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Sueños y esperanzas desde un sofá

Un mural de retratos, ubicado en la pared de su casa, recuerda los años donde las fracturas aún no habían dejado secuelas.

Margarita Sánchez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Don René cargó a Anita hasta su casa. El yeso que porta la pequeña desde la cadera hasta las piernas le impide sentarse o hacer otros movimientos. Foto: EDH/Felipe Ayala

Pese al cariño que le tomó a los médicos y enfermeras del Hospital Benjamín Bloom, Ana María añoraba volver a casa.

Una pequeña fiesta de bienvenida, organizada por sus hermanos, le esperaba el pasado viernes en un pequeño apartamento de segunda planta, en el Barrio Modelo.

Cuando llegó a su hogar, el yeso que le fue colocado desde la cintura hasta las piernas no le permitía sentarse. Pero su padre la cargó en brazos, de la misma forma en que la levantó en cada una de sus caídas anteriores.

En la pared, junto al sofá donde descansa, una sencilla página de cuaderno, decorada con lápices de color, dice: “Bienvenida Anita”.
El mensaje fue pintado por su hermano menor, carlos Ernesto, quien no disimula la alegría por el regreso de su hermana.

Las limitantes físicas y las quebraduras en sus huesos no han roto los sueños de Ana María. Estudia séptimo grado en el centro escolar República de Brasil, en la Colonia Costa Rica, donde es una alumna sobresaliente que hace olvidar a sus profesores la enfermedad que padece.

Anita, como le llaman sus amigos, asiste a clase con regularidad y aunque tiene dificultades para desplazarse de un aula a otra, ahí están los brazos de su hermano mayor, René Humberto, para ayudarle.

“Su hermano la carga de una aula para otra en el cambio de clases, ya que la silla de ruedas es demasiado grande para moverse entre las filas de pupitres”, describe su madre.

Carta ganadora


En muchas ocasiones ha tenido que solicitar permiso especial para faltar debido a la incapacidad de sus operaciones o a otras fracturas.

Un sofá, colocado en la sala, será el lugar donde Anita pasará buena parte del tiempo. Foto: EDH/Felipe Ayala

Para los profesores, ella es una niña inteligente y madura para su edad.

La campaña electoral no es ajena para ella y aunque no tiene un partido que la respalde quiere ser algún día Presidente de la República.

En su agenda tiene prioridades como construir asilos, hospitales y escuelas con rampas, “para que los niños que usan sillas de ruedas no tengan problemas”, señala.

Los otros puntos del plan de gobierno también están llenos de buenas intenciones; si se dieran a conocer ya tendría –cualquier partido político– una carta ganadora. Pero, si la carrera a la Presidencia se trunca, la segunda opción es ser médica.

“Quiero curar a los niños, como me curaron a mí”, explica la pequeña de trece años, acostada en ese sofá que va a ser testigo fiel de su vida durante las próximas seis semanas que mantenga el yeso.

Aunque le falta el título, le sobra el corazón y la nobleza.

Los pensamientos de adulto se entremezclan con los sueños de niño.
Aparece entonces el maravilloso mundo de Disneylandia y la patita Deysi y el ratón Mickey, a quienes sólo conoce por los dibujos en los cuadernos y por las caricaturas en la televisión.

Aunque no utilizaría la partida secreta de la Presidencia para viajar al mundo de Disney, Ana María prefiere cerrar los ojos y evocar las imágenes de “Fantasía”, la película de Disney que le da alas a su imaginación.

Anita cree firmemente en quienes dicen que si se desea algo con todo el corazón, esto se cumple.
Pero, mientras espera que sus sueños se hagan realidad, su familia sabe de los cuidados, aún más especiales, que requiere la niña.

Su madre dejó de trabajar hace algunos años para dedicarse por completo a su cuido. La única fuente de ingresos es el salario que como vigilante privado percibe don René Aragón, su padre.

Ahora necesitan una silla de ruedas para niños, para que no tengan que cargarla todo el tiempo y pueda llegar a la escuela con menos maltrato.
El mundo de la familia Aragón ahora gira en torno a Anita, quien tuvo que cambiar de dormitorio, ya que su camarote es incómodo.

El mundo de anita
Un pequeño apartamento se convierte en el castillo donde ella es la Reina. En este reino todos la quieren y obedecen.
- Uno de los cuadro colgados en la pared muestra la imagen de Ana María cuando fue electa reina de las Flores.
- Junto a este retrato, sus padres muestran otros recuerdos de su niñez, que reflejan una niña sana.
- La alegría de su rostro no ha desaparecido de sus fotos más recientes, lo único que cambia es su cuerpo, que muestra las secuelas de las fracturas.
- Una promesa de una silla de ruedas que permita darle movilidad y mejorar su calidad de vida fue dada por la Fundación Sillas de Ruedas.

 

 

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