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Sentido
común
El ungido ARENERO
El
país necesita un presidente que, como la mayoría de
nosotros, jamás haya tenido que tomar un arma para promover
sus ideas, que jamás haya exaltado odios contra nadie.
ARENA reacciona. Elías Antonio Saca y Carlos Quintanilla
se han metido al proceso interno por la candidatura a la Presidencia
de la República, y eso le ha dado un giro interesante al
experimento tricolor. El mutatis mutandis arenero podría
comenzar a funcionar. Por el contrario, el FMLN se ha cerrado y
pudiera estar apunto de tropezar con la misma piedra con la que
tropezó en 1998.
Dos procesos están frente a la opinión pública:
uno que hasta este día se conduce abierto y estable, el arenero,
y otro en el que la manita de la dirigencia colorada
aparece más que obvia, el del Frente, donde ya algunos seguidores
de Oscar Ortiz han comenzado a hablar de imposiciones.
ARENA, finalmente, parece agarrar norte. La llegada de personas
como Tony Saca y Carlos Quintanilla disminuye el chiming
con el que venía este partido. Saca, colega radiodifusor
e incansable trabajador, es un hombre de clase media, fiel retrato
de que en El Salvador se puede progresar. Carlos Quintanilla es
otro salvadoreño bien nacido, profesional esforzado, con
una impecable carrera profesional y de servicio público.
Ambos, pues, junto a el ex presidente Calderón Sol y al ex
director de la PNC Mauricio Sandoval, tienen el reto, no sólo
de ganar una candidatura presidencial, sino de hacerlo civilizada
y atraumáticamente.
El candidato ganador tendrá el más grande de sus desafíos:
despertar las potencias de una derecha con moral baja, que urge
de rumbo e ilusión para enfrentar la dura campaña
política que se avecina. Luego, el ungido, de ganar la Presidencia
tendrá que ser un hombre con la sabiduría necesaria
para capitalizar los importantes logros de su antecesor y la entereza
para corregir los errores heredados. Un tipo que no tenga miedo
de equivocarse y de enmendar.
Que, más que un supermán, sea un gobernante de alto
kilataje humano; más que un presidente digital, un compatriota
de carne y hueso que se vea, que se sienta, que sea capaz de sembrar
esperanza. Un candidato que no se deje robar banderas, que devuelva
a los salvadoreños el orgullo de emprender, de prosperar,
de trabajar y dar trabajo, de competir y ganar en buena lid. Un
ciudadano que tenga las agallas de construir una derecha que responda
a las realidades del país.
Si ARENA va a asumir ese rol, conviene que reafirme su marco de
ideas y replantee su oferta económica. Que termine de centrar
su modelo económico en la persona, dando reglas claras para
todos, normando el juego limpio y protegiendo al ciudadano de los
abusos que se puedan dar. ARENA ha caminado mucho en este sentido,
pero le falta por completar detalles importantes que impriman credibilidad
y sentido al modelo. Así como el Estado es incapaz de enderezar
todas las fallas del mercado, el mercado por sí mismo no
puede resolver todos los problemas sociales.
También en el terreno de las ideas, ARENA debe saber leer
los signos de los tiempos. Este partido urge de un líder
que lo transforme en una institución política moderna,
de pensamiento propio, que sepa defenderse sola. Un partido con
ideario que permita a sus miembros funcionar más con la cabeza
y menos con el hígado, o con el corazón. Una opción
política que, sin dejar de denunciar los totalitarismos,
no se escude en ellos para tapar sus propias deficiencias. Una organización
con vocación de servicio que jamás traicione su cuadro
de valores por intereses particulares. Una derecha así es
el mejor antídoto para una izquierda radical.
El país necesita un presidente que, como la gran mayoría
de nosotros, jamás haya tenido que tomar un arma para promover
sus ideas, que jamás haya exaltado odios contra nadie, que
no haya sido portavoz de la violencia. Un presidente de mirada y
conciencia limpia, con capacidad de soñar pero sin despegar
los pies de la tierra. Un tipo manos a la obra, que
gobierne sin dogmas, sin traumas y sin complejos.
En el caso de ARENA, ahora le tocará escoger a tres, para
luego dejar que sea el partido mismo el que elija al candidato presidencial.
Con la salida a la palestra de Saca y Quintanilla, Calderón
Sol debería pensárselo veinte veces si continúa
por la nominación. Yo sigo pensando que el rol del ex presidente
en este proceso siempre ha sido otro y que deponer su precandidatura
a tiempo sería la mejor manera de regresar al sitial del
que nunca debió salir. Lo demás estará por
verse.
*Cirujano dentista y columnista de El Diario
de Hoy.
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