo ni idea de los debates y elucubraciones que la máxima
dirigencia arenera haya tenido o esté realizando para normar
la amigable competencia que va a darse entre los tres
finalistas, aspirantes a la máxima magistratura nacional.
Mejor. El valor se nutre a veces de la ignorancia y, honestamente,
quién sabe si me atrevería a opinar tan tranquilamente
como lo haré si conociera las interioridades y problemas
de la referida alta dirigencia. Como siempre, son respetuosos puntos
de vista por discutir...
1) Lo de cajón. Lo acostumbrado es decir que el precandidato
debe ser una persona inteligente, honrada, de probada experiencia
y capacidad.
Esto nadie lo discute, pero... el truco está en ¿cómo
saber, cómo percatarse a ciencia cierta de que tal o cual
tienen efectivamente esas cualidades? Porque nuestra civilización
de la imagen y por lo tanto de la superficialidad, de la banalidad
y de la publicidad nos ha acostumbrado a presuponer, a dar
por supuesto, a inferir gratuitamente ciertas cualidades en personajes
que, por el hecho de un determinado cargo (público o privado),
deberían teóricamente tener instrucción notoria,
experiencia política y capacidad de mando.
Piensen los electores areneros con todo el detenimiento que el caso
merece, reflexionen con su inteligencia y no con las emociones desatadas
de los medios, analicen fríamente, juzguen las ejecutorias
y el tipo de persona y decidan con el corazón puesto en querer
lo mejor para sus hijos y su nación. No busquen la mejor
imagen, busquen al mejor hombre, ya que la imagen ilusión
es y, por tanto, efímera, y el hombre bueno nos dejará
buenas huellas.
2) Espero que sobre los responsables de determinar las formalidades
de la contienda se cierna un Pentecostés de sabiduría,
para que no les vayan a exigir a los precandidatos que expongan
nada parecido a un plan de gobierno, lo que sería indeseable
por las siguientes razones:
* Es irresponsable presentarlo tan pronto, el tiempo no es suficiente
para ello.
* Es absurdo, por precoz, abrirse a las críticas del análisis
de los adversarios.
* Es triste realizarlo sin contar con toda la mejor gente; algunos
estarán con otros.
*Es inadmisible no tomar en cuenta a muchos más sectores
a través de todo el país.
Por ello, un plan de gobierno sólo será oportuno en
un momento mucho más adelante del actual, habiendo contado
con el mejor equipo posible, con un tiempo prudencial y buscando
la colaboración de todos los sectores, lo que no es posible
realizar hoy.
3) Otro punto importantísimo que se debe destacar es un defecto
mayor que, en mi opinión, basta para eliminar del todo al
precandidato que lo tuviere. Porque es inaudito que un hombre que
aspira a la Presidencia de la República todavía se
confunda con semejantes cosas, y me refiero específicamente
a ignorar por completo lo elemental de la política hasta
el punto de creer que el mercado debe dominar al Estado y que el
país se administra. Ello es un error, entre otras, por las
siguientes razones:
* Ninguna de las grandes potencias mundiales surgió del desvanecimiento
de su gobierno, sino, por el contrario, de la protección
de éste a sus ciudadanos de todos los niveles, respetando
tanto la propiedad privada como la justicia y el desarrollo integral.
* Si bien la administración es un pilar fundamental y necesario
para cualquier tipo de realización, en la medida que implica
orden, normativa y eficacia... la dirección misma, el rumbo
que tomará la sociedad, es un atributo de la dirigencia política.
* El reduccionismo fanático hacia lineamientos ultraliberales,
en los que la administración correcta va a solucionar todo,
no hace más que mal enmascarar intereses egoístas
aliados a grupos ávidos de mayores ganancias, de los que
todo el pueblo está ya más que cansado.
No puede ya más ser el miedo el que nos vaya a unir, no es
la mística del terror la adecuada, deberá ser la fuerza
de la esperanza. ¡Dejemos ya charangas y pompones, que hablen
ya nuestros corazones!
* Lic. en Ciencias Políticas.
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