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Sentido común
El ungido ARENERO

Ricardo Rivas
editorial@elsalvador.com

El país necesita un presidente que, como la mayoría de nosotros, jamás haya tenido que tomar un arma para promover sus ideas, que jamás haya exaltado odios contra nadie.

ARENA reacciona. Elías Antonio Saca y Carlos Quintanilla se han metido al proceso interno por la candidatura a la Presidencia de la República, y eso le ha dado un giro interesante al experimento tricolor. El mutatis mutandis arenero podría comenzar a funcionar. Por el contrario, el FMLN se ha cerrado y pudiera estar apunto de tropezar con la misma piedra con la que tropezó en 1998.

Dos procesos están frente a la opinión pública: uno que hasta este día se conduce abierto y estable, el arenero, y otro en el que la “manita” de la dirigencia colorada aparece más que obvia, el del Frente, donde ya algunos seguidores de Oscar Ortiz han comenzado a hablar de imposiciones.

ARENA, finalmente, parece agarrar norte. La llegada de personas como Tony Saca y Carlos Quintanilla disminuye el “chiming” con el que venía este partido. Saca, colega radiodifusor e incansable trabajador, es un hombre de clase media, fiel retrato de que en El Salvador se puede progresar. Carlos Quintanilla es otro salvadoreño bien nacido, profesional esforzado, con una impecable carrera profesional y de servicio público. Ambos, pues, junto a el ex presidente Calderón Sol y al ex director de la PNC Mauricio Sandoval, tienen el reto, no sólo de ganar una candidatura presidencial, sino de hacerlo civilizada y atraumáticamente.

El candidato ganador tendrá el más grande de sus desafíos: despertar las potencias de una derecha con moral baja, que urge de rumbo e ilusión para enfrentar la dura campaña política que se avecina. Luego, el ungido, de ganar la Presidencia tendrá que ser un hombre con la sabiduría necesaria para capitalizar los importantes logros de su antecesor y la entereza para corregir los errores heredados. Un tipo que no tenga miedo de equivocarse y de enmendar.

Que, más que un supermán, sea un gobernante de alto kilataje humano; más que un presidente digital, un compatriota de carne y hueso que se vea, que se sienta, que sea capaz de sembrar esperanza. Un candidato que no se deje robar banderas, que devuelva a los salvadoreños el orgullo de emprender, de prosperar, de trabajar y dar trabajo, de competir y ganar en buena lid. Un ciudadano que tenga las agallas de construir una derecha que responda a las realidades del país.

Si ARENA va a asumir ese rol, conviene que reafirme su marco de ideas y replantee su oferta económica. Que termine de centrar su modelo económico en la persona, dando reglas claras para todos, normando el juego limpio y protegiendo al ciudadano de los abusos que se puedan dar. ARENA ha caminado mucho en este sentido, pero le falta por completar detalles importantes que impriman credibilidad y sentido al modelo. Así como el Estado es incapaz de enderezar todas las fallas del mercado, el mercado por sí mismo no puede resolver todos los problemas sociales.

También en el terreno de las ideas, ARENA debe saber leer los signos de los tiempos. Este partido urge de un líder que lo transforme en una institución política moderna, de pensamiento propio, que sepa defenderse sola. Un partido con ideario que permita a sus miembros funcionar más con la cabeza y menos con el hígado, o con el corazón. Una opción política que, sin dejar de denunciar los totalitarismos, no se escude en ellos para tapar sus propias deficiencias. Una organización con vocación de servicio que jamás traicione su cuadro de valores por intereses particulares. Una derecha así es el mejor antídoto para una izquierda radical.

El país necesita un presidente que, como la gran mayoría de nosotros, jamás haya tenido que tomar un arma para promover sus ideas, que jamás haya exaltado odios contra nadie, que no haya sido portavoz de la violencia. Un presidente de mirada y conciencia limpia, con capacidad de soñar pero sin despegar los pies de la tierra. Un tipo “manos a la obra”, que gobierne sin dogmas, sin traumas y sin complejos.

En el caso de ARENA, ahora le tocará escoger a tres, para luego dejar que sea el partido mismo el que elija al candidato presidencial. Con la salida a la palestra de Saca y Quintanilla, Calderón Sol debería pensárselo veinte veces si continúa por la nominación. Yo sigo pensando que el rol del ex presidente en este proceso siempre ha sido otro y que deponer su precandidatura a tiempo sería la mejor manera de regresar al sitial del que nunca debió salir. Lo demás estará por verse.

*Cirujano dentista y columnista de El Diario de Hoy.

 

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